M. I.
DONOSTIA

Jaime Caballero nada 25 horas seguidas en favor de las personas con ELA

El nadador donostiarra Jaime Caballero cumplió ayer su reto solidario: nadar durante 25 horas sin cesar para recaudar fondos y ayudar en la investigación contra la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA). Partió a las 12.30 de la víspera desde el Náutico y llegó a las 13.30 de ayer a la playa de la Concha.

Allí le esperaban, a la altura de los relojes, numerosos bañistas, fans que no dejaban de aplaudir al presenciar el final exitoso de semejante hazaña. La gente le vio dar las últimas brazadas al lado de una pequeña embarcación que llevaba una bandera blanca. En el tramo que iba desde el agua hasta la meta del club deportivo Fortuna se formó un pasillo de personas que le dieron la bienvenida. «No va a venir», empezaron a comentar y la gente corrió hacia el agua. Pero Caballero sí que podía caminar.

Se fue directo a donde las personas con ELA, unas en la arena, otras arriba en el paseo. La gente le felicitaba y él respondía así: «La felicitación se la merecen los afectados por ELA, no yo. Mi mayor aplauso es para ellos», manifestó.

Explicó que antes de comenzar le parecía «la travesía más fácil», pero que ha sido una de las más complicadas que ha realizado por la bajada de azúcar y el frío. «Pero gracias a mi equipo he superado la prueba. Quiero decir también que Karlos Argiñano es una de las personas más amables. No nos ha quitado ojo», dijo del cocinero que le apoyó en la prueba.

A punto de rendirse

Contó que el momento más crítico fue hacia las 06.30 cuando le dio un bajón de azúcar. «He estado a punto de dejarlo. Pero me he acordado de los afectados y gracias a los ánimos y a la ayuda lo he conseguido. El mar también estaba revuelto y hemos cambiado los planes. No hemos salido de la bahía de La Concha», indicó el nadador que conservaba el ánimo para hablar y abrazar.

Los bañistas se extrañaban de lo bien que se le veía, de la fuerza que mostraba. Había pasado un día y una noche enteras sin cesar de nadar, sin ninguna ayuda externa de neopreno, aletas, botella de oxígeno o cualquier otro tipo de equipamiento.

En cuanto a la alimentación, bebió agua cada media hora, comió hidratos de carbono cada hora, «a veces sólido a través de pasteles y a veces líquidos», y un plátano cada dos horas.