«Hago cómic social, pero me gusta hablar de lo íntimo, de la soledad»
Esta valenciana ha diseñado el cartel del Salón del Cómic de Navarra, encuentro en el que se incluye su primera exposición retrospectiva. Ama las historias misteriosas (‘Naúfragos’, ‘Ocultos’) y prepara un próximo libro, ‘Tótem’, de nuevo en la editora bilbaina Astiberri.
Formada en Bellas Artes en su ciudad, Valencia, y en Barcelona, con residencias Erasmus en la canadiense Alberta o en Rennes, Laura Pérez Granel (1983) se ha ido labrando un lugar en el mundo internacional del álbum ilustrado. A través de la agencia canadiense Anna Gutchum saltó directamente a Penguin Randomhouse, a grandes cabeceras (‘National Geographic’, ‘The Wall Street Journal’, ‘Vanity Fair’) y, a través del mercado francés, a bastantes otros países. Lleva una década dedicada enteramente a la profesión de dibujante y acaba de terminar una colaboración vía Hollywood con el conglomerado Disney.
Había debutado como comiquera en los fanzines locales ‘Horchata’, ‘100 grados’ o ‘Xufa’, ha ido acumulando una original colección de libros (‘Empatía’, ‘Náufragos’, ‘Ocultos’, ‘Los secretos de las brujas’, ‘Sirenas de leyenda’) y anuncia las novedades ‘Secretos de vampiros’, ‘Tótem’.
Este último de nuevo con la editora bilbaína Astiberri, por cuyo catálogo tiene «cariño y una especial sensibilidad». Ha diseñado el cartel de la XII edición del Salón del Cómic de Navarra, que se prologarán hasta octubre y que incluye su primera exposición retrospectiva. Estará en Iruñea el jueves 9.
Todos empezamos dibujando en la infancia y la mayoría lo dejamos. Usted no.
Creo que no he dejado nunca de dibujar, pero no sabía que alguien podría dedicar su vida a esto. Había crecido con referentes como Ibáñez, ‘13 rue del Percebe’, Tintin, Asterix, dibujos animados… Dibujos más de tira cómic o tebeo, no conocía el cómic como tal. No dejé de dibujar y cuando se me planteó qué estudiar pensé en sicóloga, bióloga marina, abogada… Pero me tiró Bellas Artes, sin pensar para nada en ser dibujante.
Se supone que el cómic es más sufrido que la ilustración, pero más agradecido como redondo libro final.
Es mucho más agradecido porque la ilustración es normalmente muy efímera, se consume y se pierde como un periódico, más allá de que yo la ponga en mi web. Pasé al cómic por el concurso de Fnac para banda gráfica. Me presenté a la edición número nueve con mi amigo, el escritor Pablo Monforte, la ganamos y esto me obligó a hacer un cómic de 200 páginas en solo un año. Era ‘Náufragos’, con guión de Pablo. Fue muy especial porque creía que no sabía hacer cómic. Me presenté al concurso Valencia Crea con el recopilatorio de historias ‘Empatía’ y también lo gané. Me dio alas para pensar en hacer un libro de guión y dibujos míos y surgió “Ocultos”, que ganó el Premio El Ojo Crítico de cómic.
Puede sonar a tópico levantino, pero ¿su estilo es algo así como pop costumbrista con herencia de la llamada «línea clara» valenciana?
Siempre he tenido presente y como influencia la línea clara, de características gráficas súper bonitas, delicadas y contundentes. Aunque desarrollé mi carrera artística fuera, la consolidé en Valencia y supongo que tengo un potpurrí, una mezcla de influencias de fuera, sobre todo americanas, y las de aquí.
¿Cambia mucho de materiales y técnicas de dibujo y color según la naturaleza de la historieta o domina la labor digital?
Cambio muy poco porque, efectivamente, casi todo es digital. Utilizo lápices, carboncillos, plumilla…, pero son bocetos digitales que imitan los tradicionales. Se puede imitar muy bien el material analógico, por decirlo así.
Pero supongo que seguirá llevando una libreta de apuntes en el bolso.
Tengo la casa llena de libretas de todo tipo de papel y tamaños… y un montón de carpetas con originales en papel Canson porque siempre empiezo los dibujos en papel, los fotografío y los paso a digital con texturas lo más gráficas posible. Intento huir del digital frío con lápices y las otras herramientas que he comentado que imitan a la perfección el grafito. Me pongo delante del ordenador esos originales en papel para no olvidar su origen.
Sus historias, personajes o elementos suelen ser cotidianos, tratan asuntos personales o públicos. ¿Es cómic social adulto?
Hago cómic social, pero me gusta sobre todo hablar de la intimidad de la gente, de la soledad, de las propias realidades que uno mismo se puede generar dentro de su propia realidad establecida por lo social. Reflejar la personalidad propia que el individuo desarrolla en el seno de esa realidad condicionada. Observar y reflejar cómo funciona el individuo solitario en ese contexto.
Parece muy observadora, con mucho amor por el detalle de los personajes, paisajes u objetos. ¿Es la clave del buen cómic realista?
Los pequeños detalles son claves para darle naturalidad: una mirada, un elemento en un escenario, el contexto… Me voy dando cuenta de que cada vez incluyo menos texto, me siento mucho más cómoda pudiéndolo contar en imágenes, que se convierta en un lenguaje más universal, que leas los dibujos más que un texto. Me gustan los cómics con mucho texto, pero disfruto a tope con los que son casi mudos: ‘¿A ver cómo me cuenta la historia, cómo me lleva?’. Es un reto.
