El infinito mundo de las parafilias
Seguimos en nuestra transformación submarina, sin objeción, quizás solicitando mesura en los rezos y procesiones porque parecen existir recursos hídricos para unos cuantos meses. Llega otra borrasca que va encadenada a las anteriores y a la que le seguirán más. De lo que más sorprende es de lo que está sucediendo en algunas costas, con derrumbes que provocan la desconstrucción de urbanizaciones a pie de playa. Una lucha entre la naturaleza y el urbanismo depredador. Y nos falta que el deshielo ártico se convierta en algo más importante que un reportaje televisivo de nuevas rutas navegables.
Por eso, y por tantas voces oscuras con ese individuo impresentable al que llaman Feijóo, que estuvo marcando paquete de ignorancia y malos modos en sede parlamentaria trayendo como un ahogado a ETA, lo que demuestra su incapacidad, nos acercaremos a una noticia que nos ha ido acompañando en una esquina. Y no me refiero al trato de la familia Aznar con el pedófilo Epstein, sino a algo más sugerente para reflexionar en otro ámbito político.
Entró de urgencias en un hospital de Toulouse un joven de 24 años con un fuerte dolor anal. Se dispusieron a intervenirle y le encontraron un miniobús de la primera guerra mundial de veinte centímetros de largo y tres de diámetro. Al ver el objeto llamaron a los artificieros por si acaso y siguieron operando. Pero en el relato de la noticia se nos informa de que, no hace tanto, se intervino en Toulon a un hombre de 88 años con otro obús en el mismo lugar. Sucedió algo similar en el Reino Unido. Parafilias militares de entreguerras.

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