2019/05/24

Alvaro Reizabal
Abogado
La patata caliente
La cosa se ha complicado estos días con los electos, su toma de posesión, las formulas utilizadas para ella y la suspensión de sus cargos

El juicio del Procés sigue generando quebraderos de cabeza al Estado. A la parcialidad manifiesta en el trato que se está dispensando a los testigos de las acusaciones y de la defensa, por parte del Tribunal y, particularmente por su presidente, se añade ahora el problema de la suspensión de los políticos catalanes que resultaron elegidos.

Esa diferencia en el trato a los testigos, según sea el bando que los propone y, especialmente, su profesión y adscripción política es manifiesta. Guante blanco para los de la acusación, especialmente si se trata de policías o guardias civiles, y mano de hierro para los de las defensas, a quienes cortan continuamente su declaración, diciendo sobre que pueden hablar y sobre que no, interrupciones que se extienden también a los abogados. La cuestión no es baladí, porque cualquier testigo interrumpido continuamente, acaba descentrado y sin saber qué decir y sin poder transmitir lo que vio y percibió. Así que el discurrir del proceso, va evidenciando los déficits de imparcialidad, pese a que se trate de aparentar que se están respetando todas las garantías.

La cosa se ha complicado estos días con los electos, su toma de posesión, las formulas utilizadas para ella y la suspensión de sus cargos, que anunciaban como automática, pero que no va a serlo tanto. El Supremo en hábil pirueta decidió que fueran las Cámaras las que les suspendieran, aplicando sus respectivos reglamentos. Se quitaban de encima la patata caliente, pues es dudosa la posibilidad de aplicarles el art. 384 bis de la LECr cuando llevan ya un año procesados y, además, entiendo, porque que la suspensión la acuerde el TS, puede afectar a su imparcialidad en un tema tan delicado y que afecta a las mayorías. La presidenta del Congreso ha devuelto el tubérculo al TS, y el uno por el otro la casa sin barrer.

Entre tanto el asunto se dilata, y los fachas de diferentes pelajes compiten entre ellos exigiendo soluciones tajantes. Un desvarío. Solo les falta que el domingo Puigdemont resulte elegido parlamentario europeo.