
El Eibar concluye la primera vuelta de la Liga en la 16ª plaza, con 24 puntos y solo uno por encima del descenso. Hace tiempo que los armeros no hacen cuentas mirando al play-off y prefieren utilizar los dedos para cruzarlos. Tras tres temporadas en las que el ascenso se les escapó en el último momento, la realidad les golpeó duro el pasado curso y la situación es más delicada ahora. De hecho, el equipo azulgrana ocupa su peor posición en la categoría a estas alturas de la temporada desde que cayó a Segunda B hace dos décadas; entonces llegó al ecuador liguero con 21 puntos, tres menos que en la actualidad, y en puestos de descenso.
Es evidente que los agujeros que van comiéndose al cinturón se dejan notar en la calidad de la plantilla y, consiguientemente, en los resultados. Pero las expectativas con las que arrancó la Liga no apuntaban a que el Eibar tuviera que sufrir por mantener la categoría, con lo que la frustración que se ha ido acumulando desde la última pérdida de categoría, ha alcanzado sus cotas máximas. Beñat San José, responsable principal de que se recuperara la ilusión en el último tercio del curso pasado, tras sustituir a Joseba Etxeberria y completar sus 14 jornadas al frente del equipo con números de play-off, está viviendo ahora la otra cara de la moneda.
Aunque mantuvo la base de la plantilla, el técnico ha afrontado la temporada con un equipo considerablemente renovado. Se marchó una decena de futbolistas, aunque solo Matheus, Cristian y en mucha menor medida Pascual y Puertas pudieran considerarse jugadores de peso, y llegaron otros tantos. Con muchos menos recursos que en las tres campañas anteriores, César Palacios se las arregló para fichar buenos futbolistas, incluidos algunos que parecían fuera del alcance del Eibar, como Aleix Garrido, Marco Moreno, Martón o Ares. Y a ellos se les ha sumado en las últimas semanas Mada, tan discutido en su debut y tan celebrado ahora tras recuperarse de la rotura de ligamento.
La plantilla y la recta final de la temporada ilusionaban y también lo hizo el arranque liguero. El Eibar empezó empatando en Málaga con una digna actuación y una semana después pasó por encima del Granada. La primera derrota llegó en la tercera jornada, en Huesca, y fue bastante más significativa de lo que pudo parecer en aquel momento. Porque fue la primera de las siete derrotas a domicilio que ha encajado el cuadro armero, el peor visitante de la categoría y el único que ha sido incapaz de ganar lejos de su estadio. Y porque el primer gol llegó en un córner, la otra gran asignatura pendiente de un Eibar que es el equipo más castigado de Segunda en los saques de esquina. Una cuarta parte de los goles que ha encajado, siete, han llegado de córner. Y de los cuatro penaltis que le han marcado, uno se produjo en un córner y otro en una falta al área. Ha habido también errores groseros en defensa de un equipo que solo ha sido capaz de dejar su puerta a cero en cinco ocasiones.
Así es imposible rentabilizar los goles de un equipo que tampoco anda especialmente fino arriba y al que incluso le cuesta amarrar su ventajas. El Zaragoza, que llegaba a Ipurua en el fondo de la clasificación, remontó un gol en contra jugando en inferioridad durante más de una hora y, dos semanas después, la Cultural Leonesa repitió el golpe en el estadio eibarrés. También allí, al menos, se han vivido los dos vuelcos a favor de los eibarreses: contra el Albacete, que se adelantó en dos ocasiones, y frente al Mirandés.
Los números no son buenos y, aunque en la gran mayoría de los partidos el equipo ha mantenido una actitud encomiable hasta el último suspiro más allá del resultado final, las sensaciones tampoco mejoran. Tras una racha tremenda de doce encuentros de los que solo pudo ganar uno y en la que encajó tres derrotas consecutivas, el Eibar llegó a fin de año recomponiéndose para firmar una victoria brillante contra el Valladolid. Y regresó del parón navideño encadenando otra, por primera vez este curso. Pero ese segundo triunfo contra el Mirandés ya dejó dudas y la derrota en Burgos con la que ha acabado la primera vuelta las ha confirmado. El equipo sigue sin enderezar su rumbo.
