Pablo CABEZA BILBO

Extremoduro y Fito y Fitipaldis, entre los más taquilleros

La facturación neta entre 2013 y 2014 se salda con un incremento del 9,76% en el monto total de la música en directo. El dato podría apoyar la idea oficialista de que se está saliendo de la crisis, pero el aumento del consumo de música en vivo solo se fía a la moda de los grandes festivales.

Con los números que llegan desde la Asociación de Promotores Musicales (APM) la facturación neta de la música en vivo creció en 2014 un 9, 76, ya que en 2013 se facturaron 158.114.865 euros frente a los 173.546.920 euros del pasado año. No obstante la cifra de 2014 no deja de situarse en cifras de hace cinco años.

APM pondrá todo el empeño en ajustar las cifras a la realidad, pero da la impresión de que solo se evalúan, posiblemente por falta de medios, los eventos de cierta envergadura, por lo que las cifras podrían ser diferentes, tanto a favor como en contra. En todo caso, la APM no ve como un síntoma de mejora en la salud de la música en directo estas cifras, apuntando que el «ivazo» (el más alto de Europa) sigue siendo un grave inconveniente para el desarrollo de la música en vivo.

También se observa que el año pasado los grandes festivales contribuyeron de forma decisiva en el incremento de la recaudación. En este aspecto, el Arenal Sound de Burriana concentro 250.000 espectadores, en seis días. La misma cantidad le corresponde a Rototom Sunsplash, de Benicàssim, en 8 días. Desde el punto de vista del mérito se sitúa en primer lugar el Viñarock, de Villarobledo, con 200.000 aficionados en solo tres fechas (aforo completo conseguido con más de un mes de antelación). Le sigue el Primavera Sound de Barcelona con 190.000, en otros tres días y el BBK Live con 120.000 (aforo completo semanas antes del festival) en otros tres. Misma cantidad de asistentes consiguió el FIB de Benicàssim, pero en cuatro días.

Algunos festivales no han podido sostener su actividad por falta de interés del público, pero la mayoría mantienen buenas cifras, en especial quienes han conseguido un sello de marca. No obstante, estos números no indican, en principio, un incremento de la cultura musical, ya que la mayoría de asistentes se toman estas jornadas como un encuentro vacacional, una escapada festiva de casa hacia el calor del tumulto. El entusiasmo se transmite neuronalmente, y todos felices. Quienes persisten en los directos el resto del año, bien parece que son pocos. Al respecto, Iñigo Argomániz, director de la empresa donostiarra Get In, señalaba en el «II Informe sobre el estado de la cultura en el Estado español», dado a conocer recientemente, que los festivales debían ser una oportunidad de presentar al público «nuevas propuestas y conducirlas hacia las giras», algo que no se cumple, ya que tocar ante miles y miles de espectadores no conlleva que luego vayan a ver a esos grupos en futuras rondas por locales.

Respecto a las giras estatales con más público la APM señala que Malú congregó a 450.000 interesados en 60 conciertos; Extremoduro 306.800 en 39 conciertos, consiguiendo el promedio más alto de toda la lista; David Bisbal, 191.000 espectadores en 26 bolos; Melendi 136.500 en 37 y Fito y Fitipaldi 111.000 en 15 actuaciones.

Estas cifras indican que la TV resulta fundamental para la proyección de los artistas (incluso para los mediocres), ya que Malú, Melendi y Bisbal han participado como jurados en varios concurso, como La Voz. Y mientras tanto, Bustamante anuncia juanolas ante una carrera en declive. Y es que la mediocridad no siempre tiene premio.

Euskal Herria no cuenta con cifras concretas, pero la lista de conciertos semanales sugiere, cuando menos, que el dinamismo se mantiene gracias a la secular fuerza de los diferentes agentes culturales y no tanto por la bonanza económica.