Fausto y godot son revisitados por sendas obras en pabellón 6
Fausto y Godot, dos notables de la literatura clásica occidental, han recalado en la ría del Ibaizabal, en la ribera de Deustua, para vestir los nuevos ropajes que Galder Pérez y Pablo Ibarluzea han diseñado para ellos. A su lado, con llantos y risas por medio, repensaremos nuestra cotidianeidad, el absurdo de nuestra existencia.

Los pasados 21 y 22 de febrero, Pabellón 6 (Ribera de Deusto, 47) acogió el estreno de dos obras de teatro: «Godot» y «Fausto, ciudadano ejemplar». Dirigidos por Pablo Ibarluzea y Galder Pérez, ambos espectáculos proponen revisitar estos clásicos y los temas, eternos y universales, que los animan.
Animados por la buena acogida que el público les tributó, tanto Fausto como Godot han decidido seguir entre nosotros unas cuantas semanas más: hoy, mañana y pasado, a las 20.00, el telón se levantará para dar paso a «Godot». El fin de semana próximo, el escenario recibirá también a «Fausto, ciudadano ejemplar».
Las dos obras estarán en cartel hasta fines de marzo: así, quien quiera disfrutar de ellas bien hará en consultar la web www.pabellon6.org donde encontrará todas las fechas y horarios.
El poder y el absurdo
Galder Pérez llevaba tiempo con ganas de trabajar Fausto, así que no dudó en aceptar el ofrecimiento de Pabellón 6 -«un espacio libre de creadores»- para revisitar el mito partiendo del texto escrito por Christopher Marlowe en el siglo XVI: «Hemos querido adaptar el mito, el personaje de Fausto a la actualidad. En este caso, vende su alma a un nuevo diablo: la democracia. Aquí, Fausto se embarca en una carrera, la carrera del bienestar, del éxito... Es, en definitiva, un viaje de Fausto en busca de poder y superioridad».
La construcción de una nueva embarcación para el personaje es un reto que Galder explica: «Hemos intentado trabajar diferentes disciplinas artísticas juntas: la música, con los dj Patrol Destroyer en escena; el hip-hop, en directo, la poesía urbana; el trabajo actoral; y el texto. Es una fusión de música, palabra, cuerpo e imágenes».
Para el director y actor deustuarra, «el mayor reto ha sido fusionar todas esas disciplinas de una manera armónica, crear el equipo y que este se entienda. Podríamos decir que hemos formado una comunidad que no existe en la calle, una comunidad utópica en escena».
Pablo Ibarluzea, satisfecho con el «entusiasmo» con que su «Godot» fue recibido tenía claro que quería hacer una «gamberrada». «Godot» para él, «es un clásico con demasiados iconos (el árbol, los bombines) que le aprietan demasiado. Por eso me acerqué al texto de Samuel Beckett con una actitud canalla y lúdica. No necesitamos inventar nada porque el texto ya contiene el suficiente absurdo. Tirando de hilos que este propone, encontramos nuestra versión. El texto dice las cosas que debe decir y no nos hemos esforzado por introducir ningún mensaje. Es suficiente que el público pase un buen rato con la obra».
La escenografía y la puesta en escena llevan la marca de Ibarluzea: «Siempre trabajo con espacios lo más vacíos posible, tratando de eliminar toda escenografía. Cuando me enfrento a un texto lo hago pensando en actores; prefiero ver cómo y a qué juegan los actores y si hay algo que les ayude, se pone, pero no obligatoriamente y que el actor quede como esclavo de la escenografía».
El árbol y los bombines de la escenografía clásica no aparecen en el montaje de Ibarluzea: «La base del texto son dos personajes que están constantemente buscando juegos para evadirse y el texto da mucho juego, como para que el árbol mismo se convierta en otro de sus juegos».
Con el vestuario, sin embargo, sí hay sorpresas: «El vestuario que se aleja muchísimo de la clásica puesta en escena de los bombines; aquí sí que nos hemos permitido muchas libertades».

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