El califato del terror hacia fuera y hacia dentro
No son los únicos que comandan niños verdugos o que degüellan o queman a sus prisioneros. Pero lo exhiben, multiplicando el terror. Un terror que sufren diariamente millones de iraquíes y sirios bajo el califato. Un terror que algunos temerarios activistas rescatan del olvido mundial.

El califato del Estado Islámico sigue logrando concitar la atención -más exactamente el horror- mundial con su secuencia de vídeos escalofriantes en los que ejecuta a detenidos con los métodos más salvajes.
El penúltimo, por ahora, muestra a un niño disparando en la frente y luego rematando en el suelo a un joven palestino con pasaporte israelí de 19 años, acusado de intentar infiltrarse en el ISIS por orden del servicio secreto israelí, el Mossad.
Las redacciones de todo el mundo y las redes siguen pendientes todos los días de la siguiente dosis de imágenes truculentas -y, todo hay que decirlo, magistralmente ensambladas y presentadas-.
Pero, con ello, pasa prácticamente desapercibido el día a día de la población sometida al califato de Abu Baqr al-Bagdadi. Y, aunque escasos por el agujero informativo en el que sobreviven ocho millones de iraquíes y sirios, no faltan testimonios, incluso gráficos, sobre la vida bajo un régimen teocrático sin parangón incluso en comparación con la actual Arabia de los Saud o el Afganistán de los talibanes a finales de los noventa.
La publicación ``Vice New''s ha hecho público un documental de más de 40 minutos (https://news.vice.com/video/the-islamic-state-full-length) en el que un activista kurdo nos muestra el día a día de los habitantes de Raqa, capital siria del califato.
En su recorrido por la ciudad -conocida en su día por su relativa liberalidad en comparación con Alepo- el reportaje, realizado con el consentimiento del ISIS en un intento de hacer propaganda, intercala imágenes de cuerpos decapitados -las cabezas penden como picas en las verjas de un parque-, hombres crucificados en plena calle y cadáveres colgados de farolas con explicaciones por parte de portavoces yihadistas sobre su política estrictamente rigorista en torno a cuestiones como el desprecio a la mujer y la prohibición del consumo de alcohol. El documental sigue a una «patrulla moral» (Hisba Diwan) que ora reconviene desde el coche a un hombre por ir paseando al lado, y no delante, de su esposa, ora «visita» puestos de bebidas siempre no alcohólicas o carnicerías para asegurarse de que venden productos halal.
Lo más sobrecogedor, sin embargo, son los testimonios de los niños (ninguna niña), que hacen el signo de victoria levantando el dedo índice. Un pequeño que no aparenta más de siete años es «sometido a un interrogatorio» por parte de un yihadista que le pregunta si quiere ser yihadista o simplemente mártir. El niño duda y se decanta, temeroso, por la yihad. Dubitativo a la hora de explicar el por qué de tan condenada decisión, es amablemente inducido a explicar que sueña «con matar a todos los infieles».
La importancia que el Estado Islámico da al adoctrinamiento de los niños queda corroborada por una serie de activistas antiyihadistas y a la vez opositores al régimen de Damasco que están informando en internet sobre las atrocidades del califato en Raqa (http://www.raqqa-sl.com/en/). Englobados en una organización bautizada con el esclarecedor nombre de «Al Raqa está siendo masacrada en silencio», ofrecen testimonios, reforzados con vídeos grabados con los móviles. Y no solo de Raqa.
Este grupo está en contacto con otros activistas de Mosul, denominados Freemen de Nínive, que testimonian que 600 niños menores de trece años forman parte de las patrullas yihadistas por las calles de la capital iraquí del califato. Freemen de Nínive asegura que el Estado Islámico prohibe a los niños ver la televisión y emite, como alternativa, vídeos de batallas, ejecuciones y explosiones. En algunos de ello se ve a adolescentes volándose por los aires en mezquitas chiíes de Bagdad o a bordo de coches cargados de explosivos intentando romper el cerco actual sobre Tikrit.
«Necesitaremos muchos recursos humanos y financieros durante mucho tiempo para eliminar las ideologías extremistas que implanta el Estado Islámico en las mentes de las jóvenes generaciones», ha advertido Bashir Nadhir Hameed, sociólogo de la Universidad de Al-Mustansiriya en Bagdad.
De vuelta a Siria, la organización «Al Raqa está siendo masacrada en silencio» ha denunciado la represión de las mujeres a cargo de la brigada femenina Al-Jansa. Toma el nombre de una poetisa contemporánea del profeta Mahoma que se convirtió al islam y los testimonios aseguran que son en torno a un millar, la mayoría extranjeras.
