Entre dioses y fascistas

Desde que autores como Alan Moore y Frank Miller decidieron introducir a los superhéroes en las consultas de los siquiatras, el universo de esta especie comiquera varió por completo y lo que un día fue diversión y evasión para los lectores que disfrutaban con personajes imposibles embarcados en cruzadas benefactoras para la humanidad, se transformó en un oscuro microcosmo en el que resultaba difícil diferenciar al héroe del villano. Quizás, la mayor pega a esta variante sea la de otorgar una seriedad y ampulosidad supraterrenal a justicieros engalanados con máscaras, pero esa misma pega se ha convertido en virtud para multitud de seguidores que disfrutan con esta versión lúgubre y nada festiva. “Batman v. Superman” tiene la virtud de retornar al medio cinematográfico a su primer hábitat, una barraca de feria, y apuesta por transformar la pantalla en un territorio que quiere contentar a partes iguales a quienes quieren saber más acerca del lado oscuro de los superhéroes y los que buscan un espectáculo de fuegos de artificio. Dividida en dos partes, en la primera topamos con una ampulosidad siniestra en la que Superman parece Dios reencarnado en mallas azules y Batman asume abiertamente lo que siempre hemos intuido en su conducta de constante justiciero moralista, un fascista con máscara. Teniendo estos mimbres, Zack Snyder muestra su versión más lindante al dibujante y guionista de cómics Frank Miller para orquestar una obra tan aparatosa como efectiva y en la que, a pesar de las injustas críticas que ha recibido, Ben Affleck acierta de pleno a la hora de componer su rol de vengador de Gotham City. La segunda parte del filme entra de lleno en los arquetipos habituales que siempre acompañan a estas producciones e impera el protagonismo de los efectos digitales en un duelo de dioses que no es tal y al que sólo le falta el acompañamiento musical de Wagner.

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