Olaf Scholz pierde la moción de confianza y abre la vía al adelanto electoral
Después de haber perdido la confianza del Parlamento alemán o Bundestag, la iniciativa pasa al presidente de la República, Frank-Walter Steinmeier, quien debe decidir si disuelve la Cámara Baja. Se espera que se adelanten los comicios generales al 23 de febrero. Los partidos ya han entrado en modo electoral aprovechando el debate parlamentario antes de la votación.

Atreverse al progreso». Así bautizaron el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), el Partido Democrático Liberal (FDP) y los Verdes su pacto de Gobierno suscrito el 8 de diciembre de 2021. Menos de tres años después, el llamado «Gobierno semáforo» se rompió en noviembre cuando el canciller, Olaf Scholz (SPD), echó a su ministro de Hacienda, Christian Lindner (FDP). Se adelantaba así a su socio, quien ya tenía pensado cómo romper el Ejecutivo. Su enemistad quedó de nuevo patente ayer cuando Scholz dijo -sin citar a su exministro por su nombre- que «formar parte de un Gobierno requiere la madurez moral necesaria».
Scholz, que gobierna en minoría con su socio ecologista, Robert Habeck, usó su discurso para hacer campaña. El resto siguió su ejemplo pensando ya en la cita de dentro de 69 días. Por eso, los diputados sentaron la base legal para el adelanto electoral, ya que solo 207 le dieron la confianza mientras la mayoría, 394, se la negaba y 116 se abstenían.
El canciller, ya en funciones, se reunió luego con el presidente, Frank-Walter Steinmeier. Respetando la Ley Fundamental, muy reacia a la disolución del Parlamento y a elecciones anticipadas, el mandatario debe reunirse primero con los líderes de los partidos representados en el Bundestag para ver si se puede salvar la legislatura con otro candidato a canciller. Todos hablan del 23 de febrero como fecha para los comicios generales, por lo que se espera que Steinmeier disuelva la Cámara Baja en los próximos días.
Aunque el Bundestag y el Gobierno siguen siendo operativos, Alemania entra ahora a nivel nacional e internacional en una especie de parálisis.
La crispación patente en el debate emana de la dificultad de formar un futuro Gobierno estable. Los sondeos auguran a la Unión Demócrata Cristiana (CDU) de Friedrich Merz un 31% en intenció de voto. En segunda posición se sitúa la neofascista Alternativa para Alemania (AfD) de Alice Weidel, con entre el 17% y el 20% de las simpatías del electorado. El SPD obtendría el 15%, un punto por delante de los Verdes. El FDP de Lindner podría quedarse fuera del Bundestag si no supera el 5%. Lo mismo le espera a Die Linke (La Izquierda). Su escisión, la Alianza Sahra Wagenknecht (BSW), se mueve entre el 4% y 8%.
Ante este panorama, Merz anuncia que hará campaña para la CDU en solitario, no para ningún bipartito.
LOS DISCURSOS DE TODOS LOS PARTIDOS GIRARON AYER EN TORNO A LOS TRES MAYORES TEMORES DE LA SOCIEDAD,
según el estudio “Lo que preocupa al mundo” de Ipsos: inmigración (44%), inflación (33%) y pobreza e injusticia social (31%).
Por eso, Scholz se enfundó el traje socialdemócrata, prometiendo que bajará el IVA a los alimentos, subirá el salario mínimo a 15€/h y un paquete de medidas para acelerar la economía. Merz, el exbanquero de BlackRock, quiso destacar, en cambio, como el economista serio que confía más en el mercado que en el Estado del bienestar. «Milei y Musk no son mis modelos en cuanto a estilo, pero nos vendría bien una pizca de disrupción, reforma e innovación», tuiteó al respecto Lindner hace dos semanas. Ayer se notó la cercanía de CDU y AfD, ya que ambos quieren expulsar cuanto antes al millón de sirios acogidos en 2015/16. El ministro de Economía, el ecologista Habeck, alabando su política, fue al menos el único que mostró un mínimo de autocrítica al reconocer que hay razones para la mala fama que el tripartito se ha ganado.
Mientras, el SPD impulsa la campaña contra Merz, presentándolo como «el canciller de la guerra y del frío social». En su día, el líder de la CDU atacó a Scholz por no dotar a Ucrania de los misiles de crucero Taurus. Hace poco dio marcha atrás. Este zigzagueo, típico de él, podría ayudar a Scholz a limar las diferencias que aún le separan de su rival.
El denominador común entre ambos es, por ahora, que ninguno se refirió a la política exterior, pese que Alemania se halla internacionalmente más aislada que nunca desde su fundación, en 1949.

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