INFO

El sufrimiento laboral aflora en el debate sobre las pensiones en el Estado francés

El Estado francés dispone de una prolífica legislación sobre salud laboral, lo que no impide que las cifras de siniestralidad vayan en aumento, con una incidencia agravada en los trabajadores de más edad a los que se aspira a retener en los tajos con la reforma que se debate en la Asamblea Nacional.

Flores tras el homenaje sindical al gruísta fallecido, en marzo de 2022, en Baiona. (Guillaume FAUVEAU)

«Instrumentalizar esta cuestión en el marco de un debate obstruccionista es una indignidad», se quejaba, el pasado lunes, el ministro de Trabajo francés, Olivier Dussopt, al ser interpelado sobre las muertes en el trabajo.

Al arranque de la segunda semana de debate en la Asamblea Nacional de la Reforma de las Pensiones presentada por Élisabeth Borne, el macronismo insiste en los llamamientos a la alianza de izquierda Nupes para que «renuncie al bloqueo» –y es que esas 14.000 enmiendas que quedan por tratar, lo que complica el voto de aquí al viernes del proyecto– y en despejar, al tiempo, el camino con la derecha de Les Républicains (LR), con quienes ha cerrado ya un acuerdo que rebaja un año el máximo de cotización (43 años) para las llamadas «carreras largas».

La oposición tumba el artículo 2

Un avance para la mayoría presidencial que se matizó tras una primera derrota: con la «ayuda» de 38 diputados de LR, la oposición tumbó el punto 2 de la reforma, relativo a la exigencia a las empresas de elaborar un índice que visualice la proporción de trabajadores senior en sus plantillas.

Ya por coinsiderarlo inoperante, ya por dudas de constitucionalidad, la iniciativa decayó, al filo de la medianoche.

Pero volviendo al «debate colateral» sobre los accidentes laborales, Olivier Dussopt cometió el error de evocar una supuesta «estabilidad estadística» que se ha vuelto en su contra.

De tal forma que, al igual que le ocurriera, días antes, al ministro portavoz, Olivier Véran, a la hora de contrarrestar informes que dejan claro que esa pensión mínima a 1.200 euros que ha prometido el Gobierno para edulcorar su proyecto no será ni con mucho universal, al titular de Trabajo le desmintió la dolorosa realidad: la siniestralidad laboral es una catástrofe silenciosa que se cobra cada año más vidas en el Estado francés.

«En 2005, 476 personas murieron en el Hexágono en accidentes laborales, cifra que ascendió a 542 en 2009 y a 790 en 2019»

Un estudio pormenorizado de la estadística obliga además a reconocer que la cuestión de la siniestralidad no es un elemento exógeno en el debate de un proyecto de ley que contempla que la edad de referencia para la jubilación pase de 62 a 64 años.

Ello sin perder de vista que los trabajadores que no alcanzan a esa edad sus 43 años de cotización que se precisan para obtener una pensión plena, se ven obligados, para alcanzar una pensión mínima, a extender su vida laboral hasta el límite de los 67 años.

A más edad, más riesgo de accidente o enfermedad

De los 733 fallecimientos registrados como accidentes laborales por la Seguridad Social francesa en 2019, último año con estadísticas completas, 404 tenían 50 o más años de edad.

Las estadísticas de siniestralidad laboral existen pero no se publicitan en exceso en el Estado francés.

Sin embargo, existe una cuenta de Twitter, @DuAccident, que desde hace ya unos cuantos años se toma el trabajo de bucear en los medios de comunicación y rescatar las referencias, normalmente breves, sobre aquellos mueren mientras realizan su trabajo.

Y esa contabilidad permite comprobar que, efectivamente, la edad, como la temporalidad del contrato o el sector de actividad, es una de las constantes en el mapa de la siniestralidad.

Por citar solo algunos de los casos que han transcendido a través de esa cuenta, en lo que va de febrero han fallecido: un empleado de 52 años que trabajaba en una planta depuradora de Nievroz; un trabajador con contrato temporal que, a los 59 años, murió en obra en Marsella; un obrero de 33 años de edad y originario de Albania fallecido también mientras trabajada en la construcción en Isère; el empleado de una planta de papel aplastado por una bobina en Laveyron, a los 53 años de edad; un agricultor de 56 años muerto cerca de Lyon, un camionero de 58 años que tras sentirse indispuesto chocó su vehículo contra la mediana en Mulhouse...

