Raimundo FITERO
DE REOJO

El ridículo en nivel premium

No es un concepto lineal, pues cada cual entiende dónde coloca el umbral del ridículo en su proceder, sea por voluntad, ignorancia, intereses o forzado por las circunstancias. En parlamentos, escaños, tribunas, platós, estudios radiofónicos o redacciones periodísticas podemos detectar una escala de ridiculez la mayoría de las veces a base de insuficiencias deductivas y del siempre peligroso pie forzado de las consignas y argumentarios partidistas.

Pero seguro que cada individuo es capaz de establecer su lista de afección del ridículo, tanto a nivel propio como al ver actuaciones de los demás, especialmente cuando tienen notoriedad pública por la razón que sea. No sería extraño que algunos socios y forofos del Real Madrid pidieran la hoja de reclamaciones debido al ridículo que está haciendo su equipo debido al ridículo acumulado del ser superior que lo maneja como si fuera su cortijo: Florentino Pérez, seguro buen amigo de Julio Iglesias, que fue portero de ese equipo antes que baladista melifluo.

No obstante, la expresión Premium del ridículo global lo ha hecho en la Casa Blanca la repudiada María Corina Machado que, además de entrar casi de tapadillo como si fuera a llevar un paquete, sin ser recibida con honores por nadie, le entregó públicamente la medalla del Premio Nobel de la Paz a Trump. No hay más ridículo internacional ni sideral. Imposible superar esta imagen que deteriora todo. El Nobel de la Paz tiene el valor relativo de un souvenir de aeropuerto. Con este ridículo premium parece haber sellado vitaliciamente su incapacidad para llegar al poder en Venezuela de la mano del emperador.