Amezaga: «Quiero pensar que Josu y Jualma eran artesanos de la música»
J. Crisóstomo Amezaga y Anjel Landa son los autores de «La mejor banda del mundo», en referencia a Eskorbuto, uno de los grupos que más bibliografía alberga. No obstante, la propuesta que ofrecen Amezaga y Landa dista mucho de todo lo escrito sobre el trío, ya que se opta por un relato novelado donde se mezcla realidad y ficción.

Iñigo Cobo prepara documental sobre Eskorbuto y Aitor Gutiérrez tiene bastante cerrado el guión y perfiles del trío para lo que va a ser una película. Mientras tanto, las teclas siguen calientes alrededor de la banda y animando a escritores e inquietos a repasar la historia de Josu Jualma y Pako, aunque sean los dos primeros, en general, los únicos personajes objeto de deseo.
Contar de nuevo su historia quizá no tendría mucho sentido después de los numerosos y serios compendios que se han escrito, así que la apuesta de Amezaga y Landa en “La mejor banda del mundo» no es reiterar la agitada vida de Josu, en especial, y Jualma, ya bastante conocida, sino revestirla y recrearla desde un punto de vista literario. De esta forma, la narración discurre contando las vivencias de un supuesto fan de la banda llegado desde México. Capítulos en negrita y otros normales, orientan sobre la trama.
Los hechos que se narran parten de escritos de Josu, muy dado a recrear su historia, pensamientos e intenciones, pero su tosquedad y evidencias se recrean en el libro desde la reflexión, la evocación y el buen gusto tanto escribiendo como ficcionando. Realidad y reverso se unen en “La mejor banda del mundo”.
El punto común de Amezaga con Eskorbuto nace desde las relaciones artístico laborales, ya que este es uno de los fundadores de Discos Suicidas, el sello que les editó parte de su discografía.
«Sí, básicamente, les conozco por el aspecto laboral» –recuerda Amezaga–. «El comienzo es la imposibilidad del grupo de cerrar con una compañía la proyección de su música. Después de dos grabaciones sin mucho éxito, se centran en un nuevo trabajo. Mucho más creativo, resultado de los golpes que reciben desde las otras compañías. Querían libertad, y desde nuestra discográfica se les ofrece, sin cuestionarles su parte artística. Como jóvenes nos movía llevar la lucha hacia adelante. Y el no tener miedo a los retos».
Señala Amezaga que el primer trabajo en Discos Suicidas fue “Anti Todo”. «Y es en él donde la energía fluye por todos los costados, dando una dimensión nunca igualada para nuestro catálogo». Respecto a la conflictividad del grupos el autor matiza que Eskorbuto no eran especialmente complicados. «Ellos lo hacían casi todo. Se organizaban muy bien como grupo. Iban preparados, más incluso que otras bandas de nuestro sello. Cuando a la gente le gusta lo que hace un grupo –como es en el caso de Eskorbuto– y lo viven con gran dimensión, el resultado es fenomenal. Yo quiero entender que Josu y Jualma eran unos artesanos de la música. Y el ver que todo tiene su explicación, y su origen, los engrandece».
Con Discos Suicidas Eskorbuto graba una parte importante de su discografía; entre las referencias más notables el considerado y atemporal “Anti todo” y la singular casete/fancine “Ya no quedan más cojones... Eskorbuto al Parlamento”. «A mí –advierte Amezaga– el que más me motiva es ‘Ya no quedan más cojones...’ Desde el planteamiento, y el origen del proyecto estuve allí buscando realizar el sueño de que unos chicos se presentasen a las elecciones. La maquetación del fancine la realizamos entre Jesús Maria Pozo y yo. Por mi parte ya había maquetado algún número de la revista “Muskaria”, pero esto fue distinto, resultó un trabajo histórico», quien no olvida la popularidad de la t invertida, unida desde entonces a la historia de la banda, y su complejidad: «Fue complicado de complacer al diseñador de la portada, por tumbar las t. En aquellos años trabajábamos con una IBM composer, y el efecto de la t hubo de picarse directamente, artesanalmente, y a pulso».
