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IRUÑEA

La violencia machista duele mucho más allá de los golpes

«No solo duelen los golpes» es un monólogo con el que la jienense Pamela Palenciano trata de crear conciencias frente a la violencia machista, y lo hace mediante su historia personal: una joven que sufrió maltrato durante años y que luego se convirtió en maltratadora.

Pamela Palenciano, durante el monólogo realizado en la Casa de Cultura de Atarrabia. (Iñigo URIZ / ARGAZKI PRESS)
Pamela Palenciano, durante el monólogo realizado en la Casa de Cultura de Atarrabia. (Iñigo URIZ / ARGAZKI PRESS)

La sociedad, pese a tener todavía un largo camino por recorrer, cada vez está más concienciada en contra de la violencia machista. Sin embargo, no cesa, sino que aumenta la cifra de casos denunciados. Pamela Palenciano lleva once años trabajando con su monólogo “No solo duelen los golpes”, en el que cuenta su propia historia, en la que una niña de 12 años sufrió todas las etapas de la violencia machista en una dura experiencia que duró seis años. Más tarde, Palenciano proyectó lo sufrido con su primera pareja en su segunda relación y se convirtió en la maltratadora.

Como si de la película “Trainspotting” se tratase, el monólogo comienza con una frase lapidaria: «Es una mierda ser mujer». Enfrente, cerca de 250 estudiantes de 3º y 4º de la ESO del instituto Pedro de Atarrabia, en la localidad navarra del mismo nombre. A esa edad los roles de una sociedad heteropatriarcal ya están más que asumidos. Arriba-abajo, hombre-mujer, rico-pobre, blanco-negro. En esta escala, Palenciano echa abajo los clichés del amor romántico: «Nos han enseñado que en el amor todo se da, y lo damos todo –contraseñas, privacidad...–, y damos de lado a las amigas o a ese mejor amigo que todas tenemos».

Todo ello en un tono y un vocabulario cercanos al utilizado por los jóvenes, en un estilo muy propio y trabajando un tema tan sensible con la combinación del humor, la ironía, y con verdades que crean sonoros silencios. Desmonta el amor romántico con ejemplos de largometrajes como “A tres metros sobre el cielo” o “Crepúsculo”. Su primera pareja encarnaba eso que se suele denominar “amor verdadero”, «aquel de cuentos de príncipes y princesas, ahora vampiros», señala. «Es violencia disfrazada de amor», explica, incidiendo en que a las mujeres se les ha enseñado a esperar, «para que vuelva a ser como antes, esperar a que dejemos de tener miedo».

Sembrar una semilla que se debe trabajar

En su recorrido por el amor, la monologuista llama la atención sobre los vaivenes que sufren las relaciones: todo es maravilloso, pelea, reconciliación y todo vuelve a ser maravilloso. «El círculo se termina la primera vez que tu pareja te falta al respeto. El golpe más grande no fue cuando me intentó matar, fue cuando me humilló», recuerda. Por aquel entonces, ella ni siquiera sabía qué era la violencia machista o que ella había sido maltratada. Tras contarle tiempo después su historia a una sicóloga, comprendió muchas de las cosas que había vivido. Tan solo acudió en busca de ayuda cuando, ya en la universidad, se desvaneció al escuchar una discusión de su compañera de piso y su pareja. «Tú has sido maltratada», le dijo la sicóloga.

A estas alturas del monólogo ya se ven los distintos roles de los jóvenes oyentes. «Desde el escenario ves cómo hay quienes te siguen con entusiasmo, quiénes entienden muchos aspectos de su relación y quiénes se muestran pasotas y nerviosos porque se ven en la piel de Antonio». Antonio era la pareja que le maltrató durante seis año, un joven que hacía break-dance. «Si quieres, te enseño, pero hay cosas que las mujeres no pueden hacer», le decía. Por aquel entonces, Palenciano no se cuestionaba el mensaje que su pareja le trasladaba de aquella manera.