En el primer mes y medio de este 2023, ya hay que lamentar una treintena de fallecidos a consecuencia de accidentes laborales en el Estado francés.

Muerte de un trabajador gruista en Baiona

Las cifras del organismo de Investigación, Estudios y Estadísticas (DARES) permiten establecer un ránking de frecuencia de accidentes mortales por sectores.

En el sector primario, donde la edad media de jubilación es más tardía, por la pérdida de poder adquisitivo de los agricultores y la dificultad para encontrar relevo en las explotaciones, esa frecuencia se fijó, en 2019, en un 50,2.

En el sector de la construcción, ese índice de frecuencia se disparó al 65,8 y entre los trabajadores temporales se elevó al 40,7.

Mohamed Kechoui encontró la muerte, en 2022, mientras maniobra con una grúa en Baiona.

‘Momo’ tenía 42 años, era padre de dos hijos y tenía un contrato temporal.

Sindicatos denunciaron con posterioridad al mortal siniestro, ocurrido el 9 de marzo en el Bulevard Alsace-Lorraine, las fallas tanto en formación como en seguridad.

Un informe judicial laborado con posterioridad incidió en la deficiente fijación de la grúa.

Preservar condiciones aceptables a lo largo de la carrera

En otra de las muchas aristas del llamado sufrimiento laboral, un 38% de los trabajadores hexagonales manifiestan que, aunque en diverso grado, viven como penoso el trabajo que desempeñan de manera habitual. El dato ha dado lugar a otro de los «debates colaterales» que se han abierto paso en el contexto de la tramitación de la Reforma Borne.

«A los 60 años, la mitad de los trabajadores alberga dudas respecto a que su estado de salud les permita seguir con su trabajo»

«Los resultados provisionales del estudio llevado a cabo por el Observatorio Evrest reflejan que a partir de los 60 años de edad, la mitad de los obreros y empleados expresan dudas respecto a que su estado de salud les permita, en el horizonte de los siguientes dos años, seguir con su tarea habitual» explicaba en un reciente artículo François Desriaux, redactor jefe de la revista especializada ‘Salud y Trabajo’.

El autor se hacía eco de un informe del Tribunal de Cuentas sobre las políticas de prevención en materia de salud en las empresas, publicado en diciembre de 2022, en el que se critica la falta de ambición de una política de prevención «por la que muchas empresas no se sienten concernidas».

Más que de la Reforma del Sistema de Pensiones, que pasa de puntillas sobre la cuestión, como se desprende de la declaración del ministro de Trabajo, la esperanza de que cambien las cosas puede venir de la decisión adoptada por la Corte de Casación, el pasado 20 de enero pasado.

«En caso de negligencia grave imputable al empleador, se autoriza a las víctimas a obtener una reparación complementaria en razón del sufrimiento moral y físico padecido», se puede leer en el fallo de la Corte de Casación.

De acuerdo a expertos en salud laboral, esa doctrina permitiría a los afectados reclamar una indemnización complementaria por montantes mucho más elevados, lo que, indirectamente, podría empujar a las empresas a ser más escrupulosas en relación a sus obligaciones en materia de riesgos laborales.

«Marcha Blanca», el 4 de marzo, en París

Así las cosas, de manera voluntaria o temor a sufrir sanciones más abultadas, las empresas podrían verse obligadas, vaticina Desriaux, a «garantizar un trabajo más soportable a lo largo de toda la vida profesional del empleado, lo que al faltar hoy por hoy constituye un obstáculo para el empleo de trabajadores senior».

A la espera de los efectos de ese cambio de doctrina, desde @DuAccident se mantiene la labor de sensibilización social que se verá apoyada el mes de marzo con dos acciones nuevas.

De una parte se anuncia la aparición del libro ‘L'Hécatombe invisible - Enquête sur les morts au travail’ escrito por el impulsor de esa cuenta, el profesor Mathieu Lepine.

Al tiempo, un grupo de familiares que se ha bautizado como ‘Collectif familles : Stop à la mort au travail’ anuncia una «Marcha Blanca» el 4 de marzo en París en un homenaje inédito a las víctimas de accidentes laborales.

Una imagen difícil de soslayar, ya que aunque el Gobierno trate de encapsular el trámite de la reforma de pensiones, este está sirviendo de catalizador de un debate general sobre el trabajo.