Amaia U. LASAGABASTER
Emakumezkoen futbola | Nazioartea

El poder del fútbol

Fundadora de la selección palestina y hoy miembro de la FIFA, Honey Thaljieh subraya la calidad de herramienta del fútbol en la consecución de objetivos más allá del deporte.

Sueño y guerra, ilusión y pelea, no parecen encajar demasiado bien en la misma frase. Pero fue precisamente bajo las bombas como nacieron los sueños de Honey Thaljieh y su ilusión la que le ha obligado a hacer frente a no pocas batallas.

Nacida hace treinta años en Belén, Thaljieh se ha convertido en un símbolo. También en una de las protagonistas de la segunda entrega de «Rebeldes del fútbol», que el lunes inauguró en Bilbo el Thinking Football Film Festival de la Fundación Athletic y que trajo a la exfutbolista palestina a la capital vizcaina.

«Soy palestina, árabe, cristiana y mujer. Nací en Belén y juego a fútbol». Así se presenta en la película Honey Thaljieh. Una presentación que se ajusta a la realidad por partida doble porque no solo describe a la exjugadora, también ofrece un recorrido por su trayectoria vital, marcada por todas esas circunstancias. Porque, como sucede en tantos, demasiados, lugares del mundo, Thaljieh tuvo que hacer frente a los prejuicios culturales para abrazarse a su pasión futbolística. Pero es que además lo hizo en un país ocupado, sometido a las más duras condiciones imaginables por su vecino Israel. Y eso es precisamente lo que convierte en un símbolo a Thaljieh, que ha sabido hacer frente a esos retos. Y sin perder la sonrisa que, curiosamente, pese a la terrible realidad palestina, solo se ve empañada cuando recuerda que una lesión estuvo a punto de apartarle del primer encuentro que disputó la selección nacional en su estadio, el Al-Husseini de Ramala.

A contracorriente

Una cita inolvidable para toda futbolista palestina. Pero sobre todo para Thaljieh, no en vano fue su determinación la que desembocó en el nacimiento del equipo nacional. Con seis años ya jugaba a fútbol en la calle. «Los niños se reían de mí pero luego comprobaban que jugaba mejor que la mayoría de ellos y ya no se reían, se enfadaban», sonríe. También había enfado en su familia, cristiana pero tan tradicional como la mayoría musulmana del país en ciertas cuestiones. El lugar de la mujer no está en el campo. Ni siquiera el de las jóvenes, que deben darse prisa en encontrar marido y comenzar a engendrar hijos.

No era así el futuro que vislumbraba Thaljieh, que dio el paso definitivo cuando entró en la Universidad, coincidiendo con la Segunda Intifada. «Era horrible -recuerda-, nadie que no lo haya vivido imagina que pueda vivirse así. Encerrados en nuestras casas, oyendo caer las bombas, sin agua, sin electricidad..., un día y otro y otro. Cuando aquello pasó pensé que necesitábamos esperanza, una alegría, buenas razones para salir». Nada mejor que formar un equipo de fútbol femenino. Con ayuda de una entrenadora universitaria, junto a compañeras y a través de anuncios en la universidad, consiguió reunir a un grupo que se convirtió no ya en el embrión del Bethlehem, que prendió en el resto de Palestina hasta acabar conformándose una pequeña Liga, sino del propio equipo nacional. El pasado mes de octubre se cumplieron cinco años del debut de la selección en Ramala, frente a Jordania y ante 12.000 espectadores. Hombres y mujeres disfrutaron en la grada. En el césped pantalones cortos y largos, velos, melenas y cruces romanas.

Los valores

Porque si para algo sirve el fútbol, como subraya Thaljieh, ahora miembro de la FIFA y residente en Suiza, es para hermanar la diversidad, «para jugar junto al diferente, codo con codo con el otro». Y por eso considera que el balompié «es una herramienta muy buena para conseguir grandes objetivos más allá del deporte. Por un lado porque todo el mundo puede practicarlo en cualquier lugar del mundo, un barrio rico, una favela o un campo de refugiados, sea hombre o mujer, y sea cual sea su color o religión. Y por otro, porque es como la vida, en la que a veces ganas, y a veces pierdes, y quieres disfrutar y ser feliz. Y la vida es mucho mejor cuando trasladamos los buenos valores del fútbol, como el juego limpio, el respeto por el rival y el trabajo en equipo».

Unos principios de los que Thaljieh habla a lo largo de todo el mundo, como representante de la FIFA. Y que siguen formando parte de sus sueños. Ya no aspira a defender la bandera palestina sobre el césped, las lesiones de rodilla le hicieron colgar las botas. Pero sí confía en que en los campos, las escuelas y las calles de Palestina pueda jugarse sin temor a los bombardeos, al mañana, al invasor. Y que puedan hacerlo los hombres pero también las mujeres. «Dejad que vuestras hijas elijan sus sueños», exige Thaljieh. Ella lo hizo y sabe que nada hay mejor que pelear por conseguirlos.