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¿Sirven para algo los «semáforos» si no se hacen suficientes test?

Kit de pruebas PCR. (Aritz LOIOLA/FOKU)

Durante estas fiestas se han hecho muy pocos test diagnósticos del covid. Es un dato objetivo; los 6.151 realizados el domingo en Hego Euskal Herria no son ni la mitad de los que se han llegado a hacer en la segunda ola. No es algo nuevo que en los días festivos y fines de semana se produzca un bajón, pero en este caso se han encadenado casi dos semanas de fiesta, y hay que tener en cuenta que ya veníamos de una tendencia decreciente y poco explicada en el número de pruebas realizadas.

Sin conocer las razones, que permanecerán ocultas, es llamativo que cuando las instituciones y sus órganos asesores, ayer mismo la Comisión Técnica del LABI, nos advierten de la peligrosidad del momento en que nos hallamos, con riesgo claro de repunte o de entrar en una tercera ola, no se haya mantenido e incluso ampliado el número de test para conocer con el mayor detalle cuál es la afección real del virus.

Porque, con tasas de positividad del siete o del diez por ciento, es evidente que muchos contagios no se detectan, que si se hicieran más pruebas se registrarían más casos. En este momento los datos de incidencia dependen mucho de la cantidad de pruebas. Y siendo eso así, hay que preguntarse hasta qué punto son fiables los semáforos que, en función de esa incidencia, marcan si una localidad está en verde, amarillo, naranja o rojo. ¿Mantendrían el color que tienen hoy si se hubieran hecho más test? Es una pregunta pertinente, porque la aplicación de algunas medidas, por ejemplo en la hostelería, depende de ello. ¿Nos podemos fiar de que reflejan fielmente la situación de cada municipio? Y si no es así, ¿de qué sirven?