Reconocimiento internacional a un proceso arrancado al negacionismo español

Negaciones del conflicto, amenazas a facilitadores, rechazo a implementar acuerdos… Diez años después, Powell o Currin siguen estupefactos por la posición del Gobierno del PP y en la misma medida agradecidos al liderazgo vasco. Powell ha situado Aiete además como fruto de negociación.

Representantes internacionales e invitados a esta jornada de Aiete, en el posado conjunto previo. (Idoia ZABALETA |FOKU)
Representantes internacionales e invitados a esta jornada de Aiete, en el posado conjunto previo. (Idoia ZABALETA/FOKU)

El balance de esta década de proceso de construcción de paz ha sido trazado al máximo nivel este miércoles tarde en Aiete, puesto que a Martin Griffiths (ONU) le ha sucedido una mesa redonda con dos protagonistas de primera línea conocidos, Jonathan Powell y Brian Currin; una testigo muy directa, Theresa Whitfield; y el reflejo del proceso colombiano, bien diferente, en la figura de Sergio Jaramillo. Ha habido un denominador común mayoritario: este proceso ha tenido resultados gracias al impulso vasco y contra el bloqueo del Gobierno del PP.

La derecha, y más allá de ella la opinión pública española, han salido vapuleadas en las diferentes intervenciones. Powell ha rememorado aquellas «cartas bastante bordes» a Kofi Annan o el modo en que «me pusieron a parir cuando dije que aquí no debía haber vencedores y vencidos». Currin ha añadido que recibió directamente «amenazas».

Pero quizás más duro para el entorno del PP haya sido escuchar de boca de Jonathan Powell que aquel sí fue, en el fondo, un proceso negociado. «Quienes dicen que Aiete fue un teatro o que no tiene importancia, se equivocan –ha remarcado el exjefe de Gabinete de Tony Blair–. Fue parte de una negociación confidencial que había durado bastante tiempo y este fue su colofón. Yo me impliqué porque [Martin] Griffiths me pidió ayuda cuando aún estaba trabajando en el Gobierno británico pero también porque contactó conmigo [Alfredo Pérez] Rubalcaba. Fue todo subterráneo, se hizo en secreto», ha remarcado.

Con más tiento y menos interés en confrontar con la derecha española, Jaramillo, protagonista de la negociación con las FARC desde el Gobierno de Santos, ha avalado este modelo con esta aseveración: «Ninguna transición a la paz pasa por sí misma ni la hace el Espíritu Santo, hay que crear unos puentes y unos edificios. A veces hay un proceso aunque no haya una negociación formal. Más allá de cual sea la forma en que se produzca, lo importante es que callen los fusiles».

La visión vasca y la española

Teresa Withfield ha añadido su experiencia personal sobre la dificultad del proceso vasco: «Yo había trabajado en otros conflictos como Colombia e intenté implicarme también aquí, pero no lo conseguí. Me sorprendió que no había consenso siquiera sobre lo que era el conflicto. Me daban a entender que intentar comprender el conflicto ya era justificar el terrorismo», ha dicho. No obstante, también se sentía consciente de que «había un proceso, aunque parecía que no podía salir a la superficie».

Llegados a ese punto, los interlocutores han coincidido mayoritariamente en que las cosas han avanzado sobre todo por el impulso de la ciudadanía y los agentes vascos. «Fue muy duro implantar lo que habíamos acordado –ha recordado Powell, también aquí el más claro–. Hubo un cambio de gobierno y el PP no estaba dispuesto a negociar, y entonces eso es como intentar volar con una sola ala», ha añadido reproduciendo la idea expresada en la entrevista concedida a NAIZ-GARA.

Por este motivo, cree que todo «tardó mucho más de lo que tenía que haber tardado. Y funcionó en Euskal Herria porque hubo un gran liderazgo, pero se produjo un riesgo muy real». Como guinda al argumento, esa afirmación que devuelve la pelota a las críticas que recibió por aquella frase en las vísperas de Aiete: «Creo que esto ha funcionado porque habéis desarrollado la idea de que no hay vencedores ni vencidos».

