Pablo CABEZA BILBO
Elkarrizketa
Fran URIAS
Guitarra y voz de Hesian

«Ni los discos ni los escenarios nos han sacado nunca de pobres»

En 2006 unos jóvenes del valle de Sakana unen inquietudes para formar un grupo con el punk y, sobre todo, el jarkore melódico como referencia. Al grupo le llaman Hesian, pronto se da a conocer, tropiezan y se levantan, pero las ganas y el talento se imponen. «Hegalak astinduz» es su nuevo álbum.

«Irtenbide bat» inicia «Hegalak astinduz», el álbum que prolonga el recuerdo de «Hemen eta orain», disco y deuvedé de 2013 grabado en directo, y su anterior álbum en estudio «Hitzetik», de 2011. Le siguen «Non zaude», «Akelarreko muxua» y «Arrazioa eta amorrua», cuatro composiciones que apuntan la dirección musical de Hesian. Atrás queda el emparejamiento con el jarkore melódico californiano para partir hacia el rock abierto donde vale más la canción que la fidelidad a un estilo. De hecho, «Hegalak astinduz recorre el rock sin demasiadas señales de tráfico. Pisa acelerador con acordes y guitarras rockeras, intervienen voces ásperas y el tono melódico y pop de la excelente vocalista Zuriñe Hidalgo. Un combinado que junto con la sección de ritmo a cañón y las puntuales intervenciones de los vientos sitúan al octeto en un terreno único en Euskal Herria. Canciones como «Kilometrotako gutuna», «Non Zaude», «Zu zara, gu gara», un himno para los directos, «Ez etsi», pegadiza, o «Maite genuena» son singles para levantar audiencias en vivo o sonar con fortuna en el espectro radiofónico. «Noiz arte» es la canción jarkoreta umbilical con sus inicios.

De aquella banda que en 2006 nacía en el local de ensayo de Etxarri solo queda usted. ¿Cuáles son los cambios más profundos que percibe?

Sí, solo quedo yo y aunque los vientos entraron más tarde, Aritz y Eneko, saxo y trompeta respectivamente, podríamos decir que están casi desde el inicio. Somos los que aguantamos. Respecto a los cambios solo cabe apuntar que ha sido un camino largo y difícil, con muchos obstáculos, muchos cambios internos, muchos pasos al vacío... Pero, sobre todo, mucho aprendizaje, tanto personal como musical. Durante estos años hemos crecido una barbaridad y como grupo hemos evolucionado mucho más de lo que nunca hubiésemos imaginado. Sin lugar a dudas este disco es un reflejo vivo de esta evolución, de ese aprendizaje, de esos errores cometidos en el pasado. Ahora somos una versión mejorada de lo que hemos sido, una especie de Hesian 2.0.

Se prospera, se alcanzan metas y cabe imaginar que la historia de aquel pequeño local de Etxarri pertenece a otra página de la historia.

El local de Etxarri es del pueblo, y lo compartíamos con varias bandas y músicos locales (y no tan locales). Cuando empezamos a cobrar algo, decidimos dejar ese espacio para quien no pudiese permitirse un local propio y nos fuimos a Arbizu, a una bajera alquilada. No nos parecía justo que el dj del pueblo o el grupo de chavales que acaba de empezar no pudiese ensayar a tal hora en el local porque estuviésemos nosotros, que cobrábamos 600 u 800 euros por actuación.

Hesian nace en un relativo buen momento para la música, pero casi de inmediato comienza la crisis capitalista y muchos jóvenes sin ánimos por la compra de un disco físico. ¿Se han podido adaptar bien a estas circunstancias?

No sé si hemos llegado a estar ni un solo mes seguido sin pasar por alguna pequeña crisis, y no me refiero a nada relacionado con la pasta. Hay que tener en cuenta que el mundo de la música, desde dentro, es una guerra constante, total y despiadada: hay tantas ratas, cuervos y tiburones que muchas veces te preguntas si realmente merece la pena. No hay amigos ni enemigos, solo intereses. El que creías tu compañero, al día siguiente te mete una puñalada por la espalda que te deja una cicatriz de por vida, y lo peor de todo es que no sabes ni por qué lo ha hecho. El mayor farsante está considerado un héroe, el mayor vendido parece el más enrollado, y el que aparenta ser un libertador no mira más allá de su propio ombligo... y nos lo comemos con patatas. En fin, dejémoslo ahí. Respecto a la economía, ni los discos ni los escenarios nos han sacado nunca de pobres (y probablemente nunca lo harán), así que es mejor que nos centremos en disfrutar del privilegio que supone poder subir a un escenario y ver una plaza llena gracias a tu música. Cuando le decimos a alguien que en ocho años no hemos visto prácticamente ni un duro, nadie se lo cree. Yo tampoco me lo creería, pero así es. Y luego algunos nos llaman peseteros. ¡De risa!

¿La mala situación global propicia los set en acústico de usted y Zuriñe o es más por no oxidarse en tramos de pocos bolos?

