Raimundo FITERO
DE REOJO

Nunca digas nunca

La diplomacia básica del diplodocus erectus se basa en parafrasear el título de una película. Y cuando el primer ministro canadiense le espetó en su cara que «Canadá nunca estará en venta», el hombre anaranjado le contestó «nunca digas nunca». Me gustaba más lo de nunca digas nunca jamás. Es mucho más rotundo. Pero dadas las circunstancias, en el despacho oval, con una tensión sobrecargada, el candidato que llegó al puesto en las últimas elecciones debido a las declaraciones de Trump, podemos aplicar el lema a muchas de las circunstancias en las que estamos inmersos.

Como quien no quiere darse importancia, dos países con un arsenal atómico considerable como son Pakistán e India, han abierto beligerancias armadas debido a la eterna disputa sobre Cachemira. Un conflicto durmiente que despierta con bastante agresividad y que lo vemos desde una distancia geográfica y cultural bastante difícil de provocarnos sentimientos de importancia en nuestra cotidianeidad, pero India es el país más poblado del mundo, y además de esas estampas turísticas y marcadamente xenófobas con sus tópicos, es una economía bastante engrasada, con una industria relevante y una capacidad en sectores digitales de vital trascendencia, como que los famosos iPhone se están montando allí mientras se soluciona la guerra de aranceles con China, que está cerca.

Así que nunca digas nunca veremos una guerra nuclear, ni un nuevo foco de esta extraña tercera guerra mundial en esa parte de Asia donde viven tantos miles de millones de seres humanos provocando angustia generalizada.