La sed se suma a la hambruna y agrava la situación de los gazatíes

Bajo un sol abrasador, palestinos agotados y hambrientos recorren cada día kilómetros a pie en busca de agua, a menudo salobre o contaminada, un problema que ya existía antes de la ofensiva sionista, pero que la estrategia israelí de cese del suministro, devastacción y bloqueo a la entrada de ayuda ha agravado enormemente, según organizaciones humanitarias y autoridades.
«A veces siento que mi cuerpo se seca por dentro. La sed me roba toda la energía, y también a mis hijos», dice Um Nidal Abu Nahl, madre de cuatro hijos que vive en Ciudad de Gaza.
El 80% de las infraestructuras relacionadas con el agua han ido destruidas o dañadas por Israel y los gazatíes solo pueden contar con suministros aleatorios, como un camión cisterna o un grifo instalado por una ONG en medio de un campamento.
Al comienzo de la ofensiva, en octubre de 2023, el régimen sionista cortó el suministro. Más tarde reconectó la red palestina del norte de la Franja al sistema de distribución de agua de la empresa israelí Mekorot.
Sin embargo, los habitantes aseguran a AFP que el agua no sale de los grifos. Según las autoridades locales, es consecuencia de los bombardeos.
La red de pozos que abastecía a parte de la población antes del 7-O también está dañada. Algunos están contaminados por aguas residuales o basura, y otros son inaccesibles al estar en zonas de combate o en instalaciones militares israelíes.
En todo el territorio solo hay una planta desalinizadora, que la semana pasada volvió a funcionar gracias al suministro de electricidad desde Israel.
Según Asem al-Nabih, portavoz de la municipalidad de Ciudad de Gaza, más del 75% de los pozos principales están fuera de servicio y el 85% del material para hacer obras está destruido.
Además, hay 100.000 metros de tuberías de agua dañadas y 200.000 metros de redes de alcantarillado inutilizables, numerosas estaciones de bombeo y tratamiento de agua están detenidas, y hay 250.000 toneladas de residuos acumulados en la ciudad.
Al-Nabih admite la incapacidad de responder a las necesidades, por falta de equipamiento.
UNA CRISIS MENOS MEDIÁTICA, PERO MORTAL
«Las aguas residuales inundan las zonas donde vive la gente», apunta Mohamed Abu Sukhayla desde Jabalia. «Vivimos literalmente en medio de catástrofes sanitarias», agrega.
Cientos de miles de personas intentan recuperar el agua subterránea de los pozos pero como Gaza está junto al mar, su acuífero es salobre, y el agua extraída supera los niveles aceptables de salinidad, con los riesgos que conlleva para la salud.
La crisis del agua es menos mediática que la del hambre pero igual de mortal, en una región con recursos hídricos escasos donde el acceso al agua es un problema geopolítico de primera magnitud.
«El agua, como los alimentos, nunca debe usarse con fines políticos», dice Rosalia Bollen, de Unicef, y apunta que es muy difícil medir la sed que sufren los 2,4 millones de habitantes de la Franja. «Hace un calor terrible, las enfermedades se propagan y el agua es un tema del que no hablamos lo suficiente», asegura.
Mahmud Deeb, de 35 años, reconoce que el agua que encuentra en Ciudad de Gaza suele ser no apta para el consumo. «Sabemos que está contaminada, pero ¿qué podemos hacer?», pregunta.

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