«¿Os imagináis que Juan deje con Sonia, al día siguiente esté con otra y se encuentre pintadas en el baño: Juan es un puto, un zorro?». La sala suelta una carcajada nerviosa, probablemente al reconocer más de una situación parecida en su vida.

Tras cada discusión, humillación o golpe, Antonio pedía perdón y le declaraba algo que él llamaba amor: «Yo te quiero, solo quiero cuidarte». Pero hay abrazos que asfixian. La respuesta de los jóvenes es fácil de observar. Alguno de los comentarios producen risa por el estilo clown que utiliza Palenciano, otros se asumen e invitan a la reflexión, y otros incomodan a quien está en la butaca. En este caso, y en otros muchos, el público es adolescente, participa en el monólogo convertido en taller reflexivo y, conforme avanza la charla, comienza a hacerse preguntas sobre su historial de relaciones sociales.

Mediante esta iniciativa, Palenciano busca «sembrar una semilla» que los jóvenes pueden desarrollar. Calcula que ya la ha sembrado en más de 5.000 ocasiones. Satisfecha con los resultados, recuerda que varias personas, años después de escucharla, se le han acercado para reconocerle que con el tiempo han comprendido y vivido muchas de las cosas que ella señala durante su exposición. No obstante, entiende que «con un monólogo no basta», considera que la base es la educación y «acompañar la educación en todos los ámbitos». Todos esos ámbitos de la vida en los que quizá no se pone excesivo énfasis. «Estamos esperando un gran programa educacional y deberíamos reforzar esas pequeñas cosas». Pequeñas cosas, pero no micromachismos, porque «algo que te duele tanto no puede ser micro».

Siembra semillas para que no allá más Antonios, pero tampoco más Pamelas. Y es que Palenciano, en la segunda parte del monólogo, cuenta que fue ella quien se convirtió en maltratadora con su segunda pareja: «Jodí la vida a mi expareja. Lo peor que me hizo Antonio no fue pegarme, humillarme o violarme, fue convertirme en él». Reprodujo en su pareja de la universidad el abuso, el control o el asfixiante dominio.

No es un problema de las mujeres

Una vez que desciende del escenario, la monologuista reclama el feminismo como asignatura, «totalmente necesaria para la construcción social». Entiende que eso por el momento queda lejos, dado que ello supondría «la capacidad de cuestionar el poder». Pese a subrayar la necesidad del feminismo en todos los aspectos de la sociedad y en todas las personas que la componen, critica que el enfoque actual pone a la propia mujer como «culpable» de su situación, como si no fuese el sexo masculino responsable de este problema. Ante ello, reclama talleres de masculinidad, como los que imparte su actual pareja y padre de sus dos hijos.

«El machismo no es un problema mental, es construcción social». Por ello, defiende la necesidad de que los hombres participen en este tipo de grupos, para que superen esos clichés interiorizados incluso en muchos de los varones que se consideran feministas pero que tienen comportamientos de distintos tipos de violencia machista que «hacen tanto daño o más que los golpes».

Al monólogo le siguen una veintena de cuestiones de todo tipo por parte de los oyentes. Hay quienes quieren saber detalles más minuciosos, quienes desean conocer más sobre las posibles respuestas ante esta violencia e incluso hay quien le cuestiona si no es mejor olvidar en lugar de recordar y contar cada día la historia que vivió.

La historia que explica Palenciano, además de una terapia personal que le ha ayudado a comprender todo lo que le ocurrió, es un apoyo para los jóvenes: «Ojalá alguien me hubiese contado a mí con 15 años que lo que estaba viviendo no era normal, que no era el amor verdadero».

Tras una ovación final, se vuelven a remarcar esos roles de los jóvenes. Cerca de 40 suben al escenario a saludar a Palenciano, Hay quien le felicita, quien le agradece haberle hecho comprender en cerca de dos horas lo que lleva años sufriendo y hay quien le cuenta su propia historia entre lágrimas. «Es muy duro. Es una alegría saber que les he podido ayudar en algo, pero es muy duro. Y más cuando la violencia viene de casa». Eso sí, la inmensa mayoría de quienes se acercan a la monologuista son mujeres.