Noemí Jabois
EFE
EL INFIERNO EN GAZA INCENDIA ORIENTE MEDIO

Medio año después del alto el fuego, el sur de Líbano sigue arrasado

Seis meses después del alto el fuego en Líbano, el 80% de las áreas golpeadas por la agresión israelí siguen en situación «precaria» y muchas carecen de infraestructuras básicas, mientras se esperan más recortes de financiación a partir de este mismo verano, según Acción contra el Hambre. La localidad de Yaroun, en el sur del país, es un desgraciado y paradigmático ejemplo.

Bombardeo israelí en Brital.
Bombardeo israelí en Brital. (Taher ABU HAMDAN | EUROPA PRESS)

Al cumplirse los seis meses del alto el fuego firmado por Israel y por el Gobierno libanés el 27 de noviembre de 2024, la coordinadora de Acción contra el Hambre en Líbano, Sonia Ben Salem, denuncia que solo el 20% de las zonas afectadas están «más o menos en fase de recuperación».

Unas 90.000 personas continúan desplazadas frente a los más de un millón contabilizados durante el punto álgido, pero muchísimos más siguen fuera de sus hogares, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

«Escuchamos que las familias han estado volviendo a sus casas, no es cierto. La gran mayoría está regresando a sus regiones, pero no a sus casas, estas todavía están destruidas», denuncia Ben Salem.

La gente «abre sus casas» menos dañadas a otras familias y comparten techo para que los más afectados puedan ir abordando la rehabilitación de sus hogares». «La situación de la mitad de la gente previamente desplazada es aún muy precaria», mantiene la trabajadora humanitaria.

INFRAESTRUCTURAS

En el devastado sur del país, la economía está completamente destruida, la mayoría de las familias no tienen trabajo e infraestructuras tan básicas como el agua corriente o los centros sanitarios están todavía inutilizables. Acción contra el Hambre mantiene su distribución básica de agua o kits de higiene y sus unidades médicas móviles tratan de ayudar a cubrir la brecha dejada por el cierre de hospitales y la escasez de servicios.

«Con el tiempo, esperamos poder identificar las fuentes de agua e incluso de otras infraestructuras que pueda ser rehabilitada, pero necesitará mucho tiempo y dinero». En el caso del agua, ni siquiera se sabe si los daños afectan también a las fuentes subterráneas y es posible que haya que descontaminarlas. «Hablamos de miles de millones de dólares y estamos en un país que acaba de salir de una crisis económica», recuerda Ben Salem.

FINANCIACIÓN INSUFICIENTE

Muchos vecinos del sur de Líbano dependían de la agricultura y ahora se ven obligados a comprar la comida, después de que granjas y tierras de cultivo quedaran destruidas.

A Ben Salem le preocupa la salud mental de los agricultores que dedicaron «años y años de trabajo» y que ahora no saben ni por dónde empezar, pero también la de los muchos menores con síntomas de depresión o estrés postraumático. «El estrés de la guerra aún está presente» entre la población y la continuación de los ataques israelíes no hace más que enfatizar el problema. «Cada vez que oyen un avión o un helicóptero... basta que una puerta se cierre un poco más fuerte y entran en pánico», comenta.

Acción contra el Hambre insiste a la comunidad de donantes que la implementación de un alto el fuego no significa que la situación haya vuelto a la normalidad.

Antes de la guerra ya se estaba registrando una bajada en la financiación para Líbano.

«La segunda parte del año va a ser muy complicada, esperamos un montón de recortes de agosto en adelante», concluye Ben Salem.

El Banco Mundial (BM) estima que la reconstrucción de Líbano costará unos 11.000 millones de dólares, cuantía que el Estado libanés no está en posición de asumir y que la comunidad de donantes aún no ha cubierto.



Yaroun, un pueblo en ruinas

La localidad libanesa de Yaroun todavía espera en ruinas a ser reconstruida pasados seis meses de la entrada en vigor del alto el fuego y más de tres desde que las tropas israelíes la abandonaran tras arrasar su mezquita, iglesia y viviendas.

Solo un par de excavadoras trabajan sobre la larga hilera de escombros y el capataz explica que por ahora están comenzando a desescombrar. Preguntado por cuánto tiempo cree que les llevará completar la obra su respuesta es automática: «Dios sabe (...) Tiene que haber dinero, espero que llegue ayuda internacional de países como Arabia Saudí para ayudar a esta gente».

Jaffar (nombre ficticio) había terminado de construir su casa a la entrada de Yaroun en 2023, el mismo año en que estalló el conflicto entre Israel y el grupo chií Hizbulah. Habiendo invertido un lustro y medio millón de dólares para levantarla, todo lo que tiene hoy es una montaña de escombros.

Como casi todos los vecinos de este pueblo con población mixta chií y cristiana, viene durante el día para trabajar en su «finquita», pero todavía reside en la costa.

Yaroun es una de las localidades más meridionales que fueron arrasadas. Pero, en su caso, comenta el alcalde, Riyad Ahmad al Rida, lo fue tras el cese de hostilidades, que estipulaba un periodo de dos meses para la salida de las fuerzas israelíes y que acabó extendiéndose ante su negativa a abandonar ciertas aldeas.

«Cuando hicieron el tratado, el Gobierno lo hizo mal y en los (primeros) 78 días de cese el fuego llegó la destrucción del pueblo», critica. «Israel no pudo entrar 300 metros en el pueblo en el tiempo de guerra, entraron después», insiste, para añadir que Beirut no manda dinero. «Hay otra parte que quiere dar la plata, pero el Gobierno no quiere recibir plata de ahí», critica en perfecto español aprendido en Colombia. Habla de Irán.N.J.