Jazz con danza contemporánea y flamenco big band en Mendizorrotza
La infatigable batería Terri Lyne Carrington y el Big Band flamenco de Pablo Martín Caminero trío presentaron sus proyectos en el polideportivo gasteiztarra, en la primera de las cinco noches que será testigo de las actuaciones de Michel Camilo y Tomatito o los míticos Irakere con Chucho Valdés.

Mientras el grupo de alegre swing Sunset Rhythm Kings animaba a la hora del vermut a los paseantes en la céntrica plaza de la Virgen Blanca, en el centro de innovación Hibridalab tenía lugar la segunda charla coloquio a cargo de un afónico Pablo Martín Caminero. La ponencia giró alrededor de la «hibridación» surgida entre el jazz y el flamenco y los métodos compositivos del artista alavés, que más tarde presentaría junto a su trío y la big band teutona NRD uno de sus últimos proyectos.
En la cuesta San Vicente el grupo Vulcanizadas amenizaba la tarde con su animado soul mientras el Festival se desplazaba del Teatro Principal a Mendizorrotza.
La música larga de Sylvie Courvosier en el Teatro Principal
La compositora y pianista suiza, acompañada de los trompetistas Wadada Leo Smith y Nate Wooley, del batería Nasheet Waits, el contrabajista Drew Gress y el guitarrista Christian Fenesz, dio cuenta de buena parte de su último disco doble Chimaera, un disco minimalista y circular, con una base de corte chill out sobre el que se van sucediendo texturas sin prisa con una clara influencia de la música electrónica experimental. Si bien, en el disco suceden un mayor número de pequeñas cosas de manera más continuada, en el que el productor David Breskin, como ocurre cuando la música se realiza en una situación controlada de estudio, tuvo el tiempo necesario para pensar y ordenar los sonidos de forma meditada, en directo no existe la posibilidad de rectificar. En música sin melodías claras donde lo que se plantean son escenas sonoras, sutiles, impera la necesidad de ir dando píldoras de intensidad al oyente para que, sentado en una silla, su atención se mantenga centrada. Si le das la oportunidad, el oyente desconecta. La pregunta pertinente sería entonces ¿eres tú o soy yo?
El camino elegido por la pianista y sus partenaires para la puesta en escena del directo fue sin duda mucho más minimalista con respecto al trabajo de estudio, hasta el punto de que las cosas se sucedían cada mucho más tiempo, o incluso no llegaban a suceder. Y tantos momentos de –a ver quién quiere tocar teniendo la libertad y la inercia de no hacerlo– , fueron trabando la continuidad de los acontecimientos, haciendo que en momentos se perdiera la naturalidad de los cambios de escena, muy alejados unos de otros y sin llegar nunca a explotar y romper una parsimonia que por momentos se transformaba en indolente pereza. Después de diez o quince minutos, se decide romper con la atmósfera, dar un golpe encima de la mesa y de paso un pequeño susto al oyente, pero, si no se ha ido llegando a ese punto intencionadamente, en ese momento, te crees la escena o piensas: ¡son lágrimas de cocodrilo! Vuelves a preguntar, como en una cita en la que todo sale mal, ¿eres tú o soy yo?
Y es sabido que cuando una relación comienza a trompicones, no existe manera alguna de reconducirla. La música siguió sucediéndose de manera alejada, espaciada, relajante hasta la abulia, y cuando por fin termina y te sientes liberado, miras a tu alrededor y sientes la debilidad de buscar cómplices. Algunos no entendieron nada, como me pasó a mí, pero te das cuenta de que no te sirven de consuelo. Quizás no entendieron, pero no de la misma manera que mi ego. Miro entonces al otro lado y me encuentro con los entusiastas, aquellos a los que les ha encantado. Intento preguntar, comprenderles. Umh…! Definitivamente, el sonido queda en el recuerdo como una envolvente e inmóvil nube de humo, Los músicos salieron al escenario, hicieron lo suyo y de repente, no hablaban para mí, pero quizás si para ti, y por fin, no puedes encontrar una respuesta a la pregunta que ya sabéis.
