Koldo LANDALUZE
CRÍTICA «Contratiempo»

Un triste juego de trileros

Al igual que en su debut tras la cámara, el guionista y realizador Oriol Paulo ha querido beber de las fuentes hitchcockianas en su empeño por elaborar un thriller cargado de sorpresas que no lo son. Si en “El cuerpo” al menos partía de una interesante premisa, en esta oportunidad tropieza de lleno con las trampas más que evidentes que aderezan una función que vuelve a reivindicar a Hitchcock como mago del engaño disfrazado de suspense pero que finalmente se conforma con copiar lo menos interesante del que fuera considerado como el alumno aventajado del autor de “Vértigo”, Brian de Palma. En su intento por desarrollar un thriller movido por los resortes del juego maquiavélico, Paulo Zurce de manera tosca un hilvanado de secuencias que parten del desconcierto inicial que padece el protagonista, un flamante joven empresario que despierta en la habitación de un hotel acompañado por el cadáver de su amante. Para desmotrar su inocencia, el acusado contratará los servicios de una abogada experta en preparar testigos.

Todo en “Contratiempo” transcurre por parámetros preestablecidos en los que el guion –al igual que el escribió el propio Paulo para “Secuestro”– se obsesiona por soprender al respetable y confundirlo en una partida de trileros resuelto mediante diálogos que únicamente tiene como propósito subrayar lo que ya estamos viendo y otorgar sentido al recital de flashbacks con los que se quiere dotar de sentido a una historia que naufraga en su intención lejana de emular al clásico “Muerte de un ciclista”.

Otro tanto podría decirse de un reparto en el que Mario Casas no logra soportar el peso de un personaje ya de por sí bastante mediatizado y que al igual que el resto de intérpretes, únicamente son meras marionetas manejadas por la dictadura de un guion al que solo le importa derivar hacia un abracadabrante epílogo.