
Catherine Connolly ha sido investida este martes presidenta de la República de Irlanda en una ceremonia en el castillo de Dublín, en la que se comprometió a trabajar para que «todas las voces estén representadas, escuchadas y valoradas».
Décimo jefe de Estado y tercera mujer en este cargo, principalmente representativo, toma el relevo del veterano laborista Michael D. Higgins, tras derrotar contundentemente en las urnas a la democristiana Heather Humphreys, del gobernante Fine Gael. Connolly, de 68 años, concurrió a las elecciones del pasado mes como candidata independiente con el apoyo del bloque progresista y de oposición en el Parlamento, liderado por el Sinn Féin.
La presidenta, a quien los sectores más tradicionales tachan de radical, ha destacado en su discurso que la ciudadanía le ha concedido un «poderoso mandato» para articular su visión sobre una «nueva República» en la que se valora la diversidad, se implementan «urgentemente soluciones sostenibles» y donde la «vivienda es un derecho fundamental».
«El cambio que ha traído este gozoso día comenzó con un pequeño grupo de representantes electos y voluntarios que se enfrentaron a lo que parecían desafíos insuperables», recordó, en referencia a una campaña en la que conectó con los más jóvenes e instó a derrotar al bipartidismo de centroderecha.
«Nos hicieron creer que era un salto demasiado grande, que nuestras ideas eran demasiado descabelladas, demasiado de izquierdas, en desacuerdo con la narrativa predominante», ha dicho Connolly en el Salón de San Patricio, ante representantes políticos, la judicatura y las Fuerzas Armadas, de la que ella será comandante en jefe.
Cambio climático y «guerras normalizadas»
En línea con su pasado como activista, la presidenta –abogada y psicóloga de profesión– ha advertido de que Irlanda afronta amenazas «estrechamente vinculadas» al cambio climático y a las guerras en curso.
«Dada nuestra historia, la normalización de la guerra y el genocidio nunca ha sido ni será aceptable», ha subrayado, en un guiño a Higgins, quien durante sus dos mandatos rompió con la tradicional neutralidad del cargo para denunciar, por ejemplo, la situación en Palestina.
Connolly también ha mencionado el prestigio de Irlanda en misiones de paz de la ONU y la «querida» neutralidad del país, lo que le sitúa en una posición ventajosa «para liderar y articular soluciones diplomáticas alternativas a los conflictos y las guerras».
Asimismo, ha instado a la ciudadanía a celebrar «con orgullo» el éxito del acuerdo del Viernes Santo (1998), el texto que puso fin al conflicto en el norte de Irlanda y al que ha descrito como «un modelo de resolución pacífico».
A este respecto, ha avanzado que espera con ilusión su «primera visita oficial al norte», al tiempo que ha citado el artículo 3 de la Constitución, que establece «el firme deseo del pueblo irlandés de una Irlanda unida por consentimiento», en un mensaje de conciliación hacia la comunidad unionista del norte, que solo ha estado representada por el diputado del Partido Unionista del Ulster (UUP) Steve Aiken. La segunda fuerza norirlandesa, el Partido Democrático Unionista (DUP), no ha enviado delegación alguna a la ceremonia de investidura tras alegar que tenía otros compromisos adquiridos.
El Ejecutivo de Belfast, de poder compartido entre unionistas y nacionalistas, lo ha encabezado en Dublín su ministra principal y líder del Sinn Féin en el norte, Michelle O'Neill, a quien acompañó la presidenta del partido, Mary Lou McDonald.

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