Muere Peter O'Toole, el mítico Lawrence de Arabia del cine
El actor irlandés Peter O'Toole, convertido en un mito del cine por su interpretación de Lawrence de Arabia en la película de 1962, falleció el pasado sábado a los 81 años de edad en Londres tras una larga enfermedad. Pero era algo más que un actor unido a un solo papel.

Peter O'Toole superó un cáncer de estómago en la década de 1970 y había anunciado el año pasado que dejaba de actuar. «Dejo la profesión sin una lágrima y con un adiós muy agradecido», dijo entonces. Recordó además que su carrera sobre los escenarios y en la gran pantalla le había llenado «emocional y económicamente» y que había sufrido «la suerte inevitable de todos los actores: éxitos y fracasos».
O'Toole formó parte de una nueva hornada de actores de Hollywood con nuevas costumbres. «Nos anticipamos a los 60. Yo, (Richard) Burton o Richard Harris hacíamos en público lo que los demás hacían entonces en privado y ahora es parte del espectáculo. Bebíamos en público sabíamos lo que era la maría», declaró en una ocasión.
El actor pasará a la historia del cine por su versatilidad, sus magnéticos ojos azules y su magistral interpretación del coronel T.E. Lawrence en «Lawrence de Arabia» (1962). De personalidad extrovertida y alegre pero también díscolo y combativo, era hijo de padre irlandés y madre escocesa, y su fecha y lugar de nacimiento siempre han estado rodeados de una cierta imprecisión, y si bien algunas fuentes aseguran que nació en Connemara (Irlanda), para otros es oriundo de Leeds (norte de Inglaterra). Frente a esa ambigüedad, el propio O'Toole aceptaba como fecha válida de su nacimiento el 2 de agosto de 1932.
Su versatilidad y talento natural para meterse en la piel de personajes especialmente complejos es ampliamente reconocido. Sin embargo, O'Toole pasará a la historia por su colosal interpretación del controvertido coronel británico T.E. Lawrence en «Lawrence de Arabia» (1962), la obra maestra de David Lean, donde regaló una de las mejores interpretaciones que se han visto en la gran pantalla. La magia interpretativa que derrochó O'Toole dando vida al polémico héroe inglés que luchó en el frente turco en la I Guerra Mundial sobrepasó las expectativas, teniendo en cuenta que su elección llegó un poco de rebote, después de que Marlon Brando y Albert Finney hubieran rechazado ese papel.
El filme, un alegato anticolonialista, ganó siete Óscar -si bien fue Gregory Peck el que se llevó el de mejor actor por «Matar un ruiseñor»- y continúa hoy siendo uno de los grandes clásicos de la historia del cine. El Óscar se le resistió en ocho ocasiones. En 2003, llegó a plantearse rechazar el premio honorífico de la Academia a toda su carrera pues aún sentía que podía lograrlo en competición.
Fuera del universo interpretativo, O'Toole maltrató su salud con una confesa adicción al alcohol y esa dependencia del whisky le situó en 1976 al borde de la muerte, cuando le tuvieron que extirpar parte del estómago y el intestino. Como resultado de esos avatares, su páncreas resultó gravemente dañado y pasó a depender de la insulina. Entre otros tropezones de salud con los que tuvo que lidiar, también sufrió una enfermedad en la sangre de la que posteriormente se recuperaría.
En 1979, cuando parecía que su carrera había perdido fuelle, participó en «Calígula», con Malcolm McDowell y Helen Mirren, y volvió a implicarse en otros proyectos comerciales hasta que «El último emperador», de Bernardo Bertolucci, y «Troya» le devolvieron de nuevo a la primera línea interpretativa.

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