Koldo LANDALUZE
CRÍTICA «Primavera en Beechwood»

La soledad y el dolor

El apabullante éxito que cosechó la serie británica “Arriba y abajo” en los 70 provocó una oleada de variantes –incluso un spin off titulado “Thomas and Sarah”– que han llegado hasta nuestros días y que tiene en la no menos célebre “Downton Abbey” su mayor exponente, llegando incluso a ser modelo de imitación para otros títulos de corte similar.

En este rango entra esta adaptación de la novela de Graham Swift que incide en los detalles que suelen buscar los seguidores de este tipo de producciones y tan bien se le dan a las producciones británicas: una ambientación impecable, un reparto que cumple con creces con sus roles respectivos, ya sean criados o señores, y una trama que vuelve a bifurcar su interés en quienes habitan la parte superior de la mansión y los que ocupan la parte de abajo.

En esta oportunidad, ambos territorios se entrecruzan a partir de la fugaz relación que compartiendo una joven criada y el joven heredero que habita una mansión vecina. En mitad de esta relación, a todas luces tan inapropiada como imposible, topamos con las vidas apagadas de un matrimonio acaudalado que vio morir a sus hijos en la Primera Guerra Mundial.

En su lujosa mansión enclavada en la campiña, dicha pareja se prepara para celebrar el Día de la Madre y, de paso, anunciar el compromiso del hijo de sus vecinos con una joven de clase acomodada.

Desglosada en tres etapas vitales de la joven criada, la película calibra con acierto las emociones de los personajes dentro de su cuidado envoltorio, capta con acierto las dos esencias del argumento –la soledad y el dolor– y, sobre todo, saca todo el rédito posible a un excelente reparto que incluye a intérpretes tan solventes como Olivia Colman y Colin Firth –en los roles del matrimonio–, la veterana Glenda Jackson, mientras que Odessa Young y Josh O’Connor dan vida a la joven pareja de amantes.