Solo lo hicimos porque nos apetecía. Hubo un momento en el que decidimos parar la banda y meternos en el local a preparar el disco, por lo que era una buena ocasión para seguir haciendo lo que queremos, tocar. Si fuese por la situación global, seguramente nos habría salido más rentable echar la guitarra al fuego para calentar la casa.

«Hitzetik», el último disco en estudio se publica en octubre de 2011. Han tenido casi tres años para crear «Hegalak astinduz», ¿lo han dejado todo para el final, como suele suceder, o se ha ido componiendo con sosiego?

Por una vez en la vida, hemos hecho las cosas con tiempo y sin pillarnos los dedos; bueno, quiero decir que no nos los hemos pillado del todo, como suele ocurrir. Cuando terminamos la gira anterior, en 2013, decidimos dedicarle un año entero y en exclusiva al disco, y la verdad es que ha merecido la pena. Había canciones que ya estaban hechas antes de que terminase el pasado año. Lo que eso significa es que tienes un montón de tiempo para pararte en los detalles, en los arreglos, probar cosas diferentes, volver atrás, comerte la olla a muerte, escuchar los temas antes de entrar al estudio... Parece mentira, pero hasta ahora no habíamos tenido ese espacio para trabajar como es debido. No hay más que ver el resultado.

¿Se sigue aprendiendo con cada disco, con cada día?

Siempre se aprende. Con cada disco, canción, bolo, ensayo, crítica, puñalada e incluso con cada entrevista. El aprendizaje tiene que ser más un objetivo que un camino. En este circo, en la medida en que «creces», aprendes sobre todo a filtrar lo que los demás piensan sobre ti. No digo que haya que pasar de todo el mundo, pero si te crees todo lo bueno, probablemente te conviertas en un ser insoportable; si te crees todo lo malo, te puedes meter en una depresión de caballo y no salir ni a tiros.

Cada vez trabajan mejor las voces, el momento de la conjunción y la unión de las diferentes texturas. ¿Quizá cantar a dúo fomenta la armonía como ocurre, y entre otras, en «Ez etsi», «Silueta beltzak» o «Kilometrotako gutuna».

Procuramos aplicar en cada canción la mezcla de voces que más le convenga. A veces es aconsejable separarlas y otras unirlas. No existe una fórmula que funcione mejor o peor: cada canción, cada letra, nos sugiere un recurso u otro. En este disco hemos experimentado con un abanico más amplio, doblando nuestras propias voces, combinándolas de forma irregular o añadiendo varias en los estribillos. ¡Hay un estribillo que tiene seis voces en total! En cualquier caso, el aspecto sentimental también influye mucho en este apartado. Es decir, si, por ejemplo, Zuriñe escribe una letra significativa en lo personal, es evidente que ella la cantará con más sentimiento y será mucho más auténtico, y esto es lo más importante: poner todo el corazón en las canciones y ser auténtico. Si te paras a pensar en lo que a la peña le va a molar más o le va a molar menos, es que no vales un duro.

Zuriñe es más pop cantando y melodíando que el resto, ¿a ella le toca amoldarse un poco más al estilo Hesian o se cede desde los dos lados en busca del mejor punto de encuentro?

Hesian es un grupo con características muy diversas, que para una mente estrecha pueden incluso parecer contrarias e incompatibles. Desde nuestro humilde punto de vista, la diversidad es riqueza, es una ventaja, y es nuestra mejor arma. No hay que ceder, sino utilizar nuestras herramientas para crear canciones que nos digan algo, canciones que merezcan la pena, y que no salgan del oído con la misma facilidad que entran en él. Hesian es lo que es precisamente por el toque que le da a nuestra música una voz femenina. Pedirle a Zuriñe que rasgue la voz sería como pedirles a los vientos que no hagan el chorra en los conciertos. Eso ya no sería Hesian, sería un producto.

«Las letras nos liberan y autoayudan»

¿En las letras también perciben madurez? ¿El temario requiere retomar ideas porque la actualidad no ha variado gran cosa a lo largo de estos años?

Los temas personales son los que mayor peso tienen en nuestras letras, y así ha sido siempre. Evidentemente hay una evolución. Se supone que algo hemos madurado, aunque es posible que no demasiado (sonrisas). También hay nuevas aportaciones, como es el caso de Zuriñe, que no estaba en los primeros discos. Pero en cualquier caso en las letras sí que se percibe una continuidad más clara: amor, lucha social, política, feminista, personal...

¿Las letras son un vehículo terapéutico al poder expresar en público los roces interiores?

Creo que sí. Muchas de nuestras letras no son más que terapias para uno mismo. Las escribimos para autoayudarnos y, sobre todo, para liberarnos. Quizá como contrapunto a nuestras primeras letras. Lo cierto es que ya no somos tan directos, ni tan políticamente correctos. La ambigüedad y el romanticismo tienen su punto, aunque hoy en día no estén bien vistos. P.C.