La batalla de Alepo y el futuro incierto de los kurdos
Tras cinco días de combates en Alepo, el Ejército sirio dijo haber finalizado sus operaciones en los barrios de mayoría kurda de Sheik Maqsoud y Achrafieh. Miles de desplazados han comenzado a regresar mientras otros escapan hacia el noreste de Siria.

Estaba en la universidad cuando todo empezó, y no he vuelto a casa desde entonces. Mi familia logró salir y ahora está refugiada en Afrin», cuenta Ahmad, un kurdo de 25 años residente de Sheik Maqsoud, el barrio de mayoría kurda donde viven alrededor de 500.000 personas. «Mi familia ha sido desplazada varias veces: en 2013 desde Alepo; luego, en 2019, a Tal Rifat , y a fines de 2024, nuevamente hacia Alepo. Estamos hartos», agrega.
Tras un acelerado aumento de las tensiones, la pasada semana una oleada de personas corría hacia el cruce Al-Zahoor, a la salida del barrio de Achrafieh. Algunos iban en coches privados; otros, a pie, cargando sus pertenencias o a sus hijos pequeños en brazos. De fondo, pero cerca, se oían disparos de ametralladora y estruendo de morteros. El estallido de la artillería ahogó a miles de personas que huían buscando refugio.
La escalada entre las fuerzas gubernamentales sirias y las fuerzas de seguridad respaldadas por las FDS (Asayish) se intensificó tras meses de tensiones entre ambos bandos. El fantasma de una nueva guerra en Siria atormentó a la población. Al menos 150.000 personas fueron desplazadas hacia distintas regiones, según la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (Unocha). «Para muchos, la caída del régimen de Al-Assad no significó paz, sino un conflicto de otras características. La situación de los kurdos no cambió, seguimos siendo discriminados», asegura Ahmad.
El área fue catalogada como «zona militar cerrada» y un pesado infierno cayó sobre el barrio. Los civiles recibieron órdenes de no acercarse a las posiciones de las FDS. Los corredores humanitarios fueron cerrados, y comenzó a una tormenta de proyectiles que resonó en toda la ciudad. Lanzacohetes, morteros, tanques, camionetas cargadas con cañones de infantería entraron en los barrios, pero se encontraron con una dura resistencia.
Los combates continuaron hasta la madrugada del viernes, antes de que se acordara un alto el fuego provisional a las tres de la madrugada. Durante la mañana del viernes, la situación seguía siendo inestable. Los enfrentamientos habían cesado, se había abierto otro corredor humanitario, pero pronto volvieron a propagarse informaciones sobre nuevos combates. En el Hospital Al-Razi, las ambulancias llegaban a máxima velocidad con heridos cada cinco minutos.
«Estamos trabajando al límite de nuestras capacidades. Muchos voluntarios han venido a ayudar. El número de heridos no para de crecer, no tenemos una cifra oficial de fallecidos, pero en este hospital superan la decena», relata Abdelkader Farah, jefe del hospital, mientras una camioneta llega a la zona de emergencias transportando un soldado ya sin vida.
Los pasillos están abarrotados, con charcos de sangre en el suelo, desde la entrada hasta las salas de emergencias. La electricidad va y viene, poniendo en riesgo a los pacientes, mientras un disparo de mortero alcanz el techo.
En el segundo piso está Fatima Zahra, de cuatro años. «Una esquirla de ocho centímetros le entró en el ojo, los médicos le tuvieron que vaciar toda la cavidad ocular y partes del cráneo frontal están quebradas», explica entre lágrimas Ahmad Abu Sheikh, su padre. «Volvía del jardín de infantes en el barrio Midan cuando cayó una bomba. Las FDS están bombardeando zonas residenciales, atacando a civiles», denuncia en declaraciones a NAIZ.
Una inmensa red de albergues improvisados para desplazados se desplegó por Alepo para brindar refugio y ayuda a miles de personas. La mezquita Zein Al-Abideen, en el barrio de Nueva Alepo, se ha convertido en refugio para 337 personas. Voluntarios como Asaad acudieron rápidamente a apoyar a las familias desplazadas. «Regresé a Siria hace apenas dos meses desde Líbano. Pensé que la guerra había terminado, así que volví para retomar mis estudios, pero ahora todo está empezando de nuevo», se lamenta.
