Una sensación reconocible para un once sorprendente
Algo había dejado caer José Luis Mendilibar la víspera, al recordar que los suyos habían jugado cuatro días antes en un campo pesado. Pero nadie esperaba que fuera a revolucionar su once como lo hizo en Bilbo.
Seis caras nuevas que no sólo conformaron un equipo inédito, sino que reunieron a un puñado de jugadores con pocos minutos, y menos titularidades, en sus piernas.
Dio resultado porque, viendo los precedentes en San Mamés y que tocó jugar con el marcador en contra, el punto parece un buen botín. También porque reconoce el mérito de un equipo que no fue inferior a su rival. Aunque le tocó sufrir, tal y como cabía prever en cuanto se conoció la alineación armera, que enfrentaba al velocísimo Williams con un Juncà que, lesionado, llevaba dos meses sin vestirse de corto. Por ahí llegaron las mejores ocasiones rojiblancas y también el gol. Con responsables múltiples porque tan fácil se fue el navarro hasta la línea de fondo como solo remató Aduriz.
Llegar más por banda fue, precisamentel lo que le faltó a un Eibar que, con sus errores, fue mejor en el primer tiempo. Y que después tuvo alternativas de juego y pundonor para empatar y amagar hasta el final con la remontada.

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