
El colegio de Bétharram se cerrará este próximo verano, tal y como ha anunciado a la cadena RTL Pierre-Vincent Guéret, presidente de Fnogec, organismo que gestiona la educación católica en el Estado francés.
Dicha clausura está todavía pendiente de que desde el Vaticano se dé el visto bueno, ya que la Congregación del Sagrado Corazón de Jesús de Betharram, que surgió en el siglo XIX en el Bearn, depende directamente de la curia romana.
Aunque las primeras denuncias por abusos sexuales en dicho centro educativo se remontan a la década de 1990, fue a partir de 2023 cuando el caso cobró una mayor notoriedad, lo que derivó en la creación de un colectivo de exalumnos, entre los que se encuentran también algunos ciudadanos vascos, que aportaron sus testimonios en NAIZ Irratia.
Finalmente, se presentaron más de 200 denuncias contra quince sacerdotes, casi todos ellos ya fallecidos, además de otros cuatro laicos que trabajaron desde mediados de 1957 hasta 2004.
Las primeras detenciones se produjeron a mediados de febrero de 2025, cuando tres hombres fueron acusados de haber violado entre los años citados a alumnos menores de edad.
Inacción institucional
Con motivo de ello, varios diputados vascos pidieron explicaciones al que en ese momento era primer ministro, François Bayrou, al parecer conocedor de esos delitos con anterioridad –fue nombrado ministro de Educación en 1993– en un centro educativo en el que estudiaron dos de sus hijos y donde su mujer ejerció como catequista. Más tarde, en julio, una comisión parlamentaria le acusó de no haber actuado en el caso.
Un mes después, echó a andar en la Universidad de Baiona la comisión de investigación sobre dichos sucesos, en la que activistas de Femen realizaron una protesta al grito de «¡Ni olvido ni perdón!». Con anterioridad, lo habían hecho ante los muros del colegio.
Solo en dos casos no ha prescrito el delito y la única acusación vigente es contra un exsupervisor de Bétharram por violación y agresión sexual. Sin embargo, en abril pasado y en el marco de una conferencia organizada por la Iglesia Católica en torno a la lucha contra la violencia sexual en su seno, fueron varios los desgarradores testimonios en directo que se aportaron sobre lo que ocurría en el colegio bearnés.
Posteriormente, ya en octubre, la congregación religiosa que gestionaba dicho centro educativo anunció la indemnización económica a todas aquellas víctimas de abusos y agresiones sexuales –no así las físicas, que también las hubo–, tras reconocer su responsabilidad en los hechos.

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