Lo ha ratificado Currin, en estos términos: «Lo que ha definido este proceso es la negativa del Gobierno español a participar. Y no solo era no participar; hizo todo lo que estaba en su mano para que yo no viniera, recibí una carta amenazándome  Ha sido un proceso unilateral y el éxito es del pueblo vasco porque ha querido seguir adelante».

Currin ha prolongado esa conclusión remontándose a 2017, con el desarme: «Al día siguiente en la prensa vasca leí ‘adiós a las armas’, era una celebración, pero sin embargo en la de Madrid leí ‘bueno, sí, pero habrá más armas’… Efectivamente parecían dos países».

Powell ha vuelto a tomar la palabra para dejar caer que «aquí aprendí la palabra ‘crispación’. No conocía lo que era. Luego lo he visto en Colombia también, con lo que ha hecho Uribe con Santos; me parece muy irresponsable».

El guante lo ha recogido Jaramillo, recordando que si aquí se cumple una década de Aiete en dos semanas van a ser cinco años desde el acuerdo de paz Gobierno-FARC. Ha lamentado que el Gobierno actual de Iván Duque «ha hecho cosas que niegan la transición a la paz y eso tiene consecuencias gravísimas, como no poder desarrollar una estrategia de seguridad». Y se ha preguntado, mezclando Euskal Herria y Colombia: «¿Vencedores y vencidos? Yo creo que sí ha habido un vencedor: la democracia, porque la violencia política ha sido expulsada. El problema que tenemos en las democracias es que siempre se impone la voluntad de poder a la voluntad de cerrar un conflicto, y es lo que pasa con Uribe». «La vanidad vence a la generosidad», ha terciado el periodista John Carlin, en funciones de moderador. «Eso siempre», ha remachado Jaramillo.

Víctimas, presos, relato

Analizando con la lupa estos procesos de resolución, los interlocutores han disertado sobre factores como la «madurez», tanto de los conflictos como de los liderazgos. Para Powell, científicamente tiene sentido hablar de contenciosos que empiezan a pudrirse pero es difícil calibrarlo en la práctica porque «un conflicto no es algo que se toque, como si fuera una fruta».

Jaramillo ha opinado que es más práctico el concepto de «ventanas de oportunidad»; ocasiones que hay que saber identificar y trabajar, porque «lo que logramos entre 2010 y 2013 en Colombia asentando una negociación con las FARC no hubiera sido posible cinco años después, no había ya las mismas condiciones».

Aunque el futuro será abordado más bien en la segunda jornada, este viernes en el Kursaal, los participantes han hecho algún apunte al final, con la cuestión de las víctimas como punto de partida. De nuevo ha sobresalido la voz de Powell: «Me parece terrible cómo se utiliza a las víctimas. El relato es algo tan difícil… ni siquiera hay acuerdo sobre cuándo debe empezarse a contarse esto, y por tanto sobre quiénes son las víctimas. En mi opinión tenemos que buscar una manera de sacar ese debate del escenario público, y quizás contar con dos personas encargadas de investigar el tema, dos personas muy respetadas de diferentes sensibilidades y trayectorias, dos personas que puedan ser copresidentes en la búsqueda de una posición común».

Por su parte ha puesto sobre la mesa la cuestión de los presos, recordando que en el norte de Irlanda fueron excarcelados rápidamente y que aquello causó dolor a las víctimas pero señalando que eso ocurre precisamente por la discrepancia en torno al relato. «Es muy importante documentar los abusos contra los derechos humanos, porque a veces solo se han visto desde una perspectiva y no desde todas. No hemos llegado a una perspectiva compartida y eso ayudaría. Aunque nunca va a haber un único relato, porque nadie es el dueño de toda la verdad ni de todo el sufrimiento».

Jaramillo tiene también una anécdota reveladora al respecto. No encontraban una salida clara a la cuestión de las víctimas cuando las FARC le dieron una pista válida desde el otro lado de la mesa: «Aquí no estamos para intercambiar impunidades». «Oigamos primero lo que las víctimas tienen que decir y asumamos luego cada uno nuestra responsabilidad. Las FARC comenzaron haciendo un reconocimiento muy fuerte y tienen razón cuando dicen que otros no lo han hecho igual, pero está pasando cada vez más en diferentes espacios», ha dicho.