05/07/2020

Contranatura
IÑIGO GARCÍA ODIAGA
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El estudio de arquitectura MAD, uno de los más importantes de China, ha terminado un ambicioso proyecto con diez edificios que gracias a sus diferentes alturas y apariencia orgánica juegan a recrear la topografía original de las montañas que los rodean. Los edificios, situados a lo largo de la ladera sur del lago Taiping, forman un paisaje ondulado propio, artificial pero sensible respecto del lugar. Es este equilibrio entre naturaleza y artificio lo que otorga a este proyecto un valor singular.

Cuando Ma Yansong, el director y fundador del estudio MAD visitó por primera vez el lugar, confiesa que pensó que sería muy difícil argumentar que una promoción como esta pudiera coexistir con la naturaleza. Y que, por lo tanto, entendió rápidamente que el principal desafío de aquel proyecto sería ese, el de construir una arquitectura capaz de no dañar aquel idílico lugar.

El proyecto se sitúa en Huangshan, un municipio ubicado cerca de las antiguas aldeas de Hongcun y Xidi, en la provincia china de Anhui, hogar de una de las montañas más bellas del país. Conocido por su rico paisaje verde y los distintos picos de granito, este lugar singular ha inspirado a los artistas durante siglos, ofreciéndoles espacios protegidos para la contemplación y la meditación. La importancia del enclave fue puesta de manifiesto cuando la UNESCO lo declaró Patrimonio de la Humanidad, ayudando a que el ambiente humanista, bello y tranquilo del entorno se convirtiera en un destino turístico cada vez más popular.

El proyecto de MAD es parte de un plan maestro de carácter turístico de mayor alcance, denominado Huangshan Taiping Lake. Un plan que pretende proporcionar las comodidades de la vida contemporánea, al mismo tiempo que afirma la importancia de esta cordillera a nivel cultural. El proyecto definitivo muestra, por lo tanto, esas tensiones entre lo construido y el paisaje y se centra en la relación dinámica que se crea entre los diez edificios, estableciendo un nuevo tipo de paisaje de aldea; uno donde la arquitectura se convierte en naturaleza y la naturaleza se disuelve en la arquitectura.

El encargo original pretendía la construcción de dos imponentes torres, pero los arquitectos de MAD pensaron que ese planteamiento sería demasiado invasivo respecto el lugar, por lo que plantearon la idea de reinterpretar desde la visión actual un pueblo de montaña. Frente a aquellas dos torres originales, pensaron en un complejo residencial compuesto por diez bloques de apartamentos de no más de 60 metros de altura. Un sistema que les permitió crear múltiples niveles y plataformas, una sección que en la distancia recuerda a los campos de té en terrazas circundantes, o a los bancales de arroz. En definitiva, una topografía antropizada, artificializada por el hombre que en este proyecto se transforma en arquitectura. Gracias a este planteamiento los apartamentos parecen una extensión del paisaje existente, de la propia cordillera, alejándose de una arquitectura geométrica y pura, como aquellas del movimiento moderno que se imponían a la naturaleza.

Los apartamentos que forman este complejo se han pensado como retiros tranquilos. Cada uno cuenta con un amplio balcón cuyas líneas orgánicas responden a los contornos topográficos del terreno montañoso cercano. Con una forma abstraída de los campos de té cercanos, que parecen haber sido esculpidos por el viento y el agua en las laderas de las montañas, establecen una relación formal con el contexto. Extendiendo el interior hacia el exterior, proporcionan un gran espacio al aire libre, dando a los residentes la sensación de que no son solo observadores del paisaje que los rodea, sino que están inmersos en él, creando un diálogo con las montañas, el lago y el cielo. Las vías de acceso y los caminos han sido determinadas por el propio paisaje, de modo que se deambula de forma natural a través de los árboles y entre las arquitecturas, ofreciendo un acceso único a este importante lugar.

Un modo de vida no urbano. La sensibilidad con la que esta aldea se adapta al lugar se refleja en su entorno natural. Ofrece un nuevo tipo de vida vertical que, si bien complementa arquitectónicamente el bosque circundante, también mejora los niveles de confort y bienestar de sus habitantes, estableciendo una sinergia entre los humanos, la naturaleza y la cultura local. La intención no ha sido únicamente la de crear una arquitectura que haga referencia a las formas de la naturaleza, como los campos, las montañas o el agua, sino establecer un sitio donde la gente pueda reconectarse con la naturaleza a un nivel más espiritual. Crear una arquitectura que evoca emociones y que encarna la búsqueda de un modo de vida no urbano, en definitiva que quiere resolver el conflicto entre humanos y naturaleza, partiendo a priori de un desarrollo inmobiliario contranatura.