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El «Hollywood dorado» llora la muerte de Lauren Bacall

La actriz estadounidense Lauren Bacall sumió ayer a Hollywood en un doble luto, después de la muerte de Robin Williams, al fallecer a los 89 años en su casa de Nueva York dejando atrás una carrera legendaria y una condición, la de viuda de Humphrey Bogart, que le persiguió durante 67 años. Fue, de hecho, la cuenta oficial de Twitter de la entidad que gestiona el legado de Bogart la encargada de confirmar su muerte. «Con profundo dolor por la magnitud de nuestra pérdida, y con una inmensa gratitud por su increíble vida, confirmamos la muerte de Lauren Bacall», decía el tuit.

Si Robin Williams conmocionaba ayer a Hollywood en una muerte que apunta a suicidio -apareció ahorcado en su domicilio de San Francisco-, como una estrella que colisiona, Lauren Bacall se fue como un astro que se extingue, después de haber sufrido durante la mañana de ayer un derrame cerebral, según confirmaron fuentes cercanas a la familia.

Bacall había estado en activo hasta hace dos años, cuando prestó su cavernosa y legendaria voz a «Ernest & Celestine», una cinta de animación, y en las últimas décadas había pasado de puntillas por cintas clave de la evolución del lenguaje cinematográfico como «Dogville», de Lars Von Trier. Aun así, la neoyorkina era la superviviente de una generación a la que llegó muy joven (con 19 años, para rodar «To Have and Have Not» en 1944 y atarse ya a Bogart) y que la perspectiva de la historia ha acordado denominar el «Hollywood dorado». Su época había sido otra, y eso se hizo notar en las primeras reacciones. John Cusack y Orlando Bloom se despedían con un simple «RIP Lauren Bacall» en las redes sociales, y el rockero Gene Simmons admiraba su «clase de interpretación».

Bacall había nacido el 16 de setiembre de 1924 en el Bronx (Nueva York) con el nombre de Betty Joan Perske, tenía sangre judía polaca (era prima del expresidente israelí Shimon Peres) y rumana y, tras una inicial vocación de periodista, enfocó su carrera a la interpretación.

Unirse a Bogart en su debut, bajo la dirección de Howard Hawks, potenció y limitó su carrera a la vez, pues, hasta la muerte del intérprete de «Casablanca», se limitó casi exclusivamente a sus películas como tándem: «The Big Sleep» (1946), «Dark Passage» (1947) y «Key Largo» (1948). Eso sí, todas ellas obras maestras del cine negro.

Se empezó a emancipar con la comedia locuaz sofisticada de «How to Marry a Millionarie» y «Designing Woman», mientras Bogart caía enfermo de cáncer y la dejaba viuda y con dos hijos con solo 32 años en 1957.

Protagonizó también el melodrama de Douglas Sirk en «Written on the Wind», pero su carrera en el cine se fue apagando y rehizo su vida con Jason Robards Jr, con el que se casó en 1961 y se divorció en 1969, teniendo con él su tercer hijo. Bacall volvió a su ciudad natal para convertirse en una dama de Broadway, donde ganó dos premios Tony por «Applause» y «The Woman of the Year», y ocupar un amplio apartamento en el mítico edificio Dakota.

Sus regresos al cine fueron como invitada especial en títulos como «Murder at the Orient Express», y Bacall se dedicó a escribir sus memorias, tituladas «By Myself» y que le dieron el National Book Award, según recalcaron, porque estaban escritas con el ingenio de una mujer de personalidad de hierro.

La industria supo reconocer su talento en vida y, así, en 1992 le dieron el Premio Donostia en Zinemaldia, en 1993 el Cecil B. De Mille que otorga la Asociación de Periodistas Extranjeros de Hollywood y, finalmente, el Óscar Honorífico en 2009.

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