Situados dos escalones por debajo
Los gasteiztarras aguantaron dos cuartos. El acierto en el triple y la defensa madridista rompieron el duelo. Scariolo fue expulsado.

LABORAL KUTXA BASKONIA 74
REAL MADRID 90
Nadie le puede negar a Laboral Kutxa Baskonia que lo intenta, sobre todo cuando su público así se lo exige y lo espolea. Sin embargo, un Real Madrid que apretó poco más de lo justo evidenció el par de escalones de diferencia que existen a día de hoy entre un equipo y otro. Sea por presupuesto, por las ausencias locales o por el acierto visitante con sus fichajes, pero lo cierto es que la derrota de ayer no sirve de sonrojo para los gasteiztarras, sino de resignada evidencia de que esto es lo que hay.
La primera mitad tuvo un nombre: Sergi Llull. El escolta de Mahón clavó hasta cinco triples, aprovechándose de una debilidad defensiva que es un mal endémico de este Laboral Kutxa Baskonia. Lo cierto es que los gasteiztarras, heridos en su amor propio tras la debacle de Estambul, aguantaban el primer envite a base de corazón, ante todo por una grada bien llena y que quería ver a sus muchachos dándolo todo, y con una versión de San Emeterio aseada.
También es verdad que el Real Madrid, aparte del acierto de Llull, no mostraba un instinto tan depredador como en otras ocasiones. Pablo Laso dio minutos a Dani Díez y Mejri, y, por contra, daba bastante descanso a Mirotic -que acumuló dos faltas con rapidez- o Rudy Fernández. Los baskonistas llegaban a empatar a 30 mediado el segundo período tras un matazo de Hanga cortando la zona por la mitad y el Buesa Arena creía. El consiguiente arreón de Llull y Mejri, bien asistido por Sergio Rodríguez, establecía un parcial de 2-12, solo cortado por un 5-0 que llegaba de la mano de Pleiss y San Emeterio para terminar la primera mitad 37-42.
Expulsión por impotencia
Un parcial de 3-11, en el que Rudy Fernández se unió a la fiesta anotadora de Llull, fue el preludio de la quiebra definitiva del duelo. Los gasteiztarras querían, pero sumaban pérdida tras pérdida ante una mejorada defensa del Real Madrid.
La renta de los de Pablo Laso se abría hasta los 18 puntos, 44-62, cuando después de una falta a Draper Scariolo no pudo más y armó una bonita tangana con los árbitros. Estos, incapaces de meter en vereda al de Brescia, decidieron pitarle dos técnicas casi seguidas, provocando su expulsión de la cancha, dejando a Ibon Navarro solo ante el peligro por segunda vez en lo que va de temporada.
Curiosamente, esa acción hizo reaccionar al Laboral Kutxa Baskonia, que se puso a 12 tras un triple de Causeur y varios errores de un Mirotic muy apagado. La entrada de Sergio Rodríguez en el parqué y la fuerte presión sobre el balón de los de Pablo Laso abrió la brecha hasta el 50-68 del final del tercer período.
Más que creer, había que querer, aunque solo fuera para incordiar la enésima victoria merengue. Y en esa tarea se puso Ilimane Diop, capaz de sacar de sus casillas a Felipe Reyes con su habitual agresividad -algún día recibirá un buen mandoble, pero da gusto verle pegarse contra todos, y además le clavó un par de mates a Mejri-. Asimismo, Walter Hodge, quizá en vísperas de irse a la Virtus Roma, demostró que la verticalidad y la falta de complejos van con él. En resumen, se perdió por inferioridad, pero no por desidia.
Scariolo: «Tenemos que acordarnos de lo bien que jugábamos a baloncesto»
«Esta vez hemos competido», sentenciaba Sergio Scariolo que, tras desgranar el partido y declararse perplejo por la expulsión arbitral, abogaba por «recuperar el ánimo» de cara a los próximos duelos.
«Tenemos que acordarnos de lo bien que jugábamos a baloncesto. Durante semanas toda Europa nos admiraba no solo por ganar a grandes equipos, sino por cómo jugábamos. Eso nos tiene que dar un poco más de optimismo. Hemos jugado un gran partido de Copa muy mermados hace poco... Es obvio que debemos fortalecernos; el club está trabajando para ello. Pero razones para creer, tenemos», dijo.
En opinión del técnico baskonista, «en la primera parte hemos podido llevar a cabo nuestro plan de partido. Sin gran acierto, pero también hemos hecho cosas buenas. Luego ha habido un momento de gran acierto de ellos y nosotros hemos tenido una racha de fallos. Eso ha abierto esa brecha de 13 o 14 puntos, y ha entrado el desánimo, que es un enemigo contra el que tenemos que luchar».
«Con gente de 18-19 años, con sus primeras experiencias duras, es normal agachar la cabeza, pero hay que apretar los dientes y no resignarse a nada», dictaminó.
Por último, elogió la profesionalidad de Poeta, pero puso en solfa tanto su continuidad como la marcha de Hodge tras la lesión del base italiano. «Poeta me temo que se ha lesionado, pero ha dado un ejemplo a sus compañeros: pundonor, orgullo, esfuerzo... arriesgando físicamente y con un contrato temporal. Llevando su compromiso al extremo. Los más jóvenes deben aprender de él, ahora que han visto cuál es la actitud correcta», culminó. A. G.

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