La triste despedida del maestro de la animación japonesa

El onceavo largometraje de Hayao Miyazaki no es uno más en su carrera, porque «Kaze tachinu» tiene el valor especial de ser su película de despedida de la animación, una obra testamentaria que como tal hay que recibirla. No se puede evitar un sentimiento de tristeza al verla, más aún cuando se trata de su creación más personal y nostálgica, con la que repasa las obsesiones y sueños que guiaron su vida de cineasta y fundador de los estudios Ghibli, que tantas maravillas han brindado al género, y seguirán proporcionando ahora ya con el maestro como asesor y, por tanto, apartado de la dirección.
La perdida de Miyazaki para el cine de animación en activo resulta mayor en la medida en que significa la desaparición de un arte concebido de forma laboriosa y artesanal, imposible de reproducir o continuar. Y en la esencia misma de ese trabajo de dibujante nato está la razón de su retiro voluntario, debido a que la vista ya no le responde con la exigencia para el detalle que siempre se autoimpuso. De ahí su plena identificación con la figura histórica del ingeniero areonáutico Jiro Horikoshi, quien tuvo que renunciar a su gran ilusión de ser aviador por culpa de una miopía, reconduciendo dicha pasión hacia el diseño y la construcción de aviones, también de combate.
A través suyo, Miyazaki quiere contar el drama colectivo de todo un país y de las esperanzas trastocadas por acontecimientos y catástrofes colectivas como el terremoto de Kanto en 1923, la Gran Depresión, la epidemida de tuberculosis y la II Guerra Mundial. Frente a tanta desgracia, el cineasta opone su poético aliento visual dentro de un gran melodrama épico e intimista a la vez. Las impresionantes escenas de masas se combinan con momentos delicados, llenos de magia, siempre con el aire en movimiento como hilo conductor por igual de terribles tempestades y suaves brisas.
Una composición equilibrada en la que la emoción se desborada con la banda sonora del gran Joe Hisaishi, que esta vez nos regala la canción hecha de recuerdos «Hikoukigumo», con la voz de Yumi Arai.

Un ertzaina fue jefe de Seguridad de Osakidetza con documentación falsa

Aerosorgailu bat zure esne kaxan

Elogio de las puertas giratorias entre el trabajo privado y el político

«Basoez hitz egiten dute, baina basoa suntsitzen dute landaketa sartzeko»
