Santi Noriega
CRóNICA MUSICAL

La vocalista Christie Dashiell abrió la 47 edición del Festival de Jazz de Gasteiz

Christie Dashiell en Gasteiz.
Christie Dashiell en Gasteiz. (Jaizki FONTANEDA | FOKU)

El Teatro Principal de Gasteiz acogió ayer lunes el concierto de Christie Dashiell Quartet que daba inicio a la programación oficial del Festival de Jazz de la capital alavesa. Una edición que aumenta su presencia en diversos espacios de la ciudad, llevando la música en improvisada en directo a diferentes escenarios, así como aumenta el número de talleres y eventos musicales vinculados, creciendo cada año desde aquella extraña pero interesantísima programación pandémica de hace ya unos años. Una de las novedades más destacables es, sin duda, el cambio de fecha. La organización ha apostado por retrasar una semana su calendario evitando coincidir con los sanfermines de la vecina Iruñea, dando oportunidad y tiempo a los aficionados a la música a pasar la resaca de la masiva y popular fiesta. Se verá, con el transcurrir de los días, si ciertamente se percibe un mayor ambiente en los recitales y si la iniciativa se viene exitosa.

La cantante de Washington D.C. y asentada en la inspiradora ciudad de Greenville, Carolina del Norte, ofreció un recital en el que su gran amplitud de registros vocales y el contrapunto de los solos de piano fueron los pilares de su puesta en escena. Acompañada del bajista Romeir Mendez al contrabajo, el pianista Allyn Johnson y de su hermano de madre, como ella misma le presentó, el baterista Carroll Dashiell III, recorrieron un repertorio basado en temas con aire soul y una armonía que va del pop al jazz desde que recorriera aquel camino el gran Stevie Wonder hace ya unas cuantas décadas, en el siglo pasado. El componente nuevo que la música de Christie Dashiell comparte con una nueva corriente, veremos si moda pasajera o evolución inminente, es la mezcla con las melodías y temas de inspiración country. Si no me creen, escuchen el último disco de esa diva del pop conocida como Beyoncé y verán que en su trabajo se dan la mano en una encrucijada de caminos el blues, la música latina, el country, el pop, el gospel, el jazz y algo que de vez en cuando recuerda a los clásicos de Disney o a los musicales de Brodway. Antecedentes como el disco ‘Spirityouall’ de Bobby McFerrin y los dúos del veterano pianista Hank Jones junto a Charlie Haden, y el reciente giro de guion de Beyoncé, parecen encontrarse en el cruce donde todas las músicas se juntan, nada sorprendente en un país que creó su cultura de la mezcla de las culturas de todos los que llegaron a aquella tierra desde los más diversos lugares del mundo y en las más diversas circunstancias.

El concierto comenzó con los mismos tres temas y en el mismo orden con los que comienza su segundo disco de estudio, ‘Journey in Black’. Un intenso canto místico, ‘Ancestral Folk Song’, en el que la cantante parecía querer dejar claro que posee una de las voces más potentes del circuito de «jazzwomen», era el tema de apertura, seguido de ‘Grief’, un tema hipnótico cuya melodía evoca giros de un jazz nórdico con melismas soul que no logran disimular la referencia, de pretenderlo, y que termina con un círculo vocal sobre el que el hermano hace las delicias de la audiencia rompiendo el ritmo con endiabladas ideas huidizas sobre los tambores de su batería. Y así un amable ‘How It Ends’, con aire de latin-bossa, cerraba el inicio del concierto, dando paso a una original y sorprendente versión de ‘Just Called to Say I Love You’, de Stevie Wonder, homenaje casi obligado y que con un ritmo abierto se insinuaba la melodía del pegadizo y conocido estribillo con mucho espacio para jugarla y desdibujarla de manera agradable y refrescante, cosa esta sorprendente cuando hablamos de uno de los temas más versionados en la historia de la música durante muchas décadas y por artistas de la más diversa índole.

Control de los matices

Y decir que a partir de este momento, Christie Dashiell fue controlando más y más el volumen y los matices en su voz, sintiéndose más cómoda y disfrutando de la interpretación de temas como ‘Thinking of You’, de su anterior disco ‘Time All Mine’, una balada pop que recordaba a clásicos de otras épocas, ‘Influence’, un agitado tema a ritmo de samba que se intercambia con el swing, yendo y viniendo, en el que el pianista Allyn Johnson hizo uno de los solos de la noche que levantó la ovación del público, y en el que la cantante de Maryland se lanzó en un alocado solo vocal en esa técnica que se dio por llamar scat y que consiste en construir melodías utilizando sílabas aleatorias que permiten desarrollar toda la imaginación melódica y rítmica que el ingenio del músico pueda alcanzar. Una vez más, el tema finaliza con un alocado solo de batería sobre un obstinato de los otros tres que sirve de fondo para el contraste rítmico los tambores.

‘The Things You do’, un tema soul sobre un ritmo de medio funk, quizás el más ajustado al estiro r&b de todo el repertorio, el inédito ‘Into My Arms’, y un agradable ‘Invitation’, en el que la cantante ya completamente relajada y disfrutona se olvidó de las demostraciones poderosas abandonándose a la música una vez que el público ya se encontraba rendido o ella se sabía triunfadora, cerraron el recital. Al bis acudieron solícitos los músicos tras la insistencia del respetable para interpretar un último tema, ‘Brother Sister’, el mismo que cierra su disco, regalándonos el momento más emotivo, profundo y evocador de cuantos se vivieron en el Teatro Principal. Y así, de apabullante potencia a elocuente seducción, nos llevó esta primara jornada del veraniego Festival de Jazz de Gazteiz. Una semana que promete grandes momentos de variada música, desde el jazz más profundo, el latin jazz, el flamenco, etc., hasta la jornada más urbana del día de cierre, como parece ser costumbre tras la clausura de Case 0 de la edición de 2023.

Hoy martes podrán disfrutar del jazz en los jardines de la ciudad y de Myra Melford Fire & Walter Quintet a las 20.30 en el Teatro Principal y de la jam session en el Silken Ciudad de Vitoria en hora golfa. Jazz para todos los públicos y música viva, o por qué no, ¡que viva la música!