JAIME IGLESIAS
Elkarrizketa
Ana Lambarri Tellaeche
Cineasta

«Pienso que es muy positivo que las mujeres ejerzamos el egoísmo»

Nacida en Bilbo, atesora una amplia experiencia como directora de casting en cine y televisión. Tras realizar diversos cortometrajes, ahora debuta en el largo con ‘‘Todo lo que no sé’’, una película, según ella, sobre el ‘‘egoísmo femenino’’ que llega a las salas tras su paso por el Festival de Málaga.

(Álex ZEA | FESTIVAL DE MÁLAGA - 39 ESCALONES)

En su ópera prima, Ana Lambarri cuenta la historia de Laura, una treintañera que intenta realizarse profesionalmente de espaldas a su familia retomando el desarrollo de un proyecto informático, mientras es exigida por su familia para cuidar de su padre enfermo y por su novio para estabilizar una relación de pareja. Susana Abaitua protagoniza una historia donde también intervienen Andrés Lima o Ane Gabarain.

El título de su película, «Todo lo que no sé», ya implica toda una declaración de intenciones en la medida en que supone una aceptación de las propias limitaciones por parte de la protagonista.

Sí, y sobre todo habla de la incertidumbre, de todo eso que no podemos controlar, que no sabemos cómo se va a desarrollar y que, muchas veces, nos hace entrar en un estado de ansiedad imaginando otras realidades. Y eso es lo que le pasa a Laura, la protagonista, que va creciendo en la medida en que busca respuestas a esas cuestiones que le generan ansiedad.

Su película es la historia de tres años en la vida de una mujer que se siente permanentemente cuestionada. ¿Piensa que esa es una rémora que siguen arrastrando muchas mujeres a la hora de configurar su propio proyecto de vida?

Creo que es algo que nos pasa a todos, a mujeres y hombres, sobre todo cuando nos acercamos a los 40 y vemos que no hemos cumplido las metas que nos pusimos cuando teníamos 20 años. Pero lo que está claro es que cuando una mujer toma una decisión sobre su vida laboral o personal, todo el mundo opina. Laura, la protagonista, cuando retoma el proyecto en el que había estado trabajando años atrás, no se lo dice a su familia, lo lleva en secreto. Y un día contándoles este argumento a algunas amigas, descubrí que dos de ellas habían hecho algo parecido; una estudió un Master sin comentárselo a su familia y otra hizo unas prácticas y, lo mismo: ¿por qué? Pues un poco para no tener que soportar opiniones ajenas y otro poco por si luego las cosas venían mal dadas, por ese miedo a fracasar y que encima alguien se permita decirte ‘‘¿ves?, te lo advertí’’.

Además, hay algo que usted también refleja en la película y son esas exigencias que pesan sobre toda mujer a la hora de desarrollar sus quehaceres profesionales sin descuidar la que, según la cultura del patriarcado, es su función principal, la de ser cuidadoras.

Eso está ahí, y es un prejuicio que nos va a costar sacarnos de encima porque está muy muy arraigado y tiene que ver con el modo en que se establecen las jerarquías familiares. Entonces, lo que le pasa a Laura, mi protagonista, es que estando soltera, sin hijos y encima con un trabajo que no la ocupa toda la jornada, eso la convierte en la candidata ideal para estar cuidando de su padre enfermo. Pero, ¿qué pasa con las inquietudes de esa persona? Porque no se trata de unos cuidados a corto plazo sino a largo plazo, y el sistema en el que vivimos no está preparado para conciliar de esa manera. Hubo un momento en la escritura del guion en la que me planteé que ella tuviera un hermano en lugar de una hermana, pero no quise meterme en ese discurso. Me apetecía focalizar toda la historia de la película en mujeres para que ese conflicto fuera por jerarquías y no por género. La hermana de Laura comparte cuidados pero al tener hijos y un trabajo, por así decirlo, más serio, siente que eso la exime más de tener que estar todo el tiempo encima de sus padres.

Usted ha definido su película como una historia sobre el egoísmo femenino. ¿Por qué?

