XANDRA ROMERO
SALUD

Becas comedor Telepizza

A este manido tema de las becas comedor que Isabel Díaz Ayuso defiende como una comida “apta” para niños, parece que no tiene mucho más que añadirse; sin embargo, sí que lo hay. Este menú Telepizza, que la Comunidad de Madrid lleva repartiendo desde que se instauró el estado de alarma, ha sido muy criticado y ridículamente defendido por su máxima responsable. Sin embargo, como nutricionista, me parece de tal gravedad que puede catalogarse como un atentado contra la salud pública en toda regla. En primer lugar porque está destinado a ser el alimento de más de 11.600 niños, durante más de 60 días, que pertenecen a familias sin recursos.

Por un lado, pretende servir de “alimento”, sin embargo, cuando accedemos a la página web de Telepizza, donde se especifican los menús a los que tendrán acceso estas familias, solo aparece su aporte calórico, que varía desde las 64,8 kcal, hasta las 721,1 kcal. A primera vista, atendiendo a la única información que aportan, parece muy desproporcionado que un día una comida principal aporte 64,8 kcal y otro día entre 600 y 700 kcal. Es evidente que no todos los días comemos la misma cantidad o la misma densidad energética, pero no debe haber tantísima diferencia.

Por otro lado, no hay más información nutricional, por lo que no sabemos cuánto “alimentan” estos menús. Sabemos cuánta energía aportan a estos niños, pero no cuántos minerales, vitaminas, proteínas, carbohidratos y grasas y, lo que es más importante, la calidad de esas proteínas, carbohidratos y grasas. Otro aspecto crucial de por qué esta decisión de la presidenta de la Comunidad de Madrid es un error garrafal injustificable, es que es bien conocida la relación existente entre la prevalencia de sobrepeso y obesidad en población infantil que tiene escasos recursos.

Así lo evidencian desde hace quince años sendos estudios realizados en población infantil en el Estado español. Un ejemplo es el estudio de 2006, publicado en la revista “The British Journal of Nutrition” bajo el título “Prevalence and deteminants of obesity in Spanish children and young people”, donde se concluía que en relación con el nivel de estudio de los progenitores, los niños cuyos tutores tuvieron niveles de educación más bajos mostraron porcentajes más altos de obesidad que el resto.

Los autores se apoyaron en otras informaciones como enKid y el estudio Aladino de 2011, donde encontraron datos similares, mostrando una prevalencia de obesidad del 15,6% en aquellos niños cuyos progenitores tenían niveles educativos más bajos y del 10,9% en aquellos que tenían niveles educativos más altos. Por lo tanto, cuando el nivel educativo es menor, la prevalencia de la obesidad aumenta, tal vez debido al limitado número de recursos y a un conocimiento limitado de lo que constituye una dieta saludable.

Asimismo, en cuanto a los ingresos mensuales de cada familia, la prevalencia de obesidad fue del 15,1% cuando el nivel de ingresos era bajo, y del 12,0%, cuando era alto. También se obtuvieron datos similares en los estudios anteriormente citados, por lo que se concluyó que las personas pertenecientes a entornos socioeconómicamente desfavorecidos mostraron prevalencias de obesidad significativamente más altas que las de grupos socioeconómicos medios o altos. Algo que sigue ocurriendo 10 años después y así lo pone de relieve el estudio “Socio-economics, food habits and the prevalence of childhood obesity in Spain” de 2017, donde los autores concluyeron que la prevalencia de obesidad aumentaba entre los niños que viven en hogares con un nivel socioeconómico más bajo.

Y es que el panel de expertos del Gobierno de la Comunidad de Madrid debía haber tenido en cuenta que las ocasiones que favorecen la práctica de una alimentación saludable, en gran parte las determinan factores sociales, económicos y culturales que influyen en el acceso y la disponibilidad a la misma. Del mismo modo, los estilos de vida de los niños y los hogares juegan un papel fundamental en la prevalencia de la obesidad y, por tanto, su labor era protegerlos en un momento de tal vulnerabilidad y no todo lo contrario, que es lo que finalmente han hecho.