Agirretxe se coló en la fiesta rojiblanca de San Mamés
La faltó tensión al primer derbi entre vecinos en el nuevo San Mamés, pero eso facilitó que se jugara sin complejos y tras una primera mitad sesteando, el público se divirtió después, sobre todo tras el golazo de Muniain, al que respondió un Agirretxe al que nadie había invitado.

ATHLETIC 1
REAL 1
Athletic nora zoaz
zurigorriarekin,
europara banoa
nahi badezu etorri
europan ze ote dago
kriston txapelketa,
gu jokatuko dugu
ohore guztiaz... tralaralalalalalaila, tralalalailalalalala...
Esta letra adaptada es una de las muchas que se proponen en la grada popular de un entregado San Mamés. Como ayer tarde. Casi cuarenta mil bufandas de la mejor lana de oveja latxa carranzana saludaron el salto al césped de ambos equipos, con el himno rojiblanco atronando y correspondido por otras tantas miles de gargantas, aplausos y una afición que al unísono devolvió el agradecimiento a toda una temporada que los jugadores rindieron desde el verde por medio de una pancarta que rezaba ``Denok batera lortu dugu. Eskerrik asko''.
Prolegómenos en los que se palpaba en la grada un ambiente relajado a la par que eminentamente festivo, de ganas de fútbol por el fútbol, y eso se tradujo en los propios jugadores, en los dos equipos, que jugaron sin corsés, cada cual a lo suyo, es verdad, en busca de una victoria de diferentes intereses, pero firmando una tarde que invitó al sesteo en su primera mitad y divirtió al público en la segunda. Al final, reparto de puntos que seguramente no deja satisfecho a ningún contendiente, donde el Athletic dominó más, donde Iker Muniain se volvió a dejar querer, donde la Real hizo lo que tenía que hacer, y donde Imanol Agirretxe fue el invitado inesperado que puso las tablas en un marcador quizá justo por las ocasiones fabricadas.
Con el ya clásico desde hace meses «¡Athletic Champions League!» en la grada, arrancaba el primer derbi entre bilbainos y donostiarras en el nuevo estadio, y que ayer vistió sus mejores galas. Los primeros pitos al realista Iñigo Martínez dieron paso a sendos avisos del mexicano Vela, sin problemas para un siempre atento Iraizoz. Fue mejor la Real en esos primeros quince minutos, ante un Athletic con salida lavolpiana -Iturraspe como tercer central y los laterales muy arriba-, pero sin la velocidad necesaria para sorprender a los de Arrasate, que salían rápidos y se replegaban bien, obligando a los de Valverde siempre a ataques estáticos y, lo peor, sin ganar ni una sola segunda jugada.
Ritmo cansino en una hora peligrosa, una digestión que solo alteraban los intentos de la grada popular por arrastrar al resto con sus cánticos y las decisiones del colegiado que se ganó con unas cuantas de ellas una pitada tras otra. Fue lo único que mantuvo despierto al público hasta que a la media hora Iraizoz sacó por dos veces seguidas sendos remates realistas al saque de un córner, un auténtico martirio para los rojiblancos ayer las jugadas a balón parado de los donostiarras. La réplica la dio Toquero, el sustituto de Aduriz, que en lugar de empujar a la red un pase atrás de Susaeta la mandó fuera, cruzada, inexplicable. Ahí murió una primera parte soporífera, demasiado amistosa para un derbi, que por suerte se transformó en la reanudación, sobre todo gracias a los goles de uno y otro, que obligaron al contrario.
Avisó nada más volver a pisar la hierba Chory Castro, con un disparo cruzado que sorprendió a todos menos al atento Iraizoz. Pero el gol iba a caer primero del lado local. Muniain, hasta entonces en la siesta del burro, esa que dura lo justo para espabilarse, reseteó y comenzó su particular recital por banda.
Minuto 49. El navarro, mitad habilidad, mitad fortuna, sortea varios defensores, traza una diagonal hasta casi la frontal del área realista y golpea el último crujir de sus maltrechos riñones de tal forma que la parábola que coge la pelota salva la estirada de un Bravo que hasta entonces se había dedicado a broncearse. El de la Txantrea corrió entonces hacia el córner norte y se abalanzó sobre la hierba para recibir el abrazo de las gargantas más chillonas de San Mamés. Sus golpes de pecho, al escudo, su dejarse querer por la grada culminaría en el minuto 80 cuando tras desplegar sus mejores artes y carreras, era aclamado con un unánime «¡Iker, Iker!» desde la grada.
Mientras San Mamés botaba, la Real no terminaba de reaccionar. El Athletic se hacía más dueño del juego, un Muniain crecido se las tenía a cada cruce con Bergara, la grada aplaudía lo mismo un balón ganado por alto de Toquero que un complicado globo `pinchado' con calidad por Laporte, hasta que Arrasate se vió obligado a mover piezas y dar entrada al otro protagonista en el marcador final, Agirretxe.
Eran los mejores minutos del Athletic, en los que más encontró su fútbol combinativo y el juego por bandas, cuando en un ataque aislado de la Real, el `9' blanquizaul sorprendía a la zaga local y tras quebrar la salida de Iraizoz anotaba el empate. San Mamés se silenciaba, sobre todo cuando al minuto Vela no conseguía conectar un pase atrás.
Quince minutos por delante en los que un Athletic herido en su orgullo lo intentó y lo consiguió, pero el madrileño Del Cerro Grande reivindicó su porción de protagonismo y anuló un gol de cabeza de Laporte por supuesta falta sobre Ansotegi. Pudo amargar aun más la fiesta Griezmann en un cabezazo que Iraizoz evitó y permitió así llegar a la igualada final, con San Mamés blandiendo de nuevo esas casi cuarenta mil bufandas de la mejor oveja latxa carranzana, despedida final de los leones desde el césped y carpetazo en casa a una temporada histórica que tendrá su continuación en agosto en la previa de la Champions. Entonces, como ahora, denok batera lortuko dugu.

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