La frontera venezolana, en una calma expectante
El tránsito en los límites entre Colombia y Venezuela sigue con normalidad, pese a que Petro despliega al Ejército ante una posible llegada de refugiados o incursión guerrillera. El gobierno venezolano blinda su territorio. «He pasado por diez retenes desde Caracas», cuentan quienes salen.
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El puestito de sombrilla y termo de Yolimar vende más cafés estos días en el puente Simón Bolívar, el principal paso fronterizo entre Colombia y Venezuela. A las tres tanquetas blindadas y una decena de militares se han sumado decenas de periodistas de todo el mundo. «Del resto, sigue todo en calma, como siempre, hasta menos gente pasa», dice la vendedora ambulante. La afluencia de cruces se mantiene normal tras la captura de Nicolás Maduro, unas 30.000 personas a pie, en coche o moto que a diario van y vienen para trabajar o visitar familiares a ambos lados.
La población venezolana vive con cautela los días posteriores a la caída de su presidente. «No hay escándalos, todo está tranquilo, a la espera de lo que pase», asegura Henry Macías, albañil. Aún con el juramento de Delcy Rodríguez como presidenta interina, hay una sensación de vacío de poder y, sobre todo, una gran expectativa sobre la posición de las Fuerzas Armadas, si apoyará una salida negociada o blindará al proceso bolivariano.
Las ínfulas de Donald Trump en sus últimas apariciones abundan el nerviosismo. «Yo estoy al mando en Venezuela», soltó ayer, para indignación de algunos en la frontera. «Es como si yo llego a su casa y me metiera con una cuerda de delincuentes a robar. A mí me hablan de régimen, pero régimen es el de Trump que no le importa bombardear niños, ancianos, atacar países», se queja Pedro Parra, que carga una nevera de corcho con natillas. «¿Y ahora qué sigue?», se pregunta.
Esa incertidumbre contrasta con el sosiego de quienes viven fuera de Venezuela. «Para mí es una gran alegría, qué milagro que sucediera», dice Luis Rumano, que sale por tierra con su familia y un montón de maletas, porque su vuelo a Santiago se canceló por el cierre del espacio aéreo. Otro que también vive en Chile desde hace varios años es Ariles Allen. Ha pasado por diez retenes del Ejército en su trayecto desde Caracas, a unos 800 kilómetros, y en ninguno lo han parado. «Hay poco tránsito, está ligero. Por primera vez hay un orden», cuenta. Pese a las largas filas para hacer acopio, tampoco ha notado desabasto en la capital venezolana, donde anoche se reportaron disparos en los alrededores del palacio presidencial.

En Cúcuta, el júbilo inicial por la captura de Maduro entre la diáspora venezolana, más de 200.000 en esta ciudad fronteriza, ha dado paso a la prudencia y la preocupación. «Un poco más aliviada, pero con mucha expectativa. Todavía tengo mucha familia en Venezuela, sufro por ellos», dice Adriana Salazar, una joven que la primera noche de Maduro detenido en Nueva York salió a celebrar. En otra convocatoria de festejo al día siguiente, no llegó nadie. «No me gusta lo que hizo Trump, porque el país está tranquilo, no tiene por qué haber muertos, guerra», se lamenta Zuly Guerra, militar retirada que, pese a huir de la escasez, le «duele lo que le han hecho a Venezuela». Pese a la inquietud, ni Adriana ni Zuly planean que su familia salga.
Ante una posible llegada masiva de refugiados, el presidente colombiano, Gustavo Petro, ordenó el despliegue de 30.000 militares a lo largo de los 2.200 kilómetros de porosa frontera. Su ministro de Defensa matizó que se activaron todas las capacidades para «anticipar y neutralizar» cualquier ataque del Ejército de Liberación Nacional (ELN), la guerrilla que opera a ambos lados de la frontera y que en el último año ha recrudecido sus acciones bélicas.
«Esa (el ELN) es nuestra amenaza permanente, sobre la cuál enfocamos nuestro accionar para mitigar, debilitar y poder derrotar militarmente», explica a Gara el teniente coronel, Jonathan Artus, a cargo del destacamento en el puente Simón Bolívar. La preocupación es que la inestabilidad del lado venezolano fuerce el repliegue del ELN hacia su territorio. La otra, es la de un ataque estadounidense sobre esa región, el Catatumbo, donde se produce más coca. La posibilidad de una intervención militar en Colombia es cada vez mayor, tal y como ha reiterado Trump desde la captura de Maduro. «Mejor cuide su trasero», le dijo a Petro, que respondió: «Atacar nuestra soberanía es declarar guerra».