Una inmensa red de albergues improvisados para desplazados se desplegó por Alepo para brindar refugio y ayuda a miles de personas
Shahed Baki Zada, encargada de dirigir el centro, afirma que «la situación es muy difícil, pero nuestra prioridad es asegurarnos de que la gente esté bien y segura, abrigada, cómoda y alimentada. El invierno es muy frío en Alepo. Tememos que esta situación se prolongue, pero esperamos que se resuelva. En caso contrario, no contamos con suficientes suministros para mucho tiempo», advierte.
Por la noche, el Ejército sirio entró en gran parte de los barrios, tomando el control, según fuentes oficiales, de dos tercios de la zona. El sábado por la mañana los enfrentamientos ya habían bajado en intensidad. El portavoz del Ejército anunció «el cese de todas las operaciones militares en el barrio de Sheikh Maqsoud, a partir de las 15.00. Se comenzará a ceder el control de todas las instalaciones sanitarias y gubernamentales a las instituciones estatales y se retirará gradualmente de las calles del distrito».
Mazloum Abdi, líder de las FDS, señaló que gracias a la mediación internacional se había llegado a un acuerdo de alto el fuego que coordinó la operación que aseguró la evacuación segura de «los mártires, los heridos, los civiles atrapados y los combatientes» de la ciudad. Los autobuses que transportaban a los últimos miembros de las FDS salieron del barrio Sheikh Maqsoud hacia el noroeste, en una operación coordinada gracias a la mediación internacional.
Cambio de posición de EEUU
La Administración estadounidense ha apoyado a las FDS en la guerra contra el Estado Islámico (ISIS), principalmente para evitar que controlen los recursos naturales del país. Pero una vez caído el régimen de Bashar al-Assad, Donald Trump estrechó la mano del actual presidente sirio, Ahmad al-Sharaa. Por este motivo, ha dado el visto bueno a las negociaciones entre Damasco y la Administración Autónoma del Norte y Este de Siria (Aanes) liderada por los kurdos. Estar a ambos lados del mostrador resultaba difícil para EEUU.
Por otro lado, Turquía, uno de los principales aliados de Damasco, considera a las FDS una extensión del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) y se ha mostrado dispuesta a ayudar al Gobierno sirio si este se lo solicita.
Turquía considera a las FDS una extensión del PKK y se ha mostrado dispuesta a ayudar al Gobierno sirio
En opinión del historiador sirio Aymenn al-Tamimi, «es un problema de visiones políticas diferentes. El Gobierno de Damasco no acepta la idea de otro proyecto político, por eso no avala el concepto de autonomía de la Administración del Noreste de las FDS. Estos demandan que se les reconozca, todo lo que estamos viendo es una consecuencia de esta problemática, de visiones políticas irreconciliables», sostiene. «Muchas fuerzas militares, entre ellas miembros de tribus, esperaban la orden para atacar. Hemos presenciado una decisión del Gobierno central de imponer su control sobre el territorio», añade.
En este contexto, la coexistencia de fuerzas armadas y proyectos opuestos sin una salida política acordada presabgiaba un desenlace trágico. Por el momento, los residentes están volviendo a sus hogares. Muchos de ellos destruidos, saqueados e incendiados. Ambas partes han denunciado ataques contra zonas residenciales y civiles ampliamente documentadas. En cinco días, al menos 30 personas murieron en eso enfrentamientos, mientras que más de 150.000 fueron desplazadas dejando un rastro de nuevas heridas que serán difíciles de sanar.
Tras los combates, las FDS serán más reacias a integrarse en el Ejército regular sirio sin conservar cierto grado de autonomía o sin un acuerdo para un sistema de gobierno federalizado, así como sin garantías constitucionales concretas para los derechos kurdos.
La batalla de Alepo parece ser el comienzo de un proceso de reestructuración territorial y política más grande.

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