Bienvenido sea el gentío, que los que llevan una semana necesitan ya el relevo
San Fermín este año andaba exigente e hizo pasar a sus más fieles un calvario de agua, agua, agua y más viento. Al final, los sufridos parranderos lograron que luciera un poco el sol, lo justico para calentar la noche del sábado, conocida como el Tourmalet sanferminero. Suele ser San Fermín buen momento para que estrellas venidas a menos intenten relanzar su carrera. Ayer se vio a Charlie Sheen, que tuvo notable paciencia para con quienes intentan emularle.

Engordar para morir. Los sanfermines han acogido el fin de semana como un cerdo de recebo. A estas alturas de feria, los pedos tienen ya un timbre de bombardino. Los sanfermines en sábado no tienen nada de especial: algún concierto más caro y tal y Pascual, poco de interés. Pero eso sí, gente a mares. El día empezó pobrecico, con xirimiri perro y algún «caguendiós para qué ostias he venido». Pero al final el santo moreno echó un capotico a los parranderos que le rinden culto y salió el astro rey por la tarde en plan solisombra, pero sin agobiar. Prometía triunfo seguro.
Con eso de que pilla puente por lo de la Bastilla, los de Iparralde se adelantaron un par de días. Con la espina clavada en el corazón (en el de todos) de ver al Iruñazarra bajo llave, los de al norte de Zugarramurdi turraron al personal con cantares desde bastante antes del vermú. Ni la más truculenta de las mentes pudiera haber imaginado confluencia mayor que la de los pupilos de Erramun con los del Kantuz, que como siempre se van de comidorra a la Plaza San José. Las canciones tradicionales vascas fueron la banda sonora esquina tras esquina, demostrando que los sanfermines son bastante más que encierros, jotas y toros. Si nos ponemos puristas, San Fermín no es el patrón de Iruñea, sino el de Nafarroa Osoa, tanto la «Baja» como «Alta».
Ahora bien, si alguien se está mereciendo este fin de semana el «Katxi de Oro», ese es Charlie Sheen, un actor fracasado que intenta reflotar su imagen como el mayor parrandero que hay en todo «Jolibú». Vale que da un poco de asco que hagan méritos en Iruñea, pero dentro de lo que cabe se sacó fotos con todo qusiqui y se lo pasó bien de verdad. Qué duda cabe de que, entre Sheen y los nietos de Hemingway que exprimen las cenizas de aquel republicano, nos quedamos con Sheen.
Dicho queda que el gentío de ayer fue un mero flashazo y que, a partir de hoy, no aguantan sino los titanes. Eso sí, la mitad de las bajas no se deben al alcohol, sino a las batucadas de la puñeta. En serio, batuqueros, largaos a vuestra casa.

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