«Me diseñaron para soportar estoicamente cualquier tipo de jarana»
Aste Nagusia de Bilbo llega este domingo a su fin, y hemos tenido la oportunidad de hablar con su principal protagonista: Marijaia. Esta noche recorrerá la Ría para poner punto final a «las mejores del brazo de Orión».

Si Aste Nagusia tiene una protagonista, esa es Marijaia. La diosa de la fiesta recorre las abarrotadas calles de Bilbo arriba y abajo durante nueve días, siempre con una sonrisa en el rostro. Su alma dicharachera le impide tener un no para cualquiera que se le acerque, ya sea a pedirle una foto o simplemente a saludarla. Tampoco a nosotros nos ha negado esta entrevista.
Primero de todo, agradecerle que haya encontrado un hueco en su apretada agenda para atendernos. Imagino que andará muy ajetreada.
¡No lo sabes tú bien! Que si «Marijaia, ven a nuestra txosna», «Marijaia, ponte a bailar», «Marijaia, una selfie, por favor»… Pero no me quejo, ¿eh? Me encanta estar rodeada de gente y a todos los recibo con la misma sonrisa.
Misma sonrisa y mismo estilo. Su conjunto nunca pasa de moda.
Como decía mi aitite: «Si no está roto, no lo cambies». Además, que yo me siento muy cómoda así, es lo que llevaba por las faldas del Gorbea antes de venir a la gran ciudad.
Una ciudad que, pasados 47 años desde aquella primera Aste Nagusia, ha cambiado mucho. ¿Qué es lo que más le llama la atención de los nuevos tiempos?
Antes todo era más familiar, nos conocíamos todos y la fiesta quedaba en casa. Ahora, cada vez hay más turistas y, ciertamente, me molesta un poco. ¡Algunos ni siquiera saben quién soy! «What is this kind of puppet? It’s so funny», les oigo decir. Y no es que me lo tenga creído, pero vamos a ver, empaparse un poco de la cultura local antes de viajar no le hace daño a nadie. Son cosas a las que nos tenemos que acostumbrar: el precio a pagar por tener las mejores fiestas del brazo de Orión.
Suele llevar los mofletes muy rosados. ¿Se puede saber qué toma para aguantar tan estoicamente los nueve días de fiestas?
Mi aguante es plenamente genético. Me diseñaron para soportar estoicamente cualquier tipo de jarana a lo largo de 9 días, 15 o 30. No hace falta beber para pasarlo en grande, y mucho menos en Aste Nagusia. Eso sí, he de confesar que, cuando nadie mira, algún marianito me hago bajar por los entresijos de mi estructura interna (sonríe pícaramente).
A estas alturas de la entrevista, puede relajarse y bajar los brazos, si quiere. No los ha dejado descansar en toda la semana.
Muchas gracias, pero estoy bien así. Voy con los brazos levantados para que mis admiradores se me acerquen y puedan estar cerca de mí, como aquellos que van por la calle repartiendo «abrazos gratis». Imagínete que los llevara dispuestos en jarra o cruzados en el pecho: parecería una señora borde y gruñona, sin ser yo nada de eso.
¿Cómo es posible estar tan desinhibida a sabiendas de que, esta noche, la van a quemar?
Que me van a que… ¡¿Qué?!
Le van a prender fuego… Pensaba que estaba al corriente de ello.
A ver, es cierto que podría hacer un diario detallado de todas las Aste Nagusia en las que he estado, pero, casualmente, del último día solo recuerdo un tranquilo viaje por la Ría. Después, la mente se me nubla entre extrañas visiones donde todo aparece rodeado de humo, aunque siempre lo había atribuido a los excesos en la ingesta de marianitos.
Esto se ha vuelto un poco incómodo, no quería yo aguarle la fiesta de esta manera. ¿Algo que decir antes de despedir esta Aste Nagusia?
Que me lo he pasado muy bien y que, el año que viene, renaceré de mis cenizas como el ave Txantxangorri.

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