
«Los problemas que hoy afectan a la educación en Chile, la calidad de la enseñanza, el lucro, la gratuidad, no eran temas pendientes del período de la Unidad Popular», declaró a Prensa Latina Aníbal Palma, quien ocupara la cartera de Educación en 1972 en Chile.
Recordó que todos los ciudadanos tenían acceso a la enseñanza pública gratuita, y que incluso en el nivel básico los estudiantes recibían desayuno y almuerzo escolar, y medio litro de leche diario sin pago alguno.
«Se hizo también un gran esfuerzo en lo referente a la calidad, los centros estatales competían y sobrepasaban en cuanto a calidad a los particulares, ampliamente», rememoró el político del Partido Radical, detenido en el Palacio de La Moneda el 11 de setiembre de 1973, el día del golpe de Estado.
Palma, que ya no ocupaba la cartera de Educación sino la secretaría general de Gobierno, permaneció encarcelado casi tres años en varios centros de reclusión de la dictadura, entre ellos Isla Dawson y Tres Alamos. Luego marchó al exilio en la entonces República Federal de Alemania.
«Cuando llegamos al poder existía el problema del acceso a la educación, que también logramos superarlo. Estaba presente sobre todo en las enseñanzas básica y media, no había suficientes establecimientos educacionales para dar respuesta a la demanda de ingreso», dijo.
La solución llegó pronto y de forma simple, rememoró Palma, al precisar que se establecieron clases en dos y hasta tres jornadas en los mismos centros, para aumentar el aprovechamiento de los locales, ya que no existían posibilidades de construir otros rápido. «El Ministerio de Educación fue el que tuvo el más alto presupuesto entre las carteras del Estado, y en muchas cosas nos inspiramos en realizaciones que tenía la Revolución cubana en materia educacional», señaló.
Destacó su viaje a Cuba al frente de la delegación de Chile con motivo del 26 de Julio de 1972, cuando habló en la Plaza de la Revolución por instrucciones de Allende. Allí visitó varios centros de educación y corroboró el esmero en potenciar la formación del hombre nuevo y su desarrollo cultural, relató. «Se trata de un tema de fondo en ambos procesos, en Cuba desde que triunfó la Revolución, y en Chile con la Unidad Popular, con una política dirigida a desarrollar la educación y la cultura, porque hay una vinculación íntima entre educación, cultura y cambio, frente a educación, cultura y entorpecimiento del sistema democrático», sostuvo.
En su opinión, a mayor conocimiento y cultura, mejor apreciación de las condiciones, mejoras, derechos y garantías que tiene un régimen democrático; y a mayor educación y cultura, mayor conocimiento de los defectos de un determinado sistema y el compromiso por superarlo.
«Por eso es que la educación históricamente fue victimizada y objeto predilecto de ataque por las dictaduras, como hizo Hitler en Alemania, Franco en España, Batista en Cuba y Pinochet en Chile», ejemplificó.
La dictadura de Pinochet redujo a menos de la mitad las erogaciones públicas a la educación e incentivó los colegios privados. De esta forma, se estableció en Chile uno de los sistemas educativos más desiguales y costosos del mundo, según la OCDE. Solo un 40% de los estudiantes chilenos de secundaria asiste a colegios públicos gratuitos, lo que sigue siendo un anhelo en la enseñanza universitaria.
Desde 2004, la OCDE insiste en que «la educación chilena está influida por una ideología que da una importancia indebida a los mecanismos de mercado para mejorar la enseñanza y el aprendizaje. Por lo tanto, el intervencionismo activo del centro está limitado por mecanismos de mercado».

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