Aritz INTXUSTA

Tafalla despierta tras la catástrofe

La ciudad del Zidakos fue devorada el lunes por su propio río. El Gobierno impulsa la declaración de «zona catastrófica» para intentar paliar unos daños todavía incalculables. El agua reventó carreteras y ha dejado pequeñas poblaciones aisladas. El único fallecido pereció en la vertiente de Zangozaldea.

El luto acabó golpeando Atarrabia por sorpresa. El único muerto por las terribles tormentas del lunes es un joven de 25 años de esa localidad, aunque ya no vivía allá. Falleció cuando volvía para su casa en el pueblo okupa de Gardalain, una población del viejo valle de Sabaiza, perdido en un mar de pinares. Todo el valle se deshabitó hace décadas. El joven trabajaba en Elorz. El río que se lo llevó ni siquiera es un río, es más una torrentera. Se le conoce como el Barranco de Gardalain. Cuando llueve, por ahí baja el agua de la sierra de Izko, justo en la divisoria. El agua que cae sobre esos montes puede fluir hacia Orbaibar (Tafallaldea) o para Sabaiza (del lado de Zangozaldea).

El joven llamó al 112 a eso de las 20.30, el agua le estaba arrastrando el coche con él dentro. Los servicios de Emergencia no pudieron llegar por las tormentas. Hubo dos. El caudal del barranco de Gardalain subió con la primera, luego remitió, y entonces llegó la segunda tormenta que lo desbordó. Al joven no se le pudo rescatar hasta ayer por la mañana. Logró salir del coche. El cuerpo apareció a cientos de metros del vehículo.

Sobre esa sierra y en los altos es donde se recogieron los mayores registros por metro cuadrado. En Lerga, por ejemplo, se alcanzaron los 168 litros. El agua corrió torrencialmente por el valle de Orbaibar, los riachuelos se desbordaron y tomaron la carretera de Sansoain. Fue toda esa agua la que rompió la N-121 cayendo desde el Este buscando el Zidakos. Pequeñas poblaciones de Orbaibar como Sansomain (en otra cuenca) quedaron aisladas por carretera.

El socavón de la N-121 es tan grande que tardarán entre uno y dos meses en reparar la general. Es un drama para las localidades cercanas, que viven en relación con Tafalla (ahí están los centros comerciales, industria, Urgencias...). Ahora hay que dar vueltas de decenas de kilómetros para llegar a esos servicios. El Gobierno ha anunciado la gratuidad del peaje de Imarkoain. Es un parche. No basta. Para trayectos de 8 kilómetros ahora hay que recorrer casi 40, y pasar por Iruñea o Artaxoa.

El Zidakos llevó todos esos litros río abajo, hasta Tafalla, afectando en su camino a la vía del tren (Adif ha realizado cambios en sus servicios debido a los daños) invernaderos y huertos. Lo primero que encontró al llegar a Tafalla fue el polígono de los supermercados. Reventó los tres. Lidl y Mercadona prohibieron hablar a sus trabajadores. En Eroski, Cristina Gaínza explicaba que más de cien cooperativistas se habían juntado para achicar agua y rescatar mercancías. «Intentamos abrir cuanto antes. ¿Qué vamos a hacer?».

La zona estaba llena de curiosos y periodistas. También familias migrantes pobres han aparecido preguntándose con quién habría que hablar para quedarse con los alimentos que ya no se pueden vender. Al otro lado del polígono y más cerca del río, el taller Rufino Ojer está en una situación de ruina absoluta. Allá trabajan 20 personas. No saben si podrán continuar. Alejandro, hijo del dueño, quiere arrearle a alguien con la pala. Su tío intenta calmarlo. «Por lo menos seis tractores y dos furgonetas han acabado en el río», detalla. Cada uno de esos tractores vale más de 200.000 euros. Y eso sin contar los recambios y demás material que guardaban en el taller anegado.

Ayuda para paliar el daño

En aquel polígono se vivieron situaciones de auténtico pánico. Trabajadoras se subieron a techos de edificios a la espera de que las rescataran, cosa que no sucedió hasta la medianoche en algunos de los casos. Decenas de personas tuvieron que dejar el coche allá y confiar en la suerte para que el río lo dejara en su sitio. También hubo un conato de rescate a nado de tres mujeres en la zona de las huertas. El parque de bomberos de la localidad también realizó numerosos rescates con sus camiones. El Gobierno movilizó absolutamente todos los medios que tenía. Bajaron a ayudar de prácticamente todos los parques.

El acceso al centro de Tafalla estaba cortado por la mañana. Las máquinas excavadoras y los camiones cisterna trataban de quitar el lodo y desaguar las calles del centro. Lo peor se lo llevaron las calles de la parte que va del río a la estación de tren. Ahí es donde se encontraban los vehículos montados unos encima de otros.

Habida cuenta del destrozo, parece imposible que el único muerto de las lluvias torrenciales fuera el de Sabaiza. «El agua se llevaba a los coches como si fueran bolsas de palomitas», relata Idoia, recordando los vídeos que corrieron primero por los móviles y que han acabado en todas las televisiones, también en las extranjeras. Algunos de esos vehículos tenían luces y parabrisas encendidas. Hacían temer lo peor. «Es un milagro».

Por la mañana, se producía también la reunión más importante de todas. Uxue Barkos y los máximos responsables del Gobierno de Nafarroa se reunían con el alcalde de Tafalla, Jesus Arrizubieta, y otros responsables locales de Erriberri, Orbaibar y demás localidades afectadas. Barkos peleará por que las zonas afectadas adquieran la condición de «zona catastrófica». En la práctica, esto se traduce en ayudas económicas para paliar los daños. También afecta a quién pondrá el dinero (Nafarroa, el Estado, Europa...). Los daños son cuantiosísimos, aunque la fase de evaluación es todavía muy temprana. Arquitectos estuvieron verificando el estado de los edificios de la ribera del Zidakos y mostraron preocupación por los daños estructurales de algunos de ellos en concreto tanto en Tafalla como en Erriberri, que se encuentra cuatro kilómetros más al sur siguiendo el curso del Zidakos.

La gravedad de lo sucedido es tal que ha habido reacciones del presidente y el rey españoles. EH Bildu ha metido ya una petición y una batería de preguntas para urgir en el Congreso para que se tomen medidas.

Los seguros serán la clave. Un trabajador de Mapfre recorría ayer los portales de sus clientes. «Son clientes particulares con seguros de coche y de vivienda», explica. Los que más crudo lo tienen de no activarse ayudas son los autónomos y los pequeños comercios de los bajos. A los labradores (es zona cerealista) también les afecta, pero suelen estar mejor cubiertos.

El alcalde de Tafalla, tras una noche de pesadilla pensando que quizás hubiera habido vecinos atrapados en los coches por el torrente que recorrió el corazón de la ciudad, aseguraba ayer que «la naturaleza ha disparado el agua a cañonazos». Lo cierto es que el Aemet no supo prever lo que se avecinaba. La primera alerta fue amarilla (15 litros por metro), luego naranja (hasta 40 litros). Finalmente, en Tafalla cayó más del triple de lo previsto y en la sierra, el cuádruple.

El Zidakos es un río mediterráneo, lo que significa que es habitual que en verano se seque. A pesar de ello, su cauce es de gran dimensión, porque con los deshielos sí trae agua en abundancia. A las 17.40 del lunes, en Erriberri, su caudal era de solo 11 centímetros. Lo justo, cubría el tobillo. Tres horas después, superó los cuatro metros. Ayer traía el agua turbia, pero el cauce era otra vez inofensivo. Parecía imposible que ese río hubiera causado tanto daño.