Daniel GALVALIZI
Elkarrizketa
Juan Navarro
Periodista, autor de “Los rescoldos de la Culebra”

«Si se hubiera atendido a lo de 2022, no estaría pasando esto ahora»

El periodista Juan Navarro García, autor de un libro sobre el fuego en Zamora hace ahora tres años, explica las lecciones que dejó aquella tragedia y detalla el cóctel letal que ha provocado el actual récord de incendios: falta de recursos para su prevención, la despoblación y el escaso control sobre los montes privados.

(@Juan13Navarro - Miguel RIOPA | FOKU)

En un paréntesis en su cobertura sobre el terreno, Juan Navarro habla con GARA sobre la tragedia de la que está siendo testigo preferente: los feroces incendios en León y Zamora. Sumados a lo que están asolando Galiza o Extremadura, en solo dos semanas han ardido más de 300.000 hectáreas en el Estado español, provocando millonarios daños materiales, cuatro víctimas mortales y el desalojo de cerca de 34.000 personas desalojadas. Hasta el punto de que el Gobierno español, por boca de su presidente, Pedro Sánchez, anunció ayer mismo la declaración de zona de emergencia para las áreas afectadas.

El combo es mortífero: en un agosto impiadoso, con una de las olas de calor -en el centro y sur peninsular- más largas desde que hay registros, según Aemet, los fuegos se han cebado con el oeste del Estado en un año que se ubica en el más catastrófico en cuatro décadas según el sistema de vigilancia de satélite Copernicus, que cifra en 380.000 hectáreas la superficie total quemada en lo que va de 2025.

Navarro ha escrito “Los rescoldos de la Culebra” (Ed. del KO, 2024), una crónica desde la primera línea de fuego de los incendios que azotaron el noroeste zamorano en 2022 y que dejaron cuatro víctimas mortales y la quema del 6% del territorio provincial (una superficie equivalente a la ciudad de Madrid). En ese trabajo de campo habló con bomberos, afectados directos, voluntarios y hasta con un grupo de psicólogas que dio asistencia a los que lucharon contra el fuego y quedaron con secuelas emocionales.

«SIENTO QUE SE REPITE LA HISTORIA»

El libro se nutre de las crónicas que fue completando entonces. «Fui percibiendo cuáles eran las claves y vi que había que hacer un desarrollo más amplio. Volví al lugar más de un año después para hablar con las personas, recoger más testimonios y obtener más información. Pude ver el lío, la acción en sí misma, los bomberos totalmente desbordados, la gente ayudando como podía... y, tiempo después, las consecuencias», explica a este diario desde Valladolid, donde reside, aunque por estos días circula por León y Zamora.

Los de 2022 fueron en realidad dos incendios, «uno en junio y otro en julio, pero en la misma zona, por lo que se pueden entender como un gran incendio», recuerda. «Si se le hubiera prestado la justa atención, seguramente no estaríamos viviendo esto ahora, sin duda. Se podría haber hecho un mejor trabajo de prevención y tomado nota de lo de 2022. No se iban a eliminar de un plumazo los incendios pero hubiera hecho que todo estuviera mejor acondicionado, con mejores métodos de atención. Siento que ahora se repite la historia, ¿cómo va a cambiar algo si las políticas siguen siendo las mismas?».

VOLUNTAD POLÍTICA Y DESPOBLACIÓN

Preguntado por la lección que le dejó aquella experiencia de hace tres años, señala que, sin duda, «no hay medios suficientes, no hay inversiones en bomberos ni en dispositivos eficientes».

Y añade: «¿Pueden evitarse los incendios? No, pero sí resolverse mejor. No hay vocación política de hacerlo y se une al problema de la despoblación. Son territorios abandonados con muchos campos sin estar trabajados, hay poco músculo social, personas mayores abandonadas, con malas infraestructuras. Ese es el sentimiento general que tienen allí cuando se les pregunta: abandono».