Afecto y alivio
«No te engaño que fue mucho mas fácil cuando abandonaron Discos Suicidas. Josu y Jualma eran tal para cual. Se complementaban, uno siempre trabajaba la parte política, Josu, y Jualma trabajaba la parte física. El batería no se acercaba con ellos a las oficinas, iba desde siempre por independiente.
Entre las numerosas peripecias que se pueden recordar de la pareja Jualma/Josu, Crisóstomo recuerda un día en el que a Jualma y a Josu les teníamos que adelantar parte de los royalties, en ese caso porque querían comprar algunas cuerdas de su guitarra. «Quedamos sobre las 11.00 en el bar Puente Colgante de Areeta. Y desde las 09.00 me llamaban desde una cabina para saber por qué no llegaba. Cuando lo hice, sobre las 10.30, el bar se vació de clientes por las discusiones que tenían con el barman. Nada grave, era por la queja de su forma de vestir. Cuando salimos el dueño insistió en que no quería volver a verlos».
«Al respecto –rememora de nuevo Amezaga–, el otro día me recordaba un amigo como en las Siete Calles me perseguían Jualma y Iosu para pedirme dinero, porque estaban sin blanca y querían seguir tomando cervezas. Me vieron por casualidad. Yo, que estaba de fiesta, entraba en los bares por una puerta y salía por otra, pero al estar al acecho, al final n me pude zafar de ellos, así que recaudé con los de mi cuadrilla unas 150 pesetas y se las ‘presté’. Solo así me dejaron seguir tranquilo».
Fechorías de estas, si acaso de bajo nivel, nunca se encontraba su tercer miembro, Pako Galán, en general apartado de la vida “clandestina” de la pareja y de la oficial, pues no era parte de las negociaciones de discos ni contratos. «Es que Paco, para Jualma y Iosu, no era lo que diríamos hoy un 100% eskorbutiano. En las memorias escribe Iosu que Galán se ponía todos los días a la entrada del local de ensayo. Siempre le decían que no, que ya tenían un batería. Al final, por insistencia, y por lo buen batería que era, le aceptaron. Pero eran bastante diferentes».
«Jualma y Iosu vivían y quemaban las horas a toda velocidad. En cambio, para Paco una de las metas era ahorrar. Iosu siempre me contaba que de los conciertos se rifaban a los chinos las ganancias, aunque no siempre. Que cuando a Jualma y a Iosu les daba por ganar, se lo gastaban los tres entre cenas... y cerveza. Pero si el que ganaba era Paco, tenían que regresar a casa, porque no invitaba. Y eso que él trabajaba y los otros dos no».
El porqué llega ahora, "La mejor banda del mundo" Amezaga lo resume básicamente por el deseo de relatar los hechos por gente que vivió aquellos años y que, en parte, compartió con ellos experiencias de forma directa. «Se trataba de contar la historia, relatada por los que convivimos en ella. Quitando el libro ‘Flores en la basura’, de Roberto Moso, me extrañaba ver libros hechos y confeccionados desde artículos de prensa por gente que no había nacido en esos años o que por su edad eran muy pequeños. Tanto Anjel Landa como yo nos hemos alejado de los conciertos, eso es para los críticos de música, hemos preferido centramos en las personas, con todas sus consecuencias. Y desde este punto de vista surge una novela que vive esos años desde la perspectiva actual».
Una novela que la dupla de autores escriben con riqueza de lenguaje, expresividad y hasta cierto tono poético. Que nos presenta reflexiones de Josu Expósito –es el gran protagonista– como si estuviese viendo su pasado con ellos, con el propio relato y sin tener que recurrir a sus frases lapidarias tantas veces manoseadas.
