Holanda hurga en la herida de una Brasil aquejada de una fuerte «saudade»

BRASIL 0
HOLANDA 3
«Duele golpearse la cabeza con el borde de la mesa, duele morderse la lengua, una carie y piedras en los riñones también duelen/ Pero lo que mas duele es la saudade./ Saudade de un hermano que vive lejos. / Saudade de una cascada de la infancia./ Saudade del gusto de una fruta que no se encuentra más. / Saudade del papá que murió, del amigo imaginario que nunca existió...». El poema de Miguel Falabella es quizá la mejor definición de «Saudade», este término portugués sin una traducción exacta en castellano, pero que tan bien define lo que se vive en Brasil desde que Alemania mancillara su orgullo en semifinales. Lejos de servir de redención, la final de consolación solo sirvió para que los sudamericanos ahondaran en ese sentimiento, mientras que Holanda tuvo un premio, menor pero premio, a su gran Mundial.
Porque por mucho que no haya conseguido llegar a la final, el de Van Gaal ha sido uno de los mejores equipos del torneo. Cuando todo parecía inventado, la libreta del muchas veces caricaturizado técnico ha sabido dar consistencia a su defensa con tres centrales y la apuesta por la velocidad arriba se ha confirmado como acertada. Porque, aunque a última hora ayer se lesionara un hombre clave como Sneijder, el equipo funcionó como tal y todos supieron ejercer su rol, incluso jugadores como Blind que en este Mundial ha jugado de lateral o, como ayer, en el centro del campo.
Por contra, en las antípodas de sus orígenes, Brasil volvió a ser una caricatura de sí mismo, sin ni siquiera retazos de aquel mítico equipo del 82, que tampoco pasó de semifinales pero que hoy en día todos añoran, pero sin tampoco esa presunta solidez que mitifica Scolari. Detalles de Oscar fueron un oasis en un equipo que buscó los balones largos a Jo, una alternativa aún más limitada que el señalado y culpabilizado Fred.
Inicio demoledor
También es verdad que el partido quedó mediatizado por un arranque que difícilmente pudo ser peor. Debió serlo si el colegiado argelino no hubiera completado su desaguisado de pitar penalti un agarrón que había sido fuera del área, perdonando la más que merecida roja a Silva.
Van Persie no falló, como tampoco lo hizo poco después Blind al aprovechar un mal despeje de David Luiz y poner el 0-2 en el marcador, con apenas un cuarto de hora jugado, despertando los fantasmas del «Mineirazo».
Sin embargo, ni la competitividad de este tipo de partidos, absolutamente prescindibles, ni el instinto holandés fue tan letal como el alemán y los oranjes se limitaron a controlar, durante más de 70 minutos, las endebles embestidas de una pobre Brasil. Eso sí, los holandeses aprovecharon la prolongación para hacer el tercero, por medio de Wijnaldum, y ahondar en la herida.

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