La gestión de la plantilla
Causa y consecuencia, el técnico no acaba de dar con su equipo. Ha probado diferentes dibujos con resultados parecidos y ha movido las piezas por el tablero, en ocasiones de forma desconcertante. Contra el Zaragoza, el equipo acabó el partido con dos centrocampistas en el eje de la zaga, y un central en el lateral izquierdo, mientras dos jugadores específicos del puesto y otros dos centrales seguían en el banquillo.
Aunque es difícil saber si las decisiones son forzosas o voluntarias, por el secretismo en torno a la situación física de los futbolistas tan habitual hoy en día en los clubes de fútbol, la trayectoria de algunos futbolistas no es menos sorprendente. Jon Magunazelaia fue el único azulgrana, junto a Magunagoitia y Marco Moreno, que partió en el once inicial en las diez primeras jornadas de Liga. Pero desde entonces solo ha sido titular en una ocasión y aunque ha acabado teniendo minutos en casi todos los partidos, en varios han sido los de la basura. Una situación parecida a la de Buta, que empezó jugándolo todo y ahora no entra ni desde el banquillo.
Javi Martínez, que en las quince primeras jornadas solo había jugado de inicio contra el Almería y no había llegado a los 400 minutos totales, enlazó las titularidades contra Racing, Pontevedra y Cultural Leonesa en el plazo de ocho días. Resultado, lesión muscular y vuelta al banquillo tras pasar por la enfermería. Javi Martón es el máximo goleador de la plantilla –sus seis goles duplican los de Corpas y Arbilla y triplican los de Bautista–, pero solo ha sido titular en ocho jornadas, incluyendo las que estuvo lesionado Bautista, y en otra media docena ha jugado menos de veinte minutos.
Álvaro Rodríguez, jugador de banquillo hasta diciembre, ha formado en el once inicial en los tres últimos partidos. Toni Villa, por poner otro ejemplo, había jugado 122 minutos en las doce primeras jornadas, después enlazó tres titularidades y no ha vuelto a saltar al campo desde el partido copero contra el Elche. En el extremo contrario se encuentra Mada, que el curso pasado perdió la titularidad con la llegada de San José, pero que desde que se recuperó de su grave lesión de rodilla, ha participado en los ocho partidos que ha disputado su equipo, los tres últimos como titular.
Al margen de las consideraciones que pueda generar su criterio, es evidente que a San José no le convencen algunos integrantes de su plantilla, en la que, efectivamente, varios han rendido por debajo de lo esperado. Con el mercado abierto, se prevén movimientos, aunque con los números cada vez más rojos, casi es más un deseo que una realidad. Las posibles entradas, además, pasarán en buena medida por que se abra antes la puerta de salida para liberar obligaciones salariales. A Toni Villa ya se le rumorean pretendientes.
Y además...
Paralelamente a sus andanzas ligueras, el Eibar ha conseguido que la Copa vuelva a Ipurua dos años después, tras superar al Náxara con apuros y al Pontevedra con claridad en las dos primeras rondas. El bombo no se enrolló y a los armeros les tocó un rival de cartel limitado, un Elche que se llevó la victoria por la mínima y ante un digno rival, en un partido en el que la principal noticia fue extradeportiva. El Consejo de Administración decidió no solo que el partido fuera de pago para los abonados, sino que el cobro se les pasara por cuenta tanto si acudían al campo como si no. El enfado de la afición fue monumental, hubo plante y aunque el club reculó y solo cobró a los asistentes, la asistencia fue paupérrima. 2.426 espectadores, la entrada más baja en décadas.
La buena noticia de la primera vuelta pasa por la Ciudad Deportiva. No han terminado las obras pero todos los equipos del Eibar entrenan allí desde el verano. Es la primera vez que el club cuenta con una infraestructura de su propiedad. Falta por saber si es la que necesita una entidad que, a sus problemas deportivos les une los económicos, aunque obviamente los dos van relacionados: por quinta temporada consecutiva, se presupuestan pérdidas, que de hecho triplican las del ejercicio anterior para superar los cinco millones de euros.

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