XOLE ARAMENDI
DONOSTIA

Ricardo Cases muestra su exploración fotográfica por las calles de Donostia

“Los tamarindos de La Concha”, de Ricardo Cases (Orihuela, Alicante, 1971), tiene abiertas sus puertas en Artegunea. El fotógrafo muestra hasta el 2 de marzo de 2025 el resultado de su residencia, prolongada durante tres semanas en Tabakalera. Los tamarindos de la Concha que dan título a la exposición, los paraguas y los sillines de las bicicletas tapadas con plásticos blancos para protegerlos de la lluvia protagonizan la exposición.

Ricardo Cases, junto a la serie protagonizada por los paraguas, que se asemejan a las flores.
Ricardo Cases, junto a la serie protagonizada por los paraguas, que se asemejan a las flores. (Gorka RUBIO | FOKU)

La sala de Kutxa Fundazioa alberga dos proyectos entrelazados creados por Ricardo Cases (Orihuela, Alicante, 1971). El primer piso exhibe las imágenes captadas por el fotógrafo en Donostia -también en Hondarribia, Pasaia y Zarautz- y la segunda plaza acoge el trabajo realizado en València, recogido en el proyecto “El ficus del Parterre”.

Precisamente, Ane Abalde, responsable de exposiciones de Kutxa Fundazioa, le propuso repetir la experiencia llevada a cabo en el Levante en 2018 en tierras vascas. La propuesta cogió por sorpresa a Cases quien, tras las resistencias iniciales -«no estoy acostumbrado a que nadie dirija mi trabajo»-, se sumó encantado al proyecto, que reconoce le ha hecho «muy feliz». «Ha sido un regalo tremendo. De esta manera, el proyecto se convierte en algo vivo», dice, al tiempo que confiesa que es una fórmula con la que le apetece seguir investigando.

Elementos tan dispares como los tamarindos de la Concha que dan título a la exposición, los paraguas -se asemejan a una flor en el instante en el que el viandante lo está cerrando- y los sillines de las bicicletas tapadas con plásticos blancos para protegerlos de la lluvia son el hilo conductor de la muestra.

En total son seis las series correspondientes a València y cinco las elaboradas en Donostia. Reflejan una forma de trabajar diferente a la idea de proyecto fotográfico a largo plazo que Cases ha venido desarrollando durante más de una década para ahondar en los rasgos culturales del Levante rural. Está más cercana a la inmediatez que requería su labor como fotoperiodista en Madrid en sus inicios. «Es una especie de parón, una vía que me permite establecer un diálogo íntimo con mi fotografía, de manera que puedo saber hacia dónde voy como fotógrafo», cuenta.

REACCIÓN EMOCIONAL

«La cercanía, la reacción emocional frente a aquello que encuentra de manera fortuita en el camino, se convierten en su nueva guía», explican al respecto desde Artegunea.

Cases entiende el acto de fotografiar como algo parecido a circunvalar. «El perro da varias vueltas sobre sí antes de tumbarse y coger postura para dormir. Sería algo así», señala.

El fotógrafo abraza lo inesperado y se recrea en cada escena hasta hasta agotar las posibilidades que le ofrece un hecho. Utiliza el flash, recurso que le ayuda también a interpretar las escenas cotidianas saturándolas de luz y transformándolas en figuras blancas.

El fotógrafo, siempre cercano, busca la interacción y se convierte en un ciudadano más; lo único que le diferencia de cualquier vecino es su oficio de observador. Su objetivo no es reflejar la identidad de los habitantes de la ciudad. «Es un nuevo terreno de juego en la búsqueda de la deriva del lenguaje fotográfico. La ciudad como espejo. Trato de buscar asuntos que tienen que ver con lo superficial», cuenta. A veces, una imagen es suficiente para Cases. En otras ocasiones, las fotografías se abren: «Es como si el fotógrafo tomara una pastilla del super optimismo y se volviera loco, tras una imagen aparecen otras muchas fotografías de repente», explica.

La alegría que ha sentido en la capital guipuzcoana se refleja en su trabajo. «Es paradógico, pero al llegar al norte se ha dado una apertura del color en mis fotografías. Es una contradicción, al ser la luz de aquí tan distinta a la del Levante. Allí el color es más contenido, aquí el color es más vivo, refleja el optimismo y la felicidad que he vivido en el proceso».