Según un informe de la Ser que cita fuentes del Ministerio español de Transición Ecológica, de las comunidades autónomas y de la Asociación Nacional de Empresas Forestales (Asemfo), la inversión pública en prevención de incendios se ha desplomado un 51%.

Sobre si el problema es de financiación, de mala gestión o de ambos, Navarro aboga por la última opción: «Cuanto más recursos, sería mejor para todos, y los recursos que hay no están bien administrados. Yo he visto estos días bomberos inactivos y hay bomberos con muchísimo trabajo, desbordados. Es un absurdo. Y en Zamora he presenciado algo muy parecido, con bomberos que no dan de sí y no les llega comida». «Y también hay desidia en la gestión -prosigue-, en pueblos con poca población que son poco rentables electoralmente. Por arrastre, se deja estar, se asume que está amortizado, que no compensa hacerlo».

Estos fuegos feroces dejan secuelas más allá de las pérdidas materiales y las víctimas. Navarro entrevistó a un grupo de psicólogas voluntarias que trataron con los bomberos que sufrieron situaciones muy complicadas en Zamora: «Vieron morir compañeros, estuvieron desbordados y es un mundo muy masculino, cerrado a las emociones. Las psicólogas intentaron ayudar para que se pudieran desatascar y atendían a unos 20 bomberos que decían sufrir angustia, pesadillas, sentimientos de culpabilidad y sensación de frustración».

La Junta de Castilla y León, que, como el resto de comunidades, tiene las competencias en el combate y prevención del fuego, tampoco estuvo a la altura. Con respecto a lo ocurrido hace tres años en Zamora, recuerda Navarro que el Gobierno de Alfonso Fernández Mañueco (PP) «prometió dinero y recursos y algo hubo, pero no ha llegado ni a todo el mundo ni son sustanciales, no hacen la diferencia. Fue todo muy estético».

De aquellos días tiene recuerdos estremecedores, de ver ancianos llorar, de gente joven diciendo que no había futuro, de personas que vivían de la sierra y que ya no veían medio de manutención, y «muchos diciendo lo mismo, mayores o jóvenes, profesionales formados o gente común: repetían que esto ellos sabían que iba a suceder, que era evidente y previsible, por las sequías, por el abandono y por los escasos recursos de los bomberos forestales».

LA BRECHA ENTRE LA CIUDAD Y EL CAMPO

Azuzada por la ultraderecha y los negacionistas climáticos, en redes sociales y por parte de algunos dirigentes políticos irrumpe en el debate público la noción de si lo sucedido no tiene que ver con las regulaciones de la Agenda Verde europea y lo que ellos llaman un «fanatismo climático», de excesiva regulación. Preguntado al respecto, Navarro dice que «ese debate es un poco complicado».

«Hay una queja general y que suele ser acertada -prosigue-, que es que para poder cortar una rama y todo eso hay que pedir mucho papeleo. Sí, eso es verdad, pero ese escenario está un poco exagerado. Existe una brecha enorme a partir de lo que se decide sobre el campo en la ciudad; la gente del campo se queja de que la gente que decide en un lugar con moqueta no entiende la situación y acaba habiendo desafección con las instituciones. Muchos pueblos se han visto afectados por el fuego porque no están reforzados. Alrededor del núcleo debería haber protecciones, deberían estar limpios, pero son terrenos privados la mayoría, así que acaba dependiendo de cada uno».

En ese sentido, enfatiza que son los ayuntamientos los que tienen competencias para exigir que se limpien los montes. «Pero no se hace por dejadez, por no meterse en problemas. Hay parcelas limpias y sucias, y si hay un incendio salta de la que está más dejada a la que está bien», subraya.

En solo 13 días ha ardido en el Estado español más que todo lo que se quemó en 2022, que ya estaba considerado como el peor año desde 1994. Por ello, 2025 se perfila como el peor en las últimas décadas. En estos días ha ardido una superficie del tamaño de Bizkaia. Aquel infierno de la Sierra de la Culebra, que muchos deseaban no volver a ver, desgraciadamente ya se ha quedado corto respecto al actual.