2014/11/13

La participación en la empresa, una «herramienta» para el éxito

Euskal Herria es un país de larga tradición en la creación de cooperativas y sociedades laborales, aquellas en las que sus integrantes comparten la propiedad, aunque solo eso no es suficiente, tal y como coincidieron en señalar los ponentes del encuentro de empresas participadas celebrado el pasado martes en Bilbo. Para que un proyecto empresarial tenga futuro es preciso, además de la propiedad, compartir la gestión y también los beneficios, en definitiva, gestionar con «transparencia». Todo ello, en cualquier caso, no garantizaría el éxito, es solo una «herramienta» para lograrlo.

Joseba SALBADOR BILBO
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Cada día existe un mayor consenso en torno a la necesidad de orientar los modelos de gestión y de relaciones laborales hacia una mayor participación de los trabajadores en la empresa de la que forman parte. De ser considerada como una cuestión «ideológica», la participación ha pasado a ser vista como un principio de eficacia.

En la séptima edición de las «Conversaciones estratégicas» de la consultoría B+I Strategy, cuatro responsables de otras tantas compañías vascas dirigidas por los propios trabajadores expusieron las claves de su éxito: Jesús Navas, director general de Vicinay Cadenas (soluciones de amarre para el sector naval, con sede en Sestao); Jon Agirre, presidente de Ampo (válvulas para el sector energético, de Idiazabal); Carlos Pujana, director de Izar Cutting Tools (herramientas de corte, de Zornotza); y Sabin Azua, socio director de B+I Estrategy (consultoría estratégica, de Bilbo).

Todos ellos coincidieron en señalar que el hecho de que la propiedad de una empresa esté, en un alto porcentaje, en manos de los trabajadores, no significa que sea una empresa participada, ya que para ello es necesario también que todas las personas que la integran participen en el día a día de la gestión.

Jesús Navas, de Vicinay Cadenas, señaló que su empresa, procedente de una tradición familiar «muy jerarquizada», trata de fomentar la responsabilidad compartida y, aunque los trabajadores no comparten la propiedad, sí lo hacen en la gestión (hasta el 60% de forma directa) y en los beneficios.

En algunos casos, la transformación en sociedad laboral ha sido la tabla de salvación en época de crisis, como es el caso de Izar Cutting. Su director gerente, Carlos Pujana, aseguró que «la única forma de garantizar la viabilidad fue que la cogieran los trabajadores. Fue un caso de absoluta necesidad», dijo.

También la empresa Ampo de Idiazabal atravesó dificultades entre los años 2002 y 2004, que fueron superadas con un profundo cambio en la gestión. «Aunque las cooperativas facilitaban participar en la propiedad, nosotros pensamos que hacía falta algo más, ya que no posibilitaban participar en la gestión», explicó Jon Agirre.

Sabin Azua no dudó en asegurar que, al igual que se están democratizando otros ámbitos de la sociedad, también es preciso «introducir el concepto de democratización en las empresas», ya que «los proyectos autoritarios no tienen futuro». El presidente de Ampo llegó a afirmar que su empresa es «la más radical» en ese sentido, ya que «no hay diferencias entre directivos y trabajadores. Solo hay más o menos responsabilidades de coordinación», señaló.

Otro de los conceptos que más se repitió fue el de la transparencia como clave del modelo de gestión. «Hay que ser transparentes en los buenos y en los malos momentos, porque eso genera confianza», dijo Jesús Navas, mientras Sabin Azua señalaba que «hay empresas en las que los trabajadores ni siquiera conocen la cuenta de resultados. Y así no se puede dar confianza», subrayó. El director de Izar, sin embargo, matizó que «hay personas a las que no interesan tanto los números de la empresa, sino la mejora del trabajo diario», algo que, en su opinión, «contribuye también a los resultados».

En este punto, Azua insistió en que uno de los grandes retos pendientes es el de «la distribución equitativa de las rentas», tanto salarios como beneficios. A su juicio, «si no se reparte de forma equitativa, el concepto de empresa participada se queda flojo».

Si hasta este punto todo fueron coincidencias, el debate se animó cuando algunos de los ponentes defendieron que en este tipo de empresas algunas decisiones son más fáciles de adoptar que en una empresa mercantil convencional, algo que fue rebatido por Sabin Azua, aunque finalmente, todos convinieron en que la transparencia conlleva un mayor esfuerzo de comunicación. «Los equipos directivos tienen que dedicar mucho tiempo a explicarse», dijo el director de Izar, a lo que Jon Agirre añadió que «mantener el liderazgo del equipo consume mucha energía, ya que tienes que estar traccionando todos los días».

Ahondando en esta idea, Sabin Azua afirmó que «hay que aprender a desaprender, a cuestionarse las recetas del pasado». Por eso, criticó que, tal y como está diseñada actualmente la educación, «se enseña a competir, no a colaborar, y cuando queremos cambiar nos sentimos incómodos».

Papel de las instituciones

En el encuentro también se analizó el papel de las instituciones -estaba presente la consejera de Desarrollo Económico y Competitividad, Arantza Tapia-. Les pidieron que no que sustituyan el papel de las empresas, sino que «preparen el terreno de juego», principalmente en lo que a fiscalidad se refiere. Así, reclamaron que se ayude a las empresas que echan a andar y que se facilite la compra de acciones por parte de los trabajadores, ya que «hay un problema importante de sucesión de empresa», en palabras de Carlos Pujana.

En cualquier caso, todos ellos coincidieron también en subrayar que el hecho de que una empresa esté participada no garantiza su viabilidad, solo es una «herramienta». En palabras de Sabin Azua, «no es la panacea. Por muy participada que sea una empresa, si no tienes un mercado y una estrategia, no sirve para nada. Lo que nosotros pensamos es que un modelo compartido, a largo plazo, es más competitivo». Una idea que fue corroborada por Carlos Pujana al señalar que «uno de los mayores errores es creer que la participación en la empresa lo es todo».