09/02/2020

Subjetividad
IKER FIDALGO ALDAY
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El arte es el vehículo de la subjetividad. Sin embargo, esto no significa que sea necesariamente autorreferencial. La creación poética se basa en la experiencia propia y se completa en tanto en cuanto se relaciona. Esta cualidad le hace capaz de crear relatos con los que identificarnos y sentirnos parte de un lugar común. La pieza artística no es lo importante, sino aquello que es capaz de generar. El arte no existe si no es voz activa de un entramado de diálogos. Estos pueden darse a nivel formal, conceptual, en relación con la propuesta comisarial de la que depende o según la óptica desde donde se realice la lectura. Es por eso que los significados nunca son absolutos y las obras deben entenderse como una superposición de capas a las que ir accediendo. De esta manera, cada nuevo encuentro puede ser diferente, siendo una narración que se expande hacia distintos lugares.

Con todo, el arte es capaz de llevarnos hacia nuevas maneras de entender nuestra vida. Nos brinda cada vez un viaje nuevo que requerirá, sin lugar a dudas, de una implicación comprometida de la mirada que lo interpela. El proceso no es fácil, ni cómodo, pues todo aquello que remueve nuestros propios cimientos nunca deja de escocer. La misión de la cultura es entonces ayudarnos a poner en riesgo todos nuestros privilegios para conseguir mejorar todo aquello que nos rodea.

El 31 de octubre del pasado año, la sala Film & Video del Museo Guggenheim de Bilbo inauguró “Temblad, temblad” a cargo de la artista Jesse Jones (Dublín, 1978). Trabajo que representó a Irlanda en la 57ª Bienal de Venecia del año 2017 y que se erige como un alegato feminista que reivindica la figura de la bruja como elemento referencial para el empoderamiento de género, justo en un momento en el que su país estaba afrontando un nuevo debate en torno a la legislación del aborto. El propio título se basa en los eslóganes de las protestas feministas que tuvieron lugar en Italia en los años 70. La bruja como personaje ha sido presentada como una maldad cargada de dañinos poderes. Sin embargo, de este estereotipo subyace una lógica de dominación del cuerpo de la mujer y una negación de determinada sabiduría popular que es censurada y enterrada frente a una hegemonía religiosa impuesta a base de muertes y represión. Ya en sala, una proyección nos presenta a una bruja de gran tamaño que reivindica un nuevo orden social basado en el poder chamánico de la mujer. En el espacio central, diferentes objetos parecen ser los restos de un ritual que es activado por una performer. La pieza ha contado con la colaboración del Museo San Telmo de Donostia, aportando elementos propios de la cultura funeraria de Euskal Herria que ayudan a readaptar a nuestro contexto el trabajo de Jones. Puede visitarse hasta el próximo 1 de marzo.

El cineasta vasco Victor Erice (Karrantza Harana, 1940), presentó a finales de 2019 la videoinstalación “Piedra y cielo”, que podrá visitarse hasta el 30 de marzo en el Museo de Bellas Artes de Bilbo. El compositor y musicólogo Aita Donostia (José Gonzalo Zulaika; Donostia, 1886-Lekaroz, 1956) y el monumento que Jorge Oteiza inauguró en su honor en la cima del monte Agiña en 1959, es el motivo principal del trabajo de Erice. Un acercamiento a la propia carga simbólica del lugar, pues es una estación megalítica asociada a ritos ancestrales plagado de crómlech y dólmenes. Esta atmósfera que, sin duda, conquistó al escultor para la instalación de su memorial, parece ser lo que el cineasta intenta captar desde la plástica cinematográfica. La instalación consta de dos proyecciones de grandes dimensiones bautizadas como “Espacio Día” y “Espacio Noche”. La banda sonora es la última composición de Zulaika fechada en el año 1954 e interpretada para la ocasión.