Cuando las mujeres ejercemos el egoísmo, pienso que es algo muy positivo, y, si conseguimos liberarnos de la culpa, resulta incluso empoderante para nosotras. Por eso diferencio entre egoísmo masculino y egoísmo femenino. Yo cuando hablo con amigos me doy cuenta de que ellos no piden permiso para hacer las cosas. Es más: no se plantean que tengan que pedir permiso. Ellos pisan y caminan. Las mujeres, por el contrario, cuando hacemos las cosas sin pedir permiso, lo hacemos casi como un acto de rebeldía. Por eso te digo que ese egoísmo puede ser muy positivo.

Luego hay otro tema que usted aborda en la película y es el modo en el que las mujeres, para lograr reconocimiento en su trabajo, están abocadas a copiar patrones masculinos, en concreto ese egoísmo masculino del que habla…

El tema es que se nos exige realizarnos de acuerdo al sistema establecido y el sistema establecido es un sistema patriarcal. Es como lo de alcanzar el éxito siendo joven. Yo he intentado hacer las cosas de una manera un poco más independiente. Después de estudiar cine en Madrid y colocarme como directora de casting, hubo un momento en el que me dije a mí misma ‘‘voy a dejar de correr’’. He llegado a rodar esta película, que es mi ópera prima, con 40 años, pero lo importante es que he llegado a donde quería y lo he hecho a mi ritmo. Pero sí, esos patrones que comentas están ahí y creo que son perjudiciales tanto para hombres como para mujeres, porque el precio al final es la salud mental.

La protagonista de su película trabaja como desarrolladora de programas informáticos, un sector muy masculinizado. No sé si ve analogías entre el perfil profesional de Laura y su propia labor como cineasta.

Sí, de hecho me apetecía explorar justamente el sobreesfuerzo que ha de hacer una mujer para destacar profesionalmente en un mundo muy masculinizado. Por eso elegí ese mundo, también porque quería ubicar a Laura en un ámbito alejado del mío, aunque luego descubrí que hay muchas semejanzas con el modo en que desarrollamos los proyectos de cine. El desarrollo de un programa informático o de una película demanda, de entrada, una fuerte inversión y, luego, con tu trabajo debes defender esa inversión y atraer más financiaciones.

Quizá ese moverse en mundos muy masculinizados es lo que hace que Laura tenga dificultad para expresar sus emociones.

Ella tiene conductas que normalmente corresponden a una cierta idea de masculinidad, como el modo en que se relaciona con su pareja o esa dificultad para expresar sentimientos que tiene. Pero también hay muchas mujeres que podemos llegar a ser así porque mostrarse vulnerable todo el tiempo es abrir una puerta a que te hagan daño.

¿Diría que «Todo lo que no sé» es una película sobre la incomunicación?

Más bien creo que es una película sobre la mala comunicación. Para mí uno de los problemas básicos que tenemos como sociedad es la comunicación, porque si dejamos de comunicarnos entre nosotros al final perdemos sentido de pertenencia a una comunidad. Estamos generando una sociedad demasiado individualista y eso no nos hace ningún bien. Y es justamente ese intento de defendernos, de ocultar nuestra vulnerabilidad, el que nos lleva cada vez más a aislarnos.

¿Cree que tendemos a empatizar más con un personaje por sus debilidades antes que por sus fortalezas?

En películas de carácter intimista sí, desde luego. Nos gusta ver esa parte vulnerable y el hecho de que Laura, mi protagonista, sea tan incorrecta en muchas cosas resulta perturbador, pero creo que eso es positivo. Sobre todo porque estamos perturbando desde la naturalidad, no desde una voluntad de transgresión.

Ha contado con un reparto de lujo liderado por una Susana Abaitua que prácticamente lleva todo el peso de la película. ¿Cómo fue el proceso de dirección de actores?

Me empeñé en reunir a un grupo de actores y actrices con experiencia teatral y con mucho bagaje, y la verdad es que tuve mucha suerte porque muchas de nuestras primeras opciones nos dieron el sí de inmediato. Y mientras ensayábamos me di cuenta de que muchos de ellos, como Ane Gabarain y Andrés Lima, ya se conocían, y eso fue maravilloso. Todos están muy acostumbrados a hacer procesos de desarrollo escénico en teatro y eso lo fuimos aplicando al ensayar, se fueron cambiando diálogos, transformando escenas… Por eso su trabajo es tan orgánico, había un empeño por darle una tonalidad muy independiente.