Además de aquellas influencias adolescentes, ¿de qué fuentes y autores destacados ha bebido ya como adulta y profesional?
En realidad el cómic no me influye tanto, no soy muy lectora. Consumo más cine o fotografía en blanco y negro. Ves una película de Wes Anderson, te impacta la paleta de colores y es algo muy llevadero para pasarlo a papel. Supongo que al tener formación de Bellas Artes la curiosidad por el arte en general está ahí. Y me dejo también llevar mucho por la música. En la etapa universitaria me influyó descubrir al germano-suizo Thomas Ott. Me llamó la atención su narrativa muda con técnica al revés: blanco sobre negro; la primera vez que veía un cómic tan moderno, con historias de misterio y planos muy panorámicos. También me influyó Daniel Clowes, del cómic underground. Y Oliver Schrauwen (‘Vidas paralelas’), Adrian Tomine... De aquí me gusta mucho mi paisano Paco Roca o David Sánchez.
¿Cómo está el panorama de mujeres dibujantes en un sector históricamente muy masculinizado?
De adolescente acompañaba a mis amigos a librerías y no había referentes femeninos. Alguna autora japonesa que apenas tenía modo de conocerla. Ahora una chica que vaya a la tienda se encontrará con Ana Galvañ, María Medem, Ana Penyas, Cristina Durán, Rosa Codina… Hay muchísimo cómic femenino totalmente accesible y es natural que a veces haya autoras y autores casi por igual.
El llamado noveno arte ha tenido una evolución espectacular, ¿qué le queda por explorar en lo plástico y narrativo?
Lo que quiera. Con la tecnología te puedes encontrar todo tipo de sorpresas. Hay ya mucho autor haciendo webcómic solo en red, con presencia de premios, etc. Supongo que habrá también mucho cómic más ligado al mundo de la animación… Dejémonos sorprender por el futuro.
En un sector laboral tan precario, usted parece una excepción.
Puede sonar raro, pero nunca he tenido precariedad. Vivo exclusivamente del dibujo desde hace una década, pero porque no paro. Ahora mismo se estrena uno de los encargos más raros que me han hecho. Es para una serie americana de Disney con la que he hecho los títulos de crédito con un estudio de Hollywood y los dibujos que hace la protagonista, que es dibujante. Me están llamando también para hacer animación… Toco muchas ramas y me da de comer el mundo editorial porque si te dedicas únicamente al del cómic sí es algo muy precario.
¿Pero trabajar en lo artístico y gestionar la propia obra en el mercado no roba mucha energía y tiempo? ¿No se siente esclava del ordenador?
Tenemos una relación muy íntima, sí, todo el día pegada al i-Pad. Me sale mucho dibujo porque hago portadas, carteles… Me tengo que distribuir bien para poder dedicar un tiempo al cómic. Es viable, pero sin esa base laboral no podría. He conseguido ese equilibrio para gestionar toda esta locura con mucha disciplina.
Realizó el cartel para la octava edición de Splash, Festival del Cómic de la Comunitat Valenciana. Ahora lo ha hecho para el Salón del Cómic navarro. ¿Son importantes los festivales?
Muy importantes. Este es un mundo laboral muy solitario y en un salón estás con la gente a la que le interesa o se quiere dedicar a esto, enseñas tu labor, la explicas, compartes… Son súper necesarios porque cuando un libro llega a una librería el trabajo está ya hecho y parece algo mágico, pero los salones te permiten descubrir quién y qué hay detrás.
Las criaturas del cartel parecen salir de la mitología vasca.
Me gustan mucho el folclore, la mitología o las leyendas de Navarra. Es un mundo muy rico con nombres rarísimos de personajes del bosque, espíritus protectores… muy similares a los que te encuentras, por ejemplo, en Japón. Es importante conservar esa relación con la naturaleza y con las leyendas que tanto hemos perdido. Me interesa mucho el concepto de máscara como simbolismo relacionado con la identidad de los pueblos. Ha sido un placer dibujar esa fantasía de la chica rodeada de máscaras y seres extraños.
Parece que tiene sobre la mesa una nueva obra con la editorial Astiberri.
Sí, se titulará ‘Tótem’ y hay fecha de entrega para Navidades o comienzos de año. Es un mosaico de escenarios, una secuencia de lugares y personajes, y el hilo conductor es la continuación en si misma: personajes ligados entre sí que aparecen-desaparecen. Realidades interconectadas, conscientemente o no, con sueños, emociones o recuerdos que hacen que las historias se liguen unas con otras. Espero que resulte al menos entretenido.
Vivimos en pandemia, ¿cómo está la salud del cómic?
Bienvenido sea que vuelvan los salones, que podamos volver a hacer encuentros entre personas, retomar las cosas como antes, vernos y sobre todo que sigamos leyendo mucho tebeo.

Lateralidad, un tema desconocido pero crucial en el aprendizaje de las niñas y niños

Matan al exlíder nacionalista corso Alain Orsoni en el funeral de su madre

El PNV defiende a Imaz y el PP lo elogia tras doblegarse ante Trump y una pintada en Zumarraga

Guardia Zibilak Altsasuko gaztetxearen eta Udalaren aurka egin du, zazpi kontzertu aitzaki
