MIKEL INSAUSTI
Zinema Kritikaria
CRíTICA: «Maléfica»

Angelina Jolie se hace con el papel que siempre soñó

Reducir una gran producción de más de doscientos millones de dólares al mérito de su actriz principal puede parecer excesivo, pero me gustaría demostrar que es así, que en «Maléfica» reina de principio a fin Angelina Jolie, que de esta manera se hace con el papel que siempre soñó. Y la clave del éxito de la película está en su caracterización, con la ayuda de todo un equipo puesto a su entera disposición. Vestuario, maquillaje y, sobre todo, la fotografía de Dean Semler la ayudan a lucirse.

«Maléfica» es una obra maestra cuando Angelina Jolie permanece en escena, y deja de serlo en cuanto desaparece. Los momentos en que ella se oculta en la sombra, y la luz deja ver sus ojos acechantes, son mágicos y de un clasicismo arrebatador. También sabe ser divertida, especialmente cuando comparte plano con su hija Vivienne Jolie-Pitt, tras probar con otras actrices infantiles que se asustaban al ver a una siniestra señora vestida de negro y con cuernos.

«Maléfica» peca de una exagerada dependencia de los efectos digitales, cuyo diseño no es nada oiriginal. El reino de la bruja y la infinidad de criaturas que lo pueblan toman prestadas ideas tanto de «Avatar» como de la trilogía de «El señor de los anillos». El castillo sigue siendo muy Disney, pero a costa de repetir la producción artística de la burtoniana «Alicia en el País de las Maravillas», de la que ha salido el debutante en la realización Robert Stromberg con tal de asegurar la continuidad estilística.

El asunto del guión es un poco lioso, al haber pasado por muchas manos acreditatas y no acreditadas. Está bien la invención de unos orígenes para la bruja del cuento, o el querer ir más allá de lo que contaba «La bella durmiente» de 1959, pero no a costa de descuidar la esencia legada por Perrault o los hermanos Grimm. El instante climático del beso pasa sin pena ni gloria, hasta el punto de que el jóven príncipe está porque tiene que estar. El despertar de la princesa carece, en consecuencia, de la fuerza revitalizadora que debería transmitir.