El ISIS no permite a las mujeres combatir, por lo que engrosar la brigada, junto con el matrimonio con un yihadista, son las alternativas. Abu Bakr, de la también opositora Red Sham, asegura que patrullan las calles en grupos de tres a cinco y velan, kalashnikov y esposas en mano y vestidas con el niqab que les tapa de arriba abajo, por que ninguna mujer lleve mal colocado el niqab (velo integral) o vaya sin la compañía de un mehrem o tutor masculino.
Abu Ward ak Raqaui, de la red Al Raqa, asegura que su sueldo oscila entre los 500 y los 1.500 dólares y que, pese a que no participan en las ejecuciones, torturan y castigan con latigazos a las mujeres que contravienen los preceptos del ISIS.
Los activistas denuncian asimismo que el Estado Islámico está privatizando todos los servicios de salud para disponer de otra fuente de financiación y a la vez para obligar a la gente a sumarse a su organización y así poder costearse la asistencia sanitaria. Es el caso del hospital público de Tel Abyad.
Porque ser miembro del ISIS, sobre todo extranjero, garantiza las mejores casas y la atención médica gratuita. «La vida es peligrosa y la gente tiene miedo. Tratan de mantenerse alejados de los combatientes, temerosos de ser atrapados o de recibir un castigo que puede llevar a la muerte», narra Abu Mohammed a través de Skype. El propio Mohamed, nombre falso, no oculta su temor: «Si me capturan me cortarán la cabeza en la plaza principal de Raqa».
Existe además una jerarquía entre los combatientes extranjeros y los yihadistas locales. Los extranjeros se refugian en el centro de la ciudad, mientras los locales sufren los bombardeos estadounidenses en los caseríos de la periferia.
Y la deserción se paga con la muerte. «Al Raqa está siendo masacrada en silencio» informó del hallazgo de cadáveres de una cuarentena de yihadistas de aspecto asiático que intentaron huir hacia Turquía en Taqba, cerca de Raqa. El opositor Observatorio Sirio de Derechos Humanos ha informado recientemente de 120 yihadistas condenados a muerte no por espías sino por intentar huir.
Un niño de Toulouse
Precisamente la familia de Muhammad Said Ismail Musallam. ejecutado y rematado en el suelo por un niño identificado como francés por sus compañeros de clase de Toulouse -se especula con que el barbudo que aparece a su lado estaría emparentado con el francés Merah-, desmiente que trabajara a sus 19 años para el Mossad y asegura que se enroló «ingenuamente» en el ISIS y que fue ejecutado por intentar darse a la fuga.
Lo que realmente sorprende en este vídeo es que el ejecutado fue obligado a actuar en varias escenas simulando su reclutamiento por parte del Mossad, su entrenamiento y sus labores de espionaje. Una nueva vuelta de tuerca en esa serie de vídeos que conjugan el realismo más descarnado -en el sentido literal- con una sensación de irrealidad acaso alimentada por un mecanismo de defensa sicológico del que lo visiona.
Unos vídeos, en definitiva, que han hecho correr ríos de tinta sobre los motivos que llevarían al ISIS a mostrar sus salvajes acciones. Porque, pese a que se nos olvide, no estamos ante el primer niño soldado que ejecuta a un prisionero (es un fenómeno extendido en muchas guerras africanas).
Los sospechosos de colaborar con Israel suelen asimismo ser ejecutados e incluso linchados en la Palestina ocupada.
Denuncias sobre decapitaciones o quema de prisioneros vivos ha habido y sigue habiendo muchas. El Ejército nigeriano está acusado de degollar a cientos de sospechosos de pertenecer a Boko Haram, que acaba de ponerse a las órdenes del ISIS.
Testimonios de la guerra siria entre gente que huía del cerco militar sobre Homs en los primeros tiempos de la revuelta denunciaron que soldados del régimen decapitaban y quemaban vivos a los jóvenes que capturaban al entrar a la ciudad siria.
Esta constatación, que evidentemente no justifica nada -el ISIS sí lo hace y en muchos de sus vídeos denuncia el salvajismo de los bombardeos y los ataques de EEUU y sus aliados- sirve realmente para realzar el objetivo de sus autores. Por un lado, aterrorizar, generar un terror paralizante. Por otro, generar una espiral de venganzas que abone su posición entre las masacradas oposiciones suníes iraquíes y sirias.
Todo ello en el marco de un objetivo mesiánico: el de reiniciar la historia desde cero. Una suerte de reseteado protohistórico que no conoce límites. En lo «moral» y en lo «inmoral». La atracción narcotizante del abismo.

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