M.I. DONOSTIA

«Chappie» trata sobre la educación aplicada al futuro de la Inteligencia Artificial

El sudafricano Neill Blomkamp siempre trata de innovar dentro de la ciencia-ficción, pero con su tercer largometraje «Chappie» le han llovido las comparaciones con el clásico ochentero del género «RoboCop».

Neill Blomkamp se ha revelado como el cineasta más original dentro de la ciencia-ficción, al darle al género una lectura política, iniciada con su ópera prima «District 9», donde trasladaba la problemática del apartheid sudafricano a una película de invasión extraterrestre. Ese trasfondo sociopolítico de las cada vez más acusadas diferencias de clase aparecía también en su segundo largometraje «Elysium», aunque ya en forma de ambiciosa ópera espacial.

Su futurismo distópico inunda también «Chappie», otra vez inspirada en uno de los visionarios cortos que hizo durante la pasada década en Sudáfrica, concretamente en «Tetra Vaal», rodado en 2003. En aquella pieza aventuraba unos diseños robóticos hechos con material de reciclaje, que son los que se resumen en el personaje del robot adolescente del título.

Y digo adolescente porque Chappie es una creación del ingeniero encarnado por el actor indio Dev Patel que se encuentra en su fase de iniciación, la correspondiente a la educación de los seres humanos en su infancia y juventud. Esto pone de relieve que la Inteligencia Artificial habrá de obedecer, incluso emocionalmente, a la identidad de sus hacedores.

Como quiera que el robot en cuestión es fruto de la reconstrucción y reprogramación de un robot centinela estropeado, de los que en la ficción usaría el día de mañana la policía sudafricana, a la película le están lloviendo las comparaciones con el clásico ochentero de Paul Verhoeven «RoboCop». Dado que aquella realización ya contenía una crítica al sistema, es como si la originalidad de Blomkamp fuera puesta en cuestión.

El toque localista lo ponen, no obstante, la pareja de raperos sudafricanos llamada Die Antword. Interpretan a dos tipos marginales que son los que se hacen cargo del joven robot dentro de un ambiente delictivo. Al parecer Yolandi Visser y Ninja se tomaron sus papeles tan en serio que no dejaron de provocar incidentes durante el rodaje, lo que otorga un mayor verismo.