Desde un guion de cine
«Esta historia se empieza a escribir hace veinticinco años como un guion cinematográfico. Peleamos mucho porque saliera adelante, pero se quedó en los cajones. Y tanto Anjel como yo trabajamos guiones de cine y de teatro. Próximamente estrenamos un corto, ‘Crónica 25’, guion poético critico con la explotación sin sentido de unos periodistas. La novela abre la puerta y no la cierra para los que no siguen el punk. Por otro lado, y retomando a Eskorbuto, existe un relato que tiene que llegar a los seguidores de la banda en América. No podemos hacer la historia creyendo que todo el mundo la conoce. No somos el ombligo del mundo. Y los personajes de esta novela cuentan vivencias de sus raíces. Enseñándonos otras culturas y que, en parte, nos tienen respeto y admiración por haber convivido con “La mejor banda del mundo" y que para muchos de ellos también lo es».
Respecto a la forma de enfocar el libro Amezaga explica: «En los capítulos pares entramos en el sueño, en una viñeta ponemos los textos con puntitos en el globo texto, y se nos ocurrió darle esa tipografía, para referirnos al pasado, a la otra historia. “La mejor banda del mundo" es una cremallera donde juntamos capítulos pares e impares. En cada capitulo ponemos los títulos de los temas de Eskorbuto con el que se hace el relato de la historia. Un chico desde los catorce años, disfruta de la lectura de este libro, por su temática, y por su contenido, Y un veterano lo disfruta desde el relato».
Amezaga profundiza aún más en la forma de lectura: «Hay tres maneras de leer nuestro libro. Leer los impares, olvidándose de los pares. En donde recogemos la labor periodística de recolectar datos. La segunda se centraría solo en la historia de Eskorbuto leyendo los capitulos pares. Y la tercera leyendo impares y pares, dejando a la mente desconectar entre capitulo y capitulo.
Antecedentes literarios
Crisóstomo Amezaga es hijo de Elías Amezaga, prolijo autor de obras de teatro, ensayo y múltiples biografías, fallecido hace justamente diez años. Para Amezaga lo que escribía su aita era «muy serio». Y matiza: «Mi ama, María de Carmen Asensio era la que mejor escribía en casa. Por lo que me siento con la herencia creativa, el gen de ella. Los dos se conocieron en el teatro, pero en aquellos años ella se aplacaba frente a él».
Anjel Landa, la otra parte del libro, tiene editado un reciente libro, "El negoció oscuro de algunas ONG vascas", un ensayo de investigación. También cuenta en internet con un par de novelas de ficción. Asimismo ha escrito numerosos guiones. A ambos les une el conocimiento que tienen de la cultura Mexicana. Discos Suicidas tuvo en México oficinas durante un largo periodo de tiempo y país donde Eskorbuto eran y son muy apreciados, por lo que el libro también tiene salida en Norteamérica.
«México para Discos Suicidas no es un error. Arriesgamos y dimos a conocer bandas vascas en aquel mercado. Perdimos dinero sí, pero los frutos se ven en el día de hoy, con un mercado que conoce nuestra música, Y donde los grupos editados allí, como Dr. Deseo, Reincidentes, Eukz, tienen conciertos casi todos los años. Fue una semilla, costosa, pero fructífera», aclara Amezaga, quien matiza: «A mí me parece que el seguidor punk mexicano adora a la banda de Santurtzi, porque puede escuchar lo que a ellos no les dejan decir aunque lo piensen. Eskorbuto encarnan en México su realidad cotidiana.
Iosu era desde soñador a rebelde sin causa, Jualma, por contra, era mucho más práctico: «En los enfrentamientos dentro de la banda, el voto que definía lo que se haría era el de Jualma. Para mí Iosu tenia muy claras las ideas. Y te las sabía exponer con todo detalle. Igual Jualma era el mejor peón, pues se ponía sin rechistar a ejecutarlas».

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