Andoni Lubaki
Fotokazetaria / Fotoperiodista
REPORTAJE FOTOGRÁFICO

El archivo fotográfico de Eustaquio Berriochoa en la guerra del Rif

La familia del urretxuarra Eustaquio Berriochoa halló en el año 2016 un total de 127 negativos de fotografías tomadas en la guerra del Rif en los años 20 del siglo pasado. Su legado queda conservado con la digitalización de las imágenes, que ofrecen una perspectiva personal de aquella contienda bélica.

Autorretrato de Eustaquio Berriochoa, recién llegado a Melilla.
Autorretrato de Eustaquio Berriochoa, recién llegado a Melilla. (Eustaquio Berriochoa)

Cerca de Annual, dispuestos para disparar. Berriochoa es el primero de la fila y frente a él tiene una bomba que no ha estallado (autorretrato). (Eustaquio Berriochoa)

Retrato de Ahmed, colaboracionista y traductor. (Eustaquio Berriochoa)

Mendia (así lo identificó el fotógrafo en el archivo original), en el monte con su perro, fuera de la fortaleza militar, observando el paisaje. (Eustaquio Berriochoa)

Eustaquio Berriochoa (1899-1988) fue un ingeniero nacido en Urretxu. Desde una edad muy temprana, una cámara de fotos Zeiss importada desde Alemania captó su curiosidad e inició así una estrecha relación con la fotografía. Cuando cursaba sus estudios de Ingeniería en Madrid, su familia de Urretxu recibió la notificación que le ordenaba acudir a la guerra del Rif. En aquella época, el padre de Eustaquio era el alcalde de la localidad guipuzcoana y sabía que su hijo habría de acudir a la contienda bélica en cuanto vio su nombre inscrito en la lista de quintos.

Con 21 años era de obligado cumplimiento realizar el servicio militar, por lo que su padre, Genaro, envió numerosas misivas a los ministerios de guerra de Madrid, intentando así evitar que su hijo fuera trasladado al Rif. En una de sus cartas señalaba que Eustaquio tenía problemas de visión; en otra, afirmaba que sus piernas eran débiles y que era un joven enfermizo. En una tercera aseguraba que era una persona de «espíritu débil».

Varios niños trabajan como vendedores en una feria de ganado. (Eustaquio Berriochoa)

Los días de mercado, se vendían productos producidos por las mujeres; los soldados españoles tenían prohibido acudir a los mercados locales, y esta fotografía es una de las pocas que se conserva y que fue realizada en ese contexto. (Eustaquio Berriochoa)

Después de tantos intentos, parecía que la insistencia daba resultado, al menos por un tiempo, ya que Eustaquio Berriochoa no fue a la guerra en 1921, sino dos años más tarde. De haber acudido en el año que le correspondía, hubiera vivido en primera persona el desastre de Annual, una importante derrota militar española ante los rebeldes rifeños.

La comandancia de Melilla, al saber de sus estudios superiores en Ingeniería, lo envió junto a otros soldados a las tierras donde se encontraba el “enemigo”. Así, y siempre acompañado de su inseparable cámara, tuvo acceso a lugares fuera de la ley marcial, donde pudo realizar numerosas fotografías.

Un hombre ofrece servicios de peluquería y barbería cerca de Kandusi. (Eustaquio Berriochoa)

Egea (identificado así por el fotógrafo en el archivo original) escribe una carta a su madre en el campamento español ubicado cerca de Kandusi. (Eustaquio Berriochoa)

Panorámica del campamento.

En 2016, la familia de Eustaquio Berriochoa tuvo conocimiento de estas fotografías, que hasta entonces habían permanecido escondidas en casa de otra familia de Urretxu. Sus familiares llevaron a cabo una investigación a fondo en torno a esas imágenes, e iniciaron un proceso de digitalización de las mismas para garantizar su conservación. En total se hallaron 127 negativos, descubriendo así una perspectiva personal de la guerra del Rif jamás conocida.

Fortaleza española en la llanada del Rif. (Eustaquio Berriochoa)

Imagen tomada desde el interior de una tienda en el campamento. (Eustaquio Berriochoa)