Yo que soy un persistente cabezón, a lo hora de escribir estas líneas volví a ponerme el disco, como para buscar una reconcilicación íntima y última, y reconocí los temas, y me volvieron a parecer, como ocurriera antes del concierto en mi primera escucha, agradables, sensuales, interesantes (nunca vibrantes ni piri-piris). Así pues, mejor vayamos con lo sucedido en Mendizorrotza un rato después.
Pablo Martín Caminero trío y la NRD big band
En su regreso al festival, el músico local presentaba una colección de temas propios arreglados para big band con la colaboración del arreglista y director de la orquesta alemana Geir Lysne. Acompañado de sus habituales socios sobre las tablas, el virtuoso pianista Moisés Sánchez y el reconocido baterista vizcaino Borja Barrueta, y junto a los músicos de la gran banda compuesta por la sección de trompetas, trombones, saxos, guitarra y percusión, recorrieron temas con base mayormente flamenca en la que las improvisaciones se fueron repartiendo entre los diferentes músicos, que al ser tan numerosos, tocaron prácticamente a un solo por barba. Sonaron temas como ‘Salto al vacío’, ‘Blues para Gerardo Nuñez’, ‘FKOTR’, ‘Soleá de Gasteiz’, ‘Colina’ y ‘Trianatrón’ en un ambiente que el músico de casa siempre encuentra ciertamente acogedor.
El resultado es que la potencia, el brillo y la variedad tímbrica que se obtiene al colaborar con una gran banda, contrasta con la ligereza e intensidad del diálogo que se desarrolla en los grupos pequeños, pero en cualquier caso, no dejó de resultar interesante ver y escuchar a una cuadrilla de músicos alemanes tocando un arreglo por tangos o bulerías, o incluso sobre un vacilón tema con base de reguetón y aire flamenco, un poco más tumbao de lo que se baila en los clubs, «jazzeao» si me permiten el término.
Destacar algunos de los solos de los miembros de la big band, así como los de los miembros del trío y algunos momentos de gran intensidad sonora, y como decía, echar un poco de menos la frescura y energía del trío. Tres siempre se comunican más y mejor que veinte, aunque diecisiete estén mirando. Así llegamos al concierto último de esta primera jornada en Mendizorrotza.
Terri Lyne Carrington
Si tuviéramos que relatar el currículo de la genial baterista americana, terminaríamos antes haciendo la lista de con quién no ha tocado o grabado. Tras su paso por algunos de los proyectos más relevantes de la escena del jazz de las últimas cuatro décadas, comienza a producir y realizar sus propios proyectos, presentando en esta edición del festival de jazz New Standards Volumen I, un disco realizado en 2022, para el que ha contado en esta ocasión con el pianista Aaron Parks, el contrabajista Mats Sandahl, la trompetista oscense Milena Casado y la danza y la poesía de Christiana Hunte.
En base a un repertorio de compositoras del mundo del jazz como Gerri Allen, Gretchen Parlato, Carla Bley y Alice Coltrane entre otras y que tiene la proyección de llegar a incluir en sus trabajos futuros hasta 101 temas, generaron un clima de cierta tranquilidad el polideportivo a través de una música sin aristas en las que la veterana baterista dio muestras de una gran solvencia y madurez musical. Cuando llevas siendo una gran virtuosa desde hace tantísimo tiempo, ya sin nada que demostrar, puedes dedicarte a tocar sin presión alguna, dando a cada momento la presión necesaria, sin prisa, sin ansiedad y repartiendo juego. De esta manera, dirigiendo y mirando con cierta complacencia el desarrollo de los solos de los demás miembros, las improvisaciones de la joven bailarina en dúos con el piano de Aaron Parks, siempre inspirado y evocador pianista, y los golpes de trompeta sutiles y controlados, delicados de la muy especial Milena Casado fueron transitando temas como Black Beauty, Circling y Unconditional Love entre otros con arreglos originales pero sin estridencias ni excentricidades. En definitiva, un concierto para degustar relajadamente en una calurosa noche de jazz en